‘Qué leo yo’, literatura a través del mundo virtual

‘Qué leo yo’, literatura a través del mundo virtual

Para algunos, la lectura es una experiencia compartida que existe en las redes sociales.

Alejandra Restrepo

Además de compartir experiencias en la virtualidad, Alejandra habla de libros con otros lectores en un club de lectura.

Foto:

Jaiver Nieto / EL TIEMPO

12 de marzo 2018 , 08:43 a.m.

Alejandra Restrepo no conoce la impaciencia. Esperando el bus, en la fila del banco, mientras llega el almuerzo. Nunca está sola: siempre la acompaña la lectura. Sentada en un café, con una luz tenue rozándole la cara, los ojos se le pierden entre las páginas de La Odisea.

“Soy una lectora omnívora”, dice cerrando el libro de golpe, acomodándose el pelo detrás de la oreja. Es publicista y su trabajo cotidiano dista de los espacios idóneos para la lectura, por lo mismo se las ingenia para aprovechar cada oportunidad.
Su pasión por las letras nació de la nada. El primer libro que tuvo en las manos fue El viejo y el mar, cuando tenía 9 años. Pero Hemingway no logró conquistarla sino hasta años después.

Su pasión por las letras nació de la nada. El primer libro que tuvo en las manos fue El viejo y el mar, cuando tenía 9 años. Pero Hemingway no logró conquistarla sino hasta años después.

De niña creció rodeada de los libros de su abuelo, un campesino del suroeste de Antioquia que los prestaba todos los días y por las noches los leía en la mesa. Los repetía una y mil veces. Su esposa, la abuela, no sabía leer.

Fue con la soledad desgarradora de un pueblo perdido y unas vacaciones eternas, cuando un libro la salvó por primera vez. Desde eso no dejó de leer nunca. Descubrió una cura contra el silencio. El mismo que venció gracias a la lectura cuando quedó desempleada, años después. Leer la curó. Se le olvidaron los males. La tristeza desapareció.

Con decenas de libros amontonados en un mueble y cientos de ideas, decidió recurrir al mundo digital para no olvidar lo que leía. Pensó en tomar fotos, publicarlas en un espacio privado, solo para ella. Hacer una biblioteca virtual.

Escogió Instagram, una red social atractiva en imágenes, pero llena de aficiones distintas a la lectura, a simple vista efímeras, banales. Por impulso abrió una cuenta. Pensó en un nombre rápido, simple: Qué leo yo.

No critico ningún género,
ni juzgo a las personas por lo que lean. Porque para mí los libros son gustos, momentos de la vida, situaciones particulares

La siguieron algunos familiares, hasta que foto tras foto fue ganando seguidores y consiguió los más de 12.900 lectores con los que comparte experiencias.

Alejandra publica todo lo que lee. Una foto atractiva del libro, una reseña corta, un pasaje, una frase, una reflexión. No todo es bueno. Los libros que no le gustan también los incluye. De todos saca algo bueno. Intenta vaciar la mente sobre las páginas. O llenarla.

Cuando llevaba un par de meses subiendo contenido, un seguidor le escribió un mensaje, le dijo que lo había motivado a leer, que conseguía cada ejemplar que recomendaba. Ese fue el impulso.

Solo entonces entendió que por medio de su propia experiencia estaba invitando a otros a leer, a invertir el tiempo en vez de malgastarlo como si no valiera nada.

Se convirtió en una figura virtual conocida como bookstagramer, una persona que compartiendo sus lecturas, pasa a ejercer una especie de rol del librero de antes. Ese que recomienda a partir del conocimiento personal y trata de descubrir los gustos de una persona, los intereses, la personalidad, para darle en el clavo, acercarlo a alguna obra que lo marque.

“Me preguntan qué pueden leer, qué les recomiendo”, dijo. Alejandra no se cataloga como una experta, pero sí como alguien capaz de ver valor en cualquier tipo de lectura. No está de acuerdo con la estigmatización de los lectores, ni con la de los géneros. Las grandes novelas contemporáneas le han servido tanto en la vida como los libros escritos por personas menos experimentadas. “No critico ningún género, ni juzgo a la gente por lo que lea. Son gustos, momentos de la vida, situaciones”, agregó.

Sus lecturas pasan por el gran García Márquez, las historias de Jane Austen, el encanto de Alessandro Barico, el feminismo de Chimamanda Ngozi Adichie. Para ella el placer de la lectura no radica en los clásicos, ni en el nombre de un escritor. Está en el gusto, en el aprendizaje.

El ejercicio de promover la lectura, sobre todo en un público joven, es una forma de acercarlo a un hábito sano y sumamente gratificante. Significa compartir conocimiento, conocer otras realidades, ver más allá.

La tecnología es solo el recurso con el que conoce a los desconocidos, con el que se comparten las historias.

La especialización en literatura que empezó, aunque no le generará mayores ingresos pues ese nunca ha sido el foco de su cuenta, le dará la alegría de poder ofrecerles mejor contenido y más recomendaciones a las personas que la siguen.


Valentina Vogt
Para EL TIEMPO
Medellín
valalb@eltiempo.com
@ValentinaVogt

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