‘Nadie sabe quién soy yo’, premiada como la mejor obra del 2017

‘Nadie sabe quién soy yo’, premiada como la mejor obra del 2017

Protagonizada por mujeres dedicadas al trabajo sexual, obtuvo el 45,9 por ciento de los votos.

Nadie sabe quién soy yo

El acto abrió sus puertas en marzo del año pasado para enfrentar los estereotipos que recaen sobre la prostitución.

Foto:

Cortesía Museo de Antioquia

12 de enero 2018 , 02:01 p.m.

Nadie sabe quiénes son las mujeres que se dedican al trabajo sexual, pero la ciudad asume conocerlas. Por desmitificar la prostitución, el cabaret performance ‘Nadie sabe quién soy yo’ se ganó el premio del periódico Arteria, como mejor obra 2017.

A raíz de un sondeo de siete expertos en arte del país, Arteria, un reconocido medio de comunicación enfocado en el arte nacional, nominó obras de distintas ciudades de Colombia para el reconocimiento. Sus lectores votaron por ‘Nadie sabe quién soy yo’ como su favorita.

Esa es la obra de mujeres que se dedican al trabajo sexual y quisieron mostrar su realidad sin tapujos.

Dirigido por la artista Nadia Granados, el cabaret llegó al Museo de Antioquia como parte de una invitación hecha por sus curadores.

Establecer diálogos a través de prácticas artísticas y generar convergencia entre distintas realidades fueron el motor de la iniciativa, así lo expresó Carolina Chacón, curadora del museo.

Granados ya tenía experiencia en este tipo de cabarets, pero para las mujeres que trabajaban en La Veracruz, las artes escénicas eran un ámbito desconocido. Por lo mismo, se hizo una exploración de material artístico alrededor del género, la sexualidad y la violencia contra la mujer. Piezas de Yoko Ono, Virginie Despentes y Débora Arango fueron claves para desprenderse de cualquier atadura y comenzar a dialogar.

Según la directora, el formato de cabaret es idóneo, pues no se necesitan muchos recursos económicos para hacer un buen espectáculo. Pero, además, permite improvisar, haciendo de la obra un acto vivo y moldeable.

La artista hizo una analogía entre la obra y el trabajo sexual. “El ejercicio de la prostitución prepara el cuerpo de una manera, es de por sí una performance, ya es una actuación, performan a una persona que ellas no son”, dijo.

En la obra, las intérpretes se desenvolvieron con naturalidad y decidieron hasta dónde llegar con sus propias narraciones. Cada una construyó una pieza según su esencia. El trabajo de Granados consistió en articular múltiples historias de vida y guiar la forma de expresarlas. “Yo dialogué con potencialidades”, agregó.

Luz Mery Giraldo no dudó ni un segundo cuando le propusieron participar en el proyecto, siempre se ha considerado histriónica y le gusta hablar. Motivada por la idea, empezó a convencer a mujeres de su círculo a que participaran en el casting, que luego seleccionó a 8 integrantes.

Pararse sobre un escenario significó mucho más de lo que pudo imaginarse. “Contar nuestras cosas en el performance no es tan doloroso como contárselas a un sicólogo. Es más bien una forma recreativa de expresarse. Hemos logrado avanzar, superar tanta violencia”, afirmó.

La obra fue exitosa gracias a la respuesta del público. Para Chacón, esta tuvo variaciones entre hombres y mujeres. Mientras las 14 escenas despertaron admiración en el público femenino por la fuerza de relatos resilientes, el masculino quedó algo consternado por su crudeza y por el rol que algunos hombres jugaron en las historias.

Sin embargo, la obra generó un impacto positivo, pues su puesta en escena, sus diálogos y el enfoque de un tema tan estigmatizado socialmente, sorprendieron.

Uno no entendía el arte, pero esta obra ha sido para nosotras un avance muy grande, lo vivimos en el alma, en el cuerpo, en el corazón. Ya hemos sanado muchas cosas

Los prejuicios sociales alrededor del asunto hicieron que el público fuera predispuesto a ver mujeres en una faceta erótica, en un espectáculo donde el componente sexual sería protagonista. Pero se encontraron con mujeres reales, con vidas auténticas. Sumado a un contraste de situaciones cotidianas y trágicas.

Melissa Toro asistió a una función en La Casa del Encuentro y se emocionó tanto al verla, que decidió involucrarse en las historias. Hoy trabaja con las ‘Guerreras del Centro’, el grupo que nació en el escenario, para formalizar su unión y seguir generando nuevos proyectos.

El reconocimiento más allá de motivarlas, significa para ellas una posibilidad de llevar sus experiencias de vida más lejos. El colectivo quiere ayudar a otras personas, demostrarles que es posible participar en estos espacios, que el arte es de todos. “Hay muchas mujeres que quieren salir del ejercicio, lo están haciendo porque no tienen otra oportunidad”, dijo Giraldo.

Jaqueline Duque, otra de las mujeres del colectivo que participó en la obra, afirmó: “Me siento otra persona, recibiendo plata con más dignidad. Cada vez que surja más empleo podré olvidarme de las calles”.


Valentina Vogt
Para EL TIEMPO
valalb@eltiempo.com
@ValentinaVogt

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