El 'fantasma de Pablo Escobar' todavía mancha la imagen de Medellín

El 'fantasma de Pablo Escobar' todavía mancha la imagen de Medellín

A 27 años de su muerte, el debate sobre qué hacer con su figura permanece vigente en la ciudad.

Pablo

Aún hay personas en Medellín que recuerdan con agrado a Escobar, otros lo odian.

Foto:

Archivo/EFE

Por: Jacobo Betancur
02 de diciembre 2020 , 07:29 p. m.

Mientras caminaba por un centro comercial de Ankara, una ciudad de Turquía ubicada a más de 11.000 kilómetros de Bogotá, Fernando Panesso, exembajador de Colombia en ese país, se topó con una escena que le recordó la difícil tarea de combatir el legado de Pablo Escobar, casi tres décadas después de su muerte.

Denotando la figura de un audaz criminal y envuelto en un halo de misterio y fascinación, una gigantesca foto del abatido jefe del cartel de Medellín adornaba un almacén de esa ciudad, cuyo dueño había bautizado como Narcos, en honor a una de las series más famosas que han retratado su vida.

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Desde la década de 1990, al menos 18 documentales, 11 series y 5 películas han recreado la trayectoria de Escobar. Una fiebre que en las calles de Medellín ha sido complementada por el narcotour, una controversial tendencia turística cada vez más fuerte en esa ciudad y que no ha logrado ser contenida a pesar de los esfuerzos oficiales.

Concurrido por decenas de turistas extranjeros, y dirigido por un puñado de empresas legales e informales, el narcotour continúa generando afluencia en lugares como las ruinas de la antigua cárcel La Catedral, en Envigado; el Parque Inflexión, en donde se levantaba el desaparecido edificio Mónaco; y otros espacios como el polémico Museo Pablo Escobar. Este último administrado por Roberto Escobar, hermano del narcotraficante, en donde la iconografía asociada a su figura se ha materializado en pocillos, camisetas, llaveros y un amplio mural de dos pisos en donde un colorido boceto con el rostro del abatido capo emerge de un atardecer, con las palabras “plata o plomo”.

Este espacio, a pesar de ser clausurado por la Alcaldía de Medellín en el 2018, fue puesto de nuevo en funcionamiento y continúa exhibiendo algunas de las camionetas, motos y objetos que pertenecieron a Escobar. Además, ofrece paquetes turísticos para reconstruir su historia, con precios que van desde 115.000 hasta 1.300.000 pesos, según aparece en el portal TripAdvisor.

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Escobar

Obra Pablo Escobar muerto, de Fernando Botero.

Foto:

Archivo/El Tiempo

Veintisiete años después del 2 de diciembre de 1993, cuando Escobar fue abatido por el bloque de búsqueda mientras huía por el tejado de una casa del barrio Los Olivos, en el occidente de Medellín, el debate sobre su figura aún permanece más vigente que nunca.

“Lo que ocurrió en el país entre las décadas de 1980 y 1990 generó dos daños principales. Un daño en la imagen del país, pero otro, que yo creo es más grave, en la moral de nuestra sociedad. De un momento a otro encontramos un exceso de dinero que cambió los valores del trabajo y exaltó la ostentación, el lujo, el exceso”, plantea Panesso Serna, que, entre mayo de 1987 y agosto de 1988, se desempeñó como gobernador de Antioquia y experimentó la escalada violenta que emprendió el cartel de Medellín en su guerra contra el Estado.

En su condición de exdiplomático, Panesso Serna es enfático en criticar la forma en cómo el recuerdo de Escobar y el estereotipo del narcotraficante colombiano han sido reproducidos e incluso exaltados en muchas de las producciones audiovisuales de factura nacional. Todas ellas, señala, responsables de que la proyección internacional del país aún cargue con el lastre del narcotráfico y las nuevas generaciones aprendan de una narrativa llena de elementos asociados a la narcocultura.

En Medellín, una de las instituciones que por varios años ha luchado por combatir este tipo de manifestaciones ha sido el Museo Casa de la Memoria, creado en el 2006, con el objetivo de generar espacios de diálogo y rescatar la voz de las víctimas.

Jairo Herrán Vargas, director ese museo, concuerda con lo planteado por Panesso y señala que las representaciones que se han hecho sobre Escobar en el cine y la televisión han alterado en gran medida la historia real y muchas veces han reducido los procesos de violencia a una especie de apología que exalta el poder que en algún momento detentó Escobar.

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Parque

Se demolió el edificio Mónaco, destino obligado de los 'narcotours'. Ahora allí está el Parque Inflexión, que hace honor a las víctimas.

Foto:

Jaiver Nieto

Sin embargo, Herrán Vargas recuerda que gran parte de la fascinación y el tributo que despierta la imagen del narcotraficante también se relaciona con otra faceta que debe ser recordada y hace parte del mismo fenómeno.

Según plantea, las obras benéficas emprendidas por Escobar, como la construcción de las primeras 443 casas del barrio que lleva su nombre en Medellín, los escenarios deportivos que financió y la generosidad que tuvo con muchas personas, también deben entrar en la reflexión y no ser suprimidas.

“Ese tipo de cosas no se pueden mirar por separado, forman parte de una unidad. En las memorias hay que registrar lo que realmente ocurrió, a partir de los testimonios directos, las narrativas, pero también las historias de las víctimas”, señala Herrán Vargas.

Para Gregorio Henríquez, antropólogo experto en conflicto urbano, la dicotomía que plantea la figura de Escobar, entre recordar a las víctimas y exaltar su poder, es el resultado de una sociedad también partida a la mitad.

Según señala, más allá de reflexionar qué cara del relato debería tener más peso, la clave está en concebir su figura como algo que produjo el país. Como un personaje que terminó haciendo una radiografía nacional, al atraer un amplio sector de la política, el empresariado y la sociedad en general, que vio en el dinero un fin en sí mismo. Una fuente de éxito bajo la que no importaba escatimar los medios para conseguirla.

“La historia nos ha mostrado que con la muerte de Pablo Escobar no se suprimió esa mentalidad, sino que quedaron semillas. Él seguirá siendo un referente y no pasará un año sin que salgan libros, documentales y testimonios. Los jóvenes de las nuevas generaciones que no lo conocieron lo han visto a través de una narrativa que todavía lo muestra como un Robin Hood y no como un personaje histórico negativo. Sin embargo, tampoco se trata de borrar”, agrega el antropólogo.

El camino para incorporar la figura de Escobar a los procesos de memoria aún parece largo. Mientras las más variadas manifestaciones de la narcocultura siguen exaltando su recuerdo como el de un hombre generoso y audaz, la estela de dolor y muerte que dejó también han impulsado a otros a buscar que los lugares y símbolos asociados a su vida sean eliminados.

Una óptica que generó debate cuando el viernes 22 de febrero de 2019, la Alcaldía de Medellín lideró la demolición del edificio Mónaco y construyó un espacio para rendir homenaje a las víctimas del narcoterrorismo.

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Yo creo que hay una narración que aún está por hacerse

El director Herrán Vargas, plantea que más allá del dilema entre qué eliminar y qué preservar, el camino para avanzar en los procesos de memoria estará en el éxito que tenga la reconstrucción de la verdad. Un trabajo, advierte, que aún se muestra difícil cuando temas como la vinculación de varios sectores políticos y económicos al narcotráfico aún no han logrado develarse, en gran medida a causa de la resistencia de quienes protagonizaron esos procesos.

Panesso Serna, por su parte, insiste en que uno de los caminos para contrarrestar el daño moral que legó el narcotráfico al país es el de dejar de exaltar sus valores a través de las representaciones que se hacen en la televisión y en el cine. Ambos medios, señala, responsables en una importante medida de que la sombra de Escobar siga acechando la proyección del país en el mundo.

El antropólogo Henríquez plantea que la clave consistirá en construir una pedagogía social que permita entender quién fue Escobar, por qué logró entrar tan fuertemente en la sociedad colombiana y así lograr que las nuevas generaciones entiendan las implicaciones de adentrarse en el camino del “dinero fácil” y evitar que esa figura los arrastre a repetir los errores del pasado.

“Yo creo que hay una narración que aún está por hacerse. Hay que volver a escuchar a las personas del común, el padre de familia, el familiar del abogado, del policía, entre muchos otros personajes anónimos, que se negaron a dejarse comprar y por eso recibieron plomo. Ellos merecen otro sitial en la historia”, concluye el antropólogo.

JACOBO BETANCUR PELÁEZ
Para El TIEMPO
MEDELLÍN

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