Iglesias, espacios clave en la creación de Medellín que están vigentes

Iglesias, espacios clave en la creación de Medellín que están vigentes

Muchas de las estructuras religiosas que nacieron en la conformación de la ciudad aún persisten.

Iglesias de Medellín

La iglesia Nuestra Señora de La Candelaria fue construida en tres ocasiones.

Foto:

Esneyder Gutiérrez

Por: Heidi Tamayo Ortiz
26 de mayo 2019 , 11:45 a.m.

Han pasado tres siglos y medio desde que se inauguró la primera construcción de Nuestra Señora de La Candelaria, parroquia que se constituye a su vez como la primera de Medellín y que tuvo dos versiones más a lo largo de los años. Hoy continúa erigida en el parque de Berrío, en pleno centro de la ciudad, y es símbolo de la importancia que tuvieron estos sitios en la expansión del territorio, la creación de varios barrios y la articulación social.

La emblemática iglesia, la más antigua, fue levantada en 1649, luego de que Juan Gómez de Ureña, cura doctrinero del pueblo, decidiera trasladar el poblado de San Lorenzo de Aburrá, uno de los siete resguardos indígenas fundados por el enviado de la corona española, Francisco Herrera Campuzano. Este, que estaba ubicado en lo que hoy se conoce como el parque de El Poblado, fue llevado hacia lo que ahora es el parque de Berrío.

El historiador Germán Suárez Escudero relata que la primera construcción estuvo lista para su inauguración el 2 de febrero de 1650, día de la virgen de La Candelaria, de gran devoción en la villa. Sin embargo, como ese día cayó miércoles, tuvieron que esperar cuatro días más para que la obra, con capacidad para las 700 personas que había entonces, fuera entregada un domingo.

El deseo de tener una mejor edificación empezó a materializarse en 1668. Pero, pese al entusiasmo general, las obras tuvieron distintas dificultades que la paralizaron por varias temporadas. Solo en 1677, entre tres oferentes, los trabajos se le adjudicaron a Juan Jaramillo de Andrade, que ofrecía terminar en tres años a cambio de tres cuotas de 1.494 pesos y dos esclavos avaluados en 650 pesos y toda la madera de construcción.

Iglesias de Medellín

La Candelaria fue el lugar eje de la creación y la expansión de la villa de Medellín y hoy es, junto a la iglesia Santa Ana de Sabaneta, una de las que más fieles reciben a diario.

Foto:

Guillermo Ossa / EL TIEMPO

“Pasados los tres años el contrato no se cumplió porque en 1680 no se habían enrazado todavía las paredes y el piso estaba sin enladrillar”, cuenta Suárez.

Fue el 16 de mayo de 1694 cuando el nuevo templo estuvo completamente terminado. Aun así los avatares no terminaban para este lugar. En 1766 las fallas del lugar eran graves y su derrumbamiento era inminente. Tumbarlo por completo duró un año y el 12 de marzo de 1768 se puso la primera piedra de los cimientos del altar mayor.

Se tomaron 8 años en terminar la edificación, en la que participaron de principio a fin peones, vecinos de distinción, sacerdotes y autoridades. El 20 de enero de 1776 fue el día de gran júbilo por la celebración de la primera misa en la nueva iglesia parroquial, que es la misma que permanece hasta los días actuales, con modificaciones hechas a lo largo de los años.

Ejes de la creación del valle de Aburrá

El entusiasmo por este sitio es ejemplo del significado que tenían las parroquias y templos para las personas de la comunidad. Diego Bernal, profesor de Historia de la UPB, explica que, por ejemplo, La Candelaria fue un eje estructural para la conformación de la villa de Medellín y marcó un patrón que se siguió por años: muchas veces primero llegó la iglesia y alrededor se formó el poblado o barrio.

Estos lugares, además de servir como cementerios (los muertos eran enterrados debajo de las bancas, bajo tierra), también eran punto de socialización por excelencia. “Eran el principal escenario de interacción social, uno se vestía para ir a la misa del domingo, se veía la transformación de una niña a mujer, la gente llegaba temprano para hablar antes de la misa”, indica Bernal.

Además, el lugar donde una persona o familia se ubicada también daba cuenta de su posición social. Las primeras bancas eran para las autoridades y hacia atrás el orden era dependiendo de la importancia de la familia. Al final de la misa, se daban otros espacios de conversación sobre la prédica del sacerdote o las últimas noticias.

Eran el principal escenario de interacción social, uno se vestía para ir a la misa del domingo, se veía la transformación de una niña a mujer, la gente llegaba temprano para hablar antes de la misa

Cuando la villa comenzó a crecer, las iglesias eran una manera de urbanizar otros sectores de lo que hoy es el valle de Aburrá. Llegaba la iglesia, se hacía una especie de parque para la interacción y los mercados y la gente se empezaba a establecerse y distribuirse en el sector. Ha sido tan tradicional esa forma de existir, que la mayoría de pueblos antioqueños se entienden desde esa lógica.

Los libros de historia dan cuenta de que en 1785 había en la ciudad más de 20 capillas y a finales de ese siglo (XVIII), el Aburrá contaba con 446 casas de teja, de las cuales 24 eran templos. En la cabeza de la villa, compuesta por cerca de 50 manzanas, se alzaban 242 casas de teja y seis templos. Las iglesias más antiguas que sobreviven son La Candelaria, San José, San Juan de Dios, San Benito y La Veracruz.

Iglesias de Medellín

Se cuenta que la iglesia de La Veracruz, que fue construida dos veces, fue la causa del primer trabajo importante de fundición de Medellín.

Foto:

Esneyder Gutiérrez

Dicen los historiadores que La Veracruz es la reliquia colonial más representativa de Medellín. El inicio de su construcción, en 1682, estuvo largamente paralizado, lo que demoró su terminación hasta 1712, explica Suárez. Una de las finalidades de construir este templo fue que sirviera de encuentro para los forasteros y también, como La Candelaria y San José, de cementerio.

Por causa del comején y los temblores en sus paredes y maderas, 71 años más tarde fue necesario demolerla por completo. Se inició su reconstrucción el 26 de septiembre de 1791, cuando empezaron a romperse los cimientos de la edificación que hoy existe. La inauguración propiamente dicha de esta segunda obra fue en 1809.

Cuentan también que el primer gran trabajo de fundición de Medellín se hizo para la fabricación de las campanas mayores de este templo, que sonaron por primera vez en 1807, durante la procesión del Santísimo, que se hacía en La Candelaria, por todo el marco de la plaza mayor. La más grande de las campanas, llamada San José, fue desmontada tiempo después por el sabio Caldas para hacer un cañón destinado a la guerra de Independencia.

Mapa de Medellín antiguo

Mapa de Medellín para 1791.

Foto:

Archivo General de la Nación (AGN), Sección mapas y planos, Mapoteca, Referencia 256 A

En medio de las historias que esconden los templos fueron surgiendo uno tras otro sistemáticamente, muchos de ellos al amparo de casas de personas adineradas que querían tener un oratorio en sus casas y se fueron convirtiendo en templos de barrio.

Actualmente, según datos de la Arquidiócesis de Medellín, en el valle de Aburrá hay 342 parroquias arquidiocesanas, de las cuales 231 quedan en Medellín. 

Hoy, aunque ha disminuido el arraigo a los rituales religiosos, la ciudad se sigue entendiendo desde parámetros religiosos, considera Bernal. Son como una marca de ciudad que sirven para ubicarse y siguen siendo espacios de socialización, pues en torno a ellas hay centros sociales y culturales para las comunidades.

“Siguen siendo actor social en los barrios, tanto que gracias a la Arquidiócesis de Medellín se han dado varios pactos de paz en la ciudad. Ello habla del posicionamiento que tiene el eje del barrio en las iglesias”, puntualiza el profesor de la UPB. Y es por ello que todavía muchas comunidades recolectan los recursos económicos para mejorar sus parroquias o crear una en sus barrios.

HEIDI TAMAYO ORTIZ
Redactora de EL TIEMPO
Medellín

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