Las razones detrás del aumento de suicidios en Medellín

Las razones detrás del aumento de suicidios en Medellín

Durante los últimos cuatro años, la ciudad no pudo cumplir su meta de reducir la conducta suicida.

Foto ilustración sobre el sucidio

Una información de suicidio produce efecto sobre quién está planeando hacerlo o si tiene baja autoestima, dice experto.

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Foto ilustración/Jospal/

Por: Jacobo Betancur Peláez 
12 de enero 2020 , 11:00 a.m.

La conducta suicida en Medellín viene incrementándose de forma sostenida durante los últimos años. Según cálculos de la Secretaría de Salud de Medellín, entre 2014 y 2019 la tasa de mortalidad por suicidio pasó de 4,7 a 6,4 por cada 100.000 habitantes. Con corte al 31 de octubre del 2019, el sistema de vigilancia epidemiológica reportó 1.907 intentos de suicidio que equivale a un promedio de 6 intentos cada día.

Según muestran esas cifras, el principal factor desencadenante de los intentos fueron los conflictos de pareja y los problemas económicos. Sin embargo, al menos en el 43,8 por ciento de los casos reportados en el 2018 se comprobaron antecedentes de trastornos siquiátricos, de los cuales el 89,9 por ciento correspondió al depresivo y el 13,5 por ciento al bipolar.

La estrecha relación del suicidio con los trastornos mentales ha generado que el problema sea abordado como un tema de salud pública. Mejorar la oferta de profesionales en salud mental, agilizar las rutas de atención y crear estrategias para que las personas encuentren ayuda antes de que sea tarde se proyectan como las tareas más importantes para combatir el problema.

Según coinciden los expertos, en Medellín este asunto tiene dos caras. Esto porque a pesar de que la ciudad viene mejorando su oferta en salud mental, los pacientes todavía son víctimas de un sistema que obstaculiza su atención y las estrategias emprendidas por el gobierno local no dan los resultados esperados.

Por ejemplo, según reconoció la Alcaldía en su última rendición de cuentas, la ciudad no logró bajar a 5,0 la tasa de mortalidad por suicidios, tal como estaba contemplado en el Plan Municipal de Salud 2016 - 2019.

Según reconoció la Alcaldía, la ciudad no logró bajar a 5,0 la tasa de mortalidad por suicidios, tal como estaba contemplado en el Plan Municipal de Salud 2016 - 2019.

A la par del incremento de la tasa de suicidos, la prevalencia de los dos trastornos mentales más asociados a esa conducta también se incrementó durante la última década. Esto según datos de la última actualización del Estudio Poblacional de Salud Mental de Medellín.

La subsecretaría de Salud Pública de Medellín confirmó que mientras en el caso de la depresión mayor la prevalencia anual pasó de 4,1 por ciento en 2012 a 5,2 en 2019, en el caso del bipolar la tasa pasó 0,8 por ciento en 2012 a 1,0 por ciento en 2019.

Sandra Rueda, epidemióloga e integrante del Grupo de Investigación en Salud Mental de la Universidad de Antioquia, destaca tres obstáculos que impiden a los pacientes tener una atención adecuada: la escasa oferta de profesionales especializados, la falta de continuidad en la relación paciente-especialista y el corto alcance de las estrategias de prevención.

De acuerdo con datos del Registro Especial de Prestadores de Servicios de Salud, la oferta de camas de siquiatría para atender a toda la población de Medellín pasó de 127 camas en junio 2012 a 208 en junio de 2018.

Para este último periodo la ciudad tenía registrados 111 servicios de consulta externa de siquiatría y 429 de sicología.

Sin embargo, según explica Rueda, más allá de la reducida oferta, el problema se focaliza en la atención primaria, en donde los pacientes que requieren una intervención en crisis terminan siendo atendidos por personal que, sin tener una capacitación adecuada en salud mental, se ve obligado a resolver la situación.
Un problema que se suma a los largos tiempos que toman las remisiones a los especialistas.

L a oferta de camas de siquiatría, para atender a la población, pasó de 127 en junio 2012 a 208 en junio 2018

“Cuando un paciente llega a la atención básica las remisiones a los profesionales en salud mental son muy lentas y difíciles. Además, el sistema privilegia formas de contratación cortas que no permiten a los profesionales tener permanencia en un lugar. La falta de continuidad entre los especialistas y los pacientes hace que sea muy difícil generar una empatía”, agrega Rueda.

Además de estos obstáculos, en las estrategias de prevención también hay problemas. Desde 1998 el principal programa que tiene la ciudad para combatir el suicidio es la Línea Amiga Saludable, un teléfono en donde un equipo de especialistas interviene casos críticos e informa a los ciudadanos las rutas de atención.

El 24 de julio del año pasado, durante una sesión plenaria realizada en el Concejo de Medellín, varios corporados criticaron que esa línea pasara de atender las 24 horas en 2014 y tener una nómina de seis profesionales, a atender solo en horario de oficina y reducir su personal a tan solo tres especialistas.

En la subsecretaría de Salud argumentan que, pese a la reducción del personal, la línea viene fortaleciéndose con una inversión de 250 millones de pesos al año.

Priorizar el mejoramiento de la cobertura y aumentar el alcance de las estrategias de prevención se hacen necesarios para mostrarles a los pacientes que su vida puede mejorar sustancialmente

Así mismo, esa dependencia resaltó que uno de los hitos más importantes para el gobierno saliente fue lograr habilitar la primera unidad de atención en salud mental pública en la historia de la ciudad, ubicada en el corregimiento de San Cristóbal y emprender un nuevo programa para capacitar al personal médico en la atención de casos siquiátricos. Durante el último cuatrienio fueron invertidos un promedio de 8.000 millones de pesos al año en la estrategia de salud mental.

A la par de los vacíos en el sistema de salud, un problema en que coinciden todos los actores involucrados es la estigmatización que todavía hoy tienen los profesionales en salud mental y la falta de confianza que los pacientes tienen en su capacidad para ayudarlos a mejorar su vida.

Sin embargo, priorizar el mejoramiento de la cobertura y aumentar el alcance de las estrategias de prevención se hacen necesarios para mostrarles a los pacientes que su vida puede mejorar sustancialmente si deciden aceptar la ayuda de un profesional.

“El aumento de depresión y ansiedad hacen que sea necesario fortalecer los mecanismos disponibles para que las atenciones puedan ser integrales. Que desde lo económico, lo político, educativo y lo clínico encontremos la forma de confluencia en las acciones”, concluye Rueda.

Jacobo Betancur Peláez
Para EL TIEMPO
MEDELLÍN

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