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¿Cuánto tiempo ahorran los nuevos sistemas de transporte de Medellín?
Metroplús

Nuevas estaciones de Metroplús en Medellín.

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Jaiver Nieto. EL TIEMPO

¿Cuánto tiempo ahorran los nuevos sistemas de transporte de Medellín?

Nuevas estaciones de Metroplús en Medellín.

Hicimos un recorrido por el Metroplús de la Oriental y Cable Picacho para ver sus ventajas.

¿Aguantarse un trancón en la comodidad de un vehículo o apretarse un poco para agilizar el recorrido en un transporte público?

El más reciente informe de la consultora mundial para asuntos de movilidad INRIX Analitycs reveló que cada habitante de Medellín pierde, en promedio, 57 horas al año en trancones, ocupando el puesto 22 de las ciudades más congestionadas del mundo, escalafón liderado por Bogotá.

La realidad es que, con las mismas vías, cada vez hay más vehículos y más sistemas de transporte masivo, por lo que el espacio para transitar es cada vez más reducido.

Sin embargo, desde las anteriores alcaldías hasta la actual, la apuesta ha sido privilegiar al transporte público para desincentivar el uso del vehículo particular.

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La pretroncal de Metroplús por la Oriental y Cable Picacho son las obras más recientes que se unen a la entramada red del sistema Metro para conectar al valle de Aburrá, en la mayoría de tramos, con un solo viaje pago.

¿Qué tanto ahorro en tiempo tienen en realidad? Decidí verlo por mí mismo y abordé uno de los buses de la Línea 2 de Metroplús en la estación Perpétuo Socorro, la primera de las cinco que tiene la pretroncal de 4,1 kilómetros de recorrido que cruza toda la avenida Oriental, una de las vías más congestionadas de la ciudad.

La primera novedad al ingresar es que no hay una taquilla ni personal que venda tiquetes. Las estaciones de esta pretroncal son autoatendidas y cuentan con máquinas para hacer la recarga de la tarjeta cívica, así como personal para asesorar a quienes ingresan.

Eran las 10:10 a. m. cuando abordé el bus. Me ubiqué en el centro del bus y este arrancó su ruta normal.

Al comienzo, el bus comparte trancón con todos los vehículos mientras sube el puente de San Diego y cruza la avenida San Juan. Fueron casi 5 minutos en los que el bus poco se movió y no le vi mayor gracia a esta nueva obra de más de $32.000 millones.

No fue por mucho. Después de pasar el por el puente de San Juan se comienza a notar el cambio, mientras los vehículos particulares, motos, taxis y buses se sumen en una batalla de pitos por intentar avanzar, el bus de la Línea 2 transita por su carril exclusivo sin inconvenientes.

Eran las 10:25 p. m. cuando dejamos la Av. Oriental. Pasamos por lo menos 20 buses de transporte público y pude ver a varios carros y taxis insultando el nuevo sistema de transporte que les quitó espacio de vía y agravó aún más los tacos en la zona.

“Esto es lo mejor que pudieron haber hecho”, me dijo un sujeto a mi lado al escuchar los insultos de los de afuera. Me contó que antes del carril exclusivo, pasar ese tramo podría llevarles hasta una hora (más en hora pico).

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“Y queda uno más tranquilo porque ahora puede esperar el bus en una estación y no en la calle donde lo pueden atracar a uno”, agregó.

El recorrido de toda la línea terminó en el parque de Aranjuez. Eran las 10:50 a. m. cuando todos se bajaron. Le pregunté al conductor sobre la pretroncal y confirmó lo que me había dicho el pasajero.

“Todo el trayecto, desde Universidad de Medellín hasta acá, se agilizó mucho gracias a las mejoras que hicieron. Ya no perdemos tanto tiempo en la Oriental, que era imposible transitarla, sobre todo en hora pico”, dice el hombre.

Sin pagar de más, me quedo en esa estación y me montó en otro bus, el de la Línea 1. Este hace un trayecto de regreso similar al primero que abordé, pero se desvía en Manrique para bajar por Barranquilla hacia el norte de la ciudad.

Me bajó en la estación Hospital, que permite la transferencia hasta el Metro. Allí tomo el tren hacia Niquía y me bajo cuatro estaciones después: en Acevedo.

Ya no perdemos tanto tiempo en la Oriental, que era imposible transitarla, sobre todo en hora pico

Esta es otra estación de transferencia, que permite al usuario tomar el metrocable Línea K para subir a Santo Domingo, por el oriente; o el nuevo metrocable Línea P, que sube hasta el cerro El Picacho, en el occidente.

Tomo la segunda opción y subo las escaleras ubicadas al sur de la estación para llegar. Las obras en esta estación aún no están culminadas, pero el sistema sí está en operación desde el 10 de junio.

Los 2,7 kilómetros de trayecto por las tres estaciones para llegar a la parte alta de la ladera tarda 15 minutos, una ganancia tanto para quienes suben como para quienes bajan, pues la única forma de llegar antes del cable era mediante un bus integrado que se toma en la estación Caribe del metro.

Poco importa que todo el viaje esté acompañado de sonidos de taladros y máquinas tratando de terminar las obras de paisajismo, o el olor que despiden las reses abajo cuando se pasa por encima de la Feria de Ganado, la ganancia en tiempo y dinero vale más que aquella nimiedades.

Cerca de 420.000 personas de las comunas 5 y 6 de Medellín, y 1 de Bello, se benefician con la nueva líne.

Foto:

Jaiver Nieto Álvarez / ETCE

Antes podía tardarme hasta 45 minutos de trayecto en el integrado, sin contar el tiempo que tenía que hacer uno en la fila”, me dijo uno de los hombres con quien compartí cabina en el descenso.

Me contó que vive en cercanías de la última estación del cable (El Progreso) y que desde que está operando el sistema, tiene media hora más para estar en su casa antes de salir a trabajar en la terminal de transportes.

“También se ahorra uno platica, porque son $1.000 menos cada día al no usar integrado y poder pagar solo un pasaje desde el metro. Esos $7.000 en la semana ayudan mucho, sin contar que bajo más rápido. Desde que haya buen clima, es una ganancia utilizar el cable”, expresó el hombre.

Con el hombre concordó otro muchacho que iba a nuestro lado, un estudiante, según nos dijo.

“En hora pico yo a veces me demoraba hasta hora y media en subir. Este cable facilita mucho la movilidad y en el barrio esperamos que se dinamice mucho la llegada de turistas para que suban al Cristo”, contó el muchacho.

Al mediodía estaba de nuevo en la estación de transferencia. Había recorrido gran parte de la ciudad, desde el centro hasta la zona norte y luego al noroccidente. Todo en dos horas y con dos viajes.

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Es cierto que aún falta para consolidar un transporte público de calidad, pero los 85,12 kilómetros de la red Metro en sus cuatro modos y 12 líneas de transporte es un paso adelante en el camino para dejar a un lado el vehículo particular para ciertos trayectos.

Después de este trayecto, me reitero en que prefiero incomodarme un poco o viajar de pie, pero llegar más rápido a mi destino que quedarme sentado en un carro pitando, maldiciendo y creyendo –erróneamente- que la solución son más vías o volver al pico y placa.

ALEJANDRO MERCADO
Corresponsal de EL TIEMPO
@AlejoMercado10

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