La vida de una universitaria sorda que pronto será zootecnista

La vida de una universitaria sorda que pronto será zootecnista

Daniela Vargas estudia en la Universidad Nacional sede Medellín y sueña con ser gran profesional. 

Daniela Vargas

Daniela Vargas Restrepo es estudiante de noveno semestre de Zootecnia de la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín y es sorda profunda.  

Foto:

Jaiver Nieto

Por: David Calle
08 de marzo 2020 , 09:00 p.m.

La vida de Daniela Vargas es un mundo de silencios. Desde los 6 meses de edad, a causa de una fiebre severa, perdió el sentido para escuchar. Así lo recuerda hoy, desde la plaza del ajedrez en la Universidad Nacional de Colombia sede Medellín donde educa en lengua de señas cada viernes. En esta misma institución, además, está culminando sus estudios en zootecnia.

Para ella, el silencio no es un impedimento para aprender, aunque no ha sido fácil. Esta joven de 28 años de edad, recuerda que su familia, especialmente su mamá, decidió que tuviera una educación oral y estudió su primaria en la Escuela Normal Antioqueña y su bachillerato en la institución educativa Rafael Uribe.

“Era muy difícil para mí escribir en español como tal porque, al ser sorda, no tenía la adquisición del español como primer idioma sino de la lengua de señas y los profesores, al no tener la herramientas para atenderme, me hacían otros tipos de preguntas más flexibles”, recuerda.

Para ese entonces, Daniela no se sentía diferente. Creía que la comunicación era en silencios, hasta que conoció a un grupo de personas con su misma condición que la adiestró en el lenguaje de señas. “Estuve muy confundida, fue difícil para mí porque yo no sabía lo que era ser sorda. Pensé que era igual a todas las personas, no me reconocía como persona sorda y no sabía que había personas sordas”, reitera y cuenta que desde allí su manera de comunicarse era por señas.

El gusto por los animales la llevó a seguir con el sueño de seguir con estudios profesionales, luego de graduarse del bachillerato. Tras varios intentos fallidos para pasar el examen de admisión a la Universidad de Antioquia se presentó a la Universidad Nacional al programa de zootencia. Fue admitida y su vida cambió.

“Llegué a la universidad el primer día clase y no había intérprete de lengua de señas y fue un choque impresionante, no era lo mismo porque en el colegio los profesores me hablaban, me ponían atención, era una educación personalizada y acá era otra cosa: no me miraban, ni escribían, no les podía leer los labios y no les podía poner atención”, cuenta sobre ese momento frustrante que cambió hasta que la universidad le asignó un intérprete de señas que le acompañara a sus clases.

Daniela Vargas

Los viernes, esta universitaria da clases gratis de lenguaje de señas.

Foto:

Jaiver Nieto

Pasaron dos personas que se encargaron de esa tarea, pero que no se adaptaron hasta que llegó Andrea Mosquera. Ella es una pedagoga que desde hace 16 años se dedica a traducir voces a palabras formadas con el movimientos de las manos y los dedos. Con ella está desde el tercer semestre hasta ahora que cursa el noveno.

“Ya sé de zootecnia, pregúntame lo que quiera”, dice entre risas la intérprete porque ella le debe traducir las clases a Andrea, incluso acompañarla en los parciales.

“Es una niña muy introvertida, inteligente, muy prudente y tiene su carácter pero nos entendemos y creo que hay cosas de valor en ella, creo que es una niña que va a dar mucho”, cuenta Andrea sobre la joven universitaria con quien ya ha hecho una buena amistad que ha trascendido, tanto que le sirvió de intérprete para su matrimonio que ocurrió hace cuatro años, cuando Daniela se casó con un hombre también sordo.

Daniela Vargas

Daniela junto a su intérprete Andrea Mosquera.

Foto:

Jaiver Nieto

La exigencia en las clases no ha sido distinta para Daniela, aunque algunos profesores han dado una guía extra para que ella entienda. Así pasó con Ariel Marcel, quien fue su docente en las áreas de bioética y bienestar animal. “La adaptación de los métodos y el uso del lenguaje son un reto, hay que ser lo más literal posible, hablar despacio, no dar la espalda, usar más los recursos de imagen, entre otros. Es una experiencia muy enriquecedora porque es un mundo diferente, es acercarse a un nuevo universo, lleno de cosas increíbles. Daniela me enseñó más de lo que yo a ella”, dice el docente.

El paso de esta joven por la universidad, paradójicamente, no ha sido silencioso. Desde el tercer semestre enseña lenguaje de señas, lo hace dos horas a la semana y por estos días se ha programado para los viernes a las 11 de la mañana en la plaza del ajedrez, ubicado en la parte central del campus El Volador. La dedicación ha sido tal que con su gran amiga de estudios, la que le apoyó desde el primer semestre, Vanessa Álvarez, creó el ‘Minidiccionario de lengua de señas’, una cartilla de 31 páginas que se imprimió con el apoyo de la Nacional y que es como una guía para los aprendices espontáneos que llegan libremente a una carpa que le acondicionan a esta maestra para que enseñe un idioma que es foráneo para muchos.

“Ha sido una experiencia muy significativa, me ha ayudado mucho a comunicarme con más estudiantes”, comenta la joven estudiante y maestra.

Daniela hoy está en noveno semestre, sus ojos azules reflejan tranquilidad y alegría. Algunas veces suelta de su boca pocas palabras como “Hola”, pero ella sabe que lo suyo es el lenguaje de señas y se siente bien así. Pronto llegarán las prácticas académicas y sueña estar entre vacas, sus animales favoritos, y en el campo.

“Mi sueño en estos momentos es trabajar con lácteos, con diferentes actividades pero con lácteos y me sueño teniendo una buena práctica en una buena empresa, en donde pueda confiar todos mis conocimientos”, comenta la futura zootecnista que habla con las manos y que, definitivamente, no pasa por silenciosa en la Universidad Nacional.

DAVID CALLE ATEHORTÚA
@davidcalle1

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