El sueño de Pinchao es ser la mejor policía de Medellín

El sueño de Pinchao es ser la mejor policía de Medellín

Esta joven de 19 años salió de Nariño en busca de un futuro prometedor en la capital paisa.

Policía

Desde niña, Ingri quiso ser parte de la Institución, siempre anheló portar el uniforme verde oliva.

Foto:

Jaiver Nieto

Por: Pablo Andrés Zapata
21 de febrero 2021 , 07:30 p. m.

El pasado 2 de febrero en la ciudad, en ceremonia precedida por el general Pablo Ruiz, comandante de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá, y el alcalde de la ciudad, Daniel Quintero, 67 mujeres entre los 18 y 23 años hicieron juramento de bandera como Auxiliares de Policía.

Con ese gesto, ellas se convirtieron en el primer contingente femenino en prestar el servicio militar en la capital antioqueña.

El grupo de Auxiliares son mujeres indígenas, desplazadas, afrodescendientes e integrantes de la comunidad LGTBIQ.

Ingri Carolina Pinchao Mejía es una de las mujeres que hizo parte de ese grupo que ahora presta sus servicios como Auxiliar de Policía del Metro de Medellín.

Nació y creció en Funes, Nariño; en una familia pobre. Ingri es la menor de cinco hermanos. Por lo impetuoso del relato y el flagelo que ha sufrido, la vida para esta nariñense no ha sido fácil. Desde los 14 años ha trabajado para estudiar, porque en su casa no había recursos suficientes para darle educación.

No solo por ser una familia numerosa, sino porque tiene un hermano con epilepsia y retraso mental.

“Mi hermano es como un niño, mi mamá no puede trabajar ya que todo el día lo está cuidando. Yo trabajaba y ayudaba con los gastos”, cuenta.

Y es que en el hogar todo iba de mal en peor. Su hermano cada vez necesitaba más cosas y la EPS, por más de cuatro años, no cubrió ningún gasto. Solo con el paso del tiempo lo hizo obligada por una acción de Tutela interpuesta por la familia.

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Estoy muy cautivada y mi deseo es poder seguir en la Policía sirviendo a la sociedad con amor y humildad,siendo una
profesional

Esta joven ha trabajado regando caña, cuidando niños, de peón en fincas y “se le mide a lo que le resulte”, todo, según dice, para que a su hermano no le haga falta nada.
Su padre los dejó desde pequeños. Él trabajaba para tratar de llevar los gastos, pero la situación económica no mejoraba y migró a Ecuador, donde todavía se encuentra trabajando.

Pinchao recuerda que trabajó en Cali, estudiaba los fines de semana y de lunes a viernes hacía labores de riego. A cambio, el patrón le daba alimentación yl e pagaba el estudio.

Pero solo hizo hasta noveno de bachillerato debido a que su hermano se agravó y regresó a Funes para ayudarle a su mamá.

“No es fácil tener a mi padre lejos, pero en Funes no tenía un buen empleo que le diera para sostener el hogar y mi hermano necesita mucho”, cuenta Pinchao.

Dos de sus hermanos trabajan en Funes, uno haciendo domicilios de pan, el otro vendiendo, en el negocio de su cuñado, el mismo producto. Actualmente su hermana está estudiando.

“Ella obtiene notas altas para que le den un subsidio y poderse pagar los estudios”, agrega.

Lo de ser policía para ella no es algo de ahora. Desde pequeña ha querido ser parte de la Institución. “Siempre he anhelado portar el uniforme verde oliva”, dice.
Fue así como a finales del año pasado, mientras revisaba Facebook, se percató de la convocatoria para Auxiliar Femenina de Policía del Valle de Aburrá.

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Mujer

Pinchao se siente orgullosa de su trabajo.

Foto:

Jaiver Nieto

Decidida a intentarlo, y sin mirar atrás, salió de su casa con los pocos ahorros que tenía.

Tomó dos camisetas y dos pantalones que tenía. Se arriesgó, viajó durante 18 horas y llegó a Medellín, sin decirle a nadie, sin conocer a nadie y menos la ciudad.
Solo la acompañaban unos cuantos pesos en su bolsillo y un bolso, el cual estaba más lleno de expectativas e ilusiones que de ropa.

Cogió un taxi y le mostró al conductor la dirección donde debía llevarla. Pero, cuando llegó, descubrió que estaba en el colegio de la Policía Santo Domingo de Guzmán, en Bello.

Un Intendente le dijo que debía ir es a la Escuela de Auxiliares Carlos Holguín, ubicada en el barrio Boyacá, noroccidente de la ciudad.

Como estaba tarde, caminó y caminó hasta encontrar un lugar donde pasar la noche. Al día siguiente se presentó en la escuela indicada con la ilusión de ser incorporada.
Aguantó hambre varios días, pues el precio de la habitación que arrendó, mientras tanto, no era favorable para el poco dinero que tenía.

Incluso, un día antes de ingresar a estudiar, tras haber sido aceptada, salió a comprar lo más económico que encontró para calmar un poco su apetito. Y se quedó sin un peso en el bolsillo.

Sin embargo, cuando ingresó a la Escuela sintió tanta felicidad que todos sus esfuerzos dolorosos le parecieron poco frente a la imagen de los sueños que empezaba a lograr. “Mi familia estaría orgullosa de mí”, se dijo.

“Recibí el apoyo de mis compañeras y superiores, siempre estuvieron muy pendiente de mí cada vez que necesité”, reconoce. Para ella, el ambiente en la Escuela fue muy agradable y exigente.

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Este contigente femenino marcará la diferencia

Su proceso de formación duró dos meses, en los cuales aprendió procedimiento policial, normatividad, disciplina, tolerancia y respeto.

“Me siento enamorada, estoy muy cautivada por la Institución. Mi deseo es poder seguir en la policía sirviendo a la sociedad con amor y humildad siendo una profesional”, expresa.

Pero, aún la abruma saber que el mayor obstáculo que ve es el dinero. Piensa que de no tener el recurso suficiente daría un paso al costado y tendría que abandonar sus aspiraciones de seguir en la Institución.

En sus tiempos libres le gusta escribir canciones, poesías y jugar fútbol con sus compañeras de formación.

Por 10 meses Ingri y las demás Auxiliares de Policía estarán pendientes de lo que pase en cada una de las estaciones del metro.

“Este contingente femenino marcará la diferencia, siempre con el ánimo de garantizar la salud, vida e integridad del lugar donde prestarán su servicio”, subrayó el general Ruiz, comandante de la policía Metropolitana de Medellín.

PABLO ANDRÉS ZAPATA MURILLO
PARA EL TIEMPO
MEDELLÍN

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