Se cumplen 26 años de masacre La Chinita, que dejó 35 muertos en Urabá

Se cumplen 26 años de masacre La Chinita, que dejó 35 muertos en Urabá

Sobrevivientes y familiares de fallecidos harán acto en el cementerio de Apartadó, Antioquia.

La Chinita

En un acto de reconciliación, en 2016, integrantes de las antiguas Farc fueron al municipio para pedirles perdón a las víctimas.

Foto:

Mauricio Cárdenas / EFE. Archivo

Por: Heidi Tamayo Ortiz
23 de enero 2020 , 09:55 a.m.

Han pasado 26 años desde el día cuando los disparos despertaron a Silvia Berrocal.

Era la 1 de la mañana del 23 de enero de 1994. Solo 20 minutos después, alguien tocó a la puerta para avisarle que su hijo Alcides Lozano Berrocal, de 16 años, era uno de los heridos.

Cuando llegó a su encuentro, él aún estaba vivo, sentado en una silla, y alcanzó a decirle unas últimas palabras. Lo llevaron al hospital, pero no pudo sobrevivir a las graves heridas.

El hijo de Silvia no fue la única víctima. Esa madrugada se vivió una de las peores masacres de Apartadó, municipio ubicado en el Urabá antioqueño. En total, 34 hombres y una mujer, entre ellos tres menores de edad, fueron asesinados sin piedad, mientras participaban en una ‘verbena’, una fiesta organizada por una de las vecinas para recoger fondos y poder comprarles los útiles escolares a sus hijos. Al evento asistieron 200 personas.

Este doloroso hecho es conocido aún hoy como masacre de La Chinita, pues así se llamaba la finca de 107 hectáreas invadida por unas 5.000 familias, el 8 de febrero de 1992, para levantar sus viviendas y establecer sus hogares.

Al asentamiento lo llamaron Obrero, porque la mayoría de residentes era trabajadores de fincas o bananeras. Pero el nombre La Chinita siempre se relacionó con la matanza, cometida por el frente 5 de las antiguas Farc, que también dejó 17 heridos.

El barrio entero quedó marcado por el horror. Unos se desplazaron, algunos regresaron y otros nunca quisieron salir. Superarlo no fue sencillo. Un año después de la tragedia, muchos familiares de las víctimas y sobrevivientes no habían logrado pararse.

Las víctimas de la masacre de La Chinita

Las víctimas de la masacre de La Chinita eran civiles que participaban de una fiesta luego de una manifestación política del Epl.

Foto:

LUIS BENAVIDES / ARCHIVO EL TIEMPO.

“Yo, por lo menos, duré un año que no tenía vida social, antes formaba parte de la Junta de Acción Comunal, de muchos procesos comunitarios de Apartadó, pero duré un año que no quería salir, estuve muy enferma llorando mi muerto, al igual que otras víctimas”, cuenta Silvia.

Hasta que decidieron empezar a reunirse. Al principio, los sobrevivientes contaban cómo fue la masacre, los familiares de los muertos lloraban y todos anhelaban que nunca se hubiese hecho la fiesta. Sin saberlo, poco a poco, hablar de un dolor compartido los volvió más fuertes.

Para el año 2011 habían creado el Colectivo de Víctimas de la Masacre de La Chinita. Y, con la promulgación de la Ley de Víctimas, obtuvieron reconocimiento como sujeto de reparación colectiva. Con peticiones de ellos mismos se creó un plan que incluye 18 medidas que buscan la reparación y las garantías de que no se repitan hechos de este tipo.

Hasta el momento, según la Unidad para las Víctimas, faltan ocho acciones de reparación colectiva por implementar.

Las 10 que ya se han desarrollado tuvieron una inversión de 280 millones de pesos y tienen que ver con un programa de apoyo al talento e iniciativas artísticas de los jóvenes del barrio; la dotación de 15 clubes juveniles de arte, cultura y deporte; capacitación a las víctimas en herramientas para visibilizar los procesos del colectivo; la dotación de tecnología para radio virtual; la adecuación y dotación de la Junta de Acción Comunal para eventos del barrio; la construcción de un parque en el lugar donde ocurrió la masacre y una feria educativa con distintas instituciones para orientar a los jóvenes en acceso a educación superior.

Yo, por lo menos, duré un año que no tenía vida social, antes formaba parte de la Junta de Acción Comunal, de muchos procesos comunitarios de Apartadó, pero duré un año que no quería salir

'Farc pidieron perdón, pero no han cumplido compromisos': víctimas

Asimismo, la Unidad para las Víctimas ha entregado, por concepto de reparación integral individual, indemnizaciones que suman 435 millones de pesos a familiares de los fallecidos y a sobrevivientes. También hubo acompañamiento sicosocial a las personas afectadas.

Silvia dice que el trabajo con los jóvenes debe fortalecerse más, pues lo que se ha hecho son solo “pañitos de agua tibia” ante una realidad preocupante: muchos de esos jóvenes son hijos o nietos de quienes fallecieron en la masacre y necesitan oportunidades sólidas para construir un proyecto de vida y superar el rencor que algunos aún sienten.

“También estamos a la espera de un centro social comunitario para hacer actividades con jóvenes, mujeres y adultos mayores”, expresa la mujer.

Pero, 26 años después de la masacre, las víctimas reconocen que uno de los pasos más importantes fue el acto de reconciliación en el que exintegrantes de las Farc, como Iván Márquez y Pastor Alape, fueron hasta el municipio a pedirles perdón. Fue el 30 de septiembre de 2016 y estuvo precedido por tres viajes que representantes del colectivo hicieron a La Habana, donde se desarrollaron los diálogos de paz.

Foto ganadora CIPA

El 30 de septiembre de 2016, las Farc les pidieron perdón a las víctimas.

Foto:

Guillermo Ossa / Archivo EL TIEMPO

Y, aunque los abrazos y las palabras de reconciliación se dieron ese 30 de septiembre, todavía quedan promesas sin cumplir.

Silvia afirma que en una reunión con las Farc y el Gobierno Nacional pidieron que se hiciera una universidad de paz en el barrio Obrero para todas las personas de Apartadó. El terreno ya estaba, pero no se construyó; también pidieron la creación de un centro de acopio para almacenar lo cultivado por los campesinos y tener un proyecto productivo; así como la construcción de viviendas para 52 familias víctimas y un centro de memoria histórica.

Pero, según dice Silvia, aunque les dijeron que todo era viable, no les han cumplido. De hecho, en el comunicado de conmemoración de este año, el colectivo de víctimas reitera su llamado para que se materialice alguno de los compromisos.

Sin embargo, el incumplimiento más importante es con una de las mayores exigencias que hicieron: que las Farc les contaran la verdad sobre las razones por las cuales asesinaron a sus seres queridos. Hasta el momento, no han recibido una respuesta contundente y siguen con la incertidumbre, tejiendo hipótesis alrededor de la masacre.

La Chinita, Apartadó

El barrio Obrero está ubicado en Apartadó, municipio del Urabá antioqueño.

Foto:

Cortesía Unidad para las Víctimas

La que más pesa está relacionado, cuenta Silvia, con venganzas y odios políticos de parte de las Farc hacia los recién desmovilizados del Epl, los cuales dejaron las armas en 1991. Justamente, exintegrantes del Epl promovieron la invasión de la finca La Chinita, para asentar el barrio Obrero.

Muchos de quienes vivían en el sitio eran militantes del Movimiento Esperanza, Paz y Libertad, el cual fue creado por los desmovilizados, pero ello no significa que todos lo fueran, tal como le pasó a Silvia, quien cuenta que aunque no formaba parte del movimiento político, apoyó el proceso de paz con el Epl porque eran hombres menos que disparaban un arma. También dijo que invadió la finca con sus cinco hijos y su esposo porque no tenían dónde vivir.

Antes de la masacre, tuvieron que soportar amenazas constantes: “Nos enviaban panfletos diciendo que alistáramos 2.000 ataúdes”, dice Silvia, quien cuenta que fue una verdadera pesadilla sicológica que luego se volvió realidad.

Nos enviaban panfletos diciendo que alistáramos 2.000 ataúdes

Y aunque la pesadilla marcó sus vidas, la mayoría sigue con el deseo de reconciliación. Por eso, pese a que no se han cumplido las promesas hechas cuando las Farc pidieron perdón, las víctimas no pierden la esperanza de poder escuchar la verdad sobre la masacre.

Se apegan al hecho de que muchos exguerrilleros han cumplido su promesa de mantenerse en la legalidad y lo celebran cada día. Por ello, también tomaron la decisión de nombrar como La Esperanza la calle antes conocida como la calle de la masacre, la misma donde ocurrió la matanza, pues quieren demostrar que están firmes con la reconciliación. 

Para conmemorar los 26 años de la masacre, este 23 de enero, no quieren actos públicos grandes. Decidieron hacer una eucaristía y un ritual simbólico en el cementerio central del municipio, donde están sepultados sus seres queridos.

Lo harán como una forma de honrar la memoria de las 35 personas fallecidas, rendir homenaje a la vida de las 17 heridas y de visibilizar “el empoderamiento, reconocimiento y dignificación de las víctimas en el esclarecimiento de la verdad y la reconciliación”.

MEDELLÍN

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