La editorial de Medellín que abre la puerta a los escritores fallidos

La editorial de Medellín que abre la puerta a los escritores fallidos

Proyecto editorial se ha dado a la tarea de publicar a escritores jóvenes y desconocidos del país.

Fallidos Editores

En la primera convocatoria, que hicieron por redes sociales, recibieron más de 600 textos. De ellos se decidieron a publicar 15.

Foto:

Jaiver Nieto/ETCE

Por: Miguel Osorio Montoya
03 de junio 2019 , 07:00 a.m.

Más que una editorial, Fallidos Editores es una cofradía. Según Alejandro Herrán, su director y uno de sus fundadores, de los libros que han publicado, que superan los 150, el 99 por ciento son de escritores desconocidos. Por eso, cada que un nuevo nombre aparece en la tapa de uno de ellos, el autor comienza a hacer parte de la cofradía de los Fallidos.

La editorial comenzó cuando un grupo de estudiantes de literatura de la UPB se reunió a compartir sus propios poemas. Eran encuentros literarios sin más pretensión que la de leer poesía apaciblemente. A modo de juego tomaban vino y comían pan, simulaban una misa algo pagana con un elemento en común: la poesía de todos los asistentes.

Alejandro Herrán, que forma parte de ese grupo de amigos, relata que, en conjunto, llegaron a una conclusión: todos habían escrito libros, pero ningún grupo editorial se interesaba en publicarlos.

“Nos dimos cuenta de que las editoriales solo querían publicar a escritores famosos porque eso es lo que vende. Mandamos nuestros textos a todas ellas y ninguna, siquiera, respondió el correo”, cuenta. Los amigos eran un grupo de fallidos. Ese fue el inicio de todo.

Para ese momento, más que crear un negocio editorial, el grupo de amigos pensaba convertirse en una vanguardia literaria. No en vano, el primer libro de Fallidos Editores, en el que compilaron textos de todos, fue casi un manifiesto literario que incluyó poesía, ensayos y narrativa. Lapsus, ebrios de existencia, es el nombre de ese primer libro de la editorial y que fue escrito por todos los Fallidos.

Nos dimos cuenta de que las editoriales solo querían publicar a escritores famosos porque eso es lo que vende. Mandamos nuestros textos a todas ellas y ninguna, siquiera, respondió el correo

Como la idea era publicar textos de escritores jóvenes y desconocidos, los Fallidos abrieron una convocatoria por redes sociales. Si bien sabían que hay en el país plumas nacientes con gran futuro, quedaron sorprendidos con los más de 600 textos que recibieron. De ellos se decidieron a publicar 15.

Los cinco mejores de ese grupo, uno de cada género (poesía, ensayo, dramaturgia, cuento y novela) fueron financiados en un 100 por ciento por la editorial. A los otros diez autores se les financió el 50 por ciento de la publicación, pero, a modo de compensación, se les dio la mitad de los ejemplares.

Hoy, cuatro años después de los inicios casi oníricos de la editorial, el sueño se hizo realidad: decenas de jóvenes desconocidos vieron su primer libro publicado. Una de las particularidades de Fallidos, considera Herrán, es que los autores asumen parte de la distribución de sus textos.

“Tenemos un problema y es que, con la manera tradicional, los distribuidores se quedan con un 60 por ciento de las ganancias. Por eso nuestros escritores se encargan de crear una red de distribución dentro de su ciudad poniendo los libros, por ejemplo, en las librerías independientes”, explica Herrán.

A los libros publicados por la editorial, Herrán los llama ‘guerrilleros’. En parte, el apelativo se debe al bajo costo: ninguno supera los 20.000 pesos.

Por otro lado, explica el fundador de Fallidos, son fabricados de una manera particular que de alguna forma va contra el establecimiento: son hechos a mano, cosidos por madres cabeza de hogar de la comuna 13. El lector atento puede notar su proceso de fabricación una vez abre el libro y ve con interés que no está cosido de la manera tradicional.

Herrán comenta que la mayoría de esos libros publicados corresponde a poemarios. Sin embargo, la editorial también tiene un gran interés por rescatar la dramaturgia local, un género que consideran de vital importancia y que está siendo olvidado por las editoriales tradicionales.

“Podemos decir que la poesía es el centro de nuestra editorial. Esto es importante porque estamos en un país de poetas y, sin embargo, hemos visto cómo este género ha quedado rezagado”, anota.

Muestra del interés por este género es Toda la sangre que nos queda, un libro de poemas editado por Fallidos y escrito por Natalia Jaramillo. En él, la autora presenta su mirada sobre el conflicto armado, la cara más dura de ese flagelo que lleva décadas golpeando a los colombianos. Con este, Jaramillo ha publicado cuatro libros, todos ellos de poesía. Este último, dice la misma poeta, es un grito para contar, desde su percepción, lo que ha sido la guerra en Colombia.

La relación de la editorial y la autora es ejemplo de lo que hace Fallidos con cada uno de sus escritores. Hace unas semanas Jaramillo estuvo en varios festivales literarios de España. Aprovechando su presencia en esos círculos literarios internacionales, llevó varios ejemplares de su libro para venderlos.

Los expuso junto a otros títulos y, según cuenta, le fue bastante bien en ventas. “Lo que yo destaco de estas editoriales pequeñas es la cercanía con los editores. Además, y esto es importante, no hay egos ni cuestiones de fama. Por el contrario, se hace un proceso de asesoría y de revisión muy profundo, con mucho respeto”, dice la poeta.

Lo que yo destaco de estas editoriales pequeñas es la cercanía con los editores. Además, y esto es importante, no hay egos ni cuestiones de fama

Herrán apunta que los libros editados por Fallidos, como el de Jaramillo, van llegando a espacios impensados gracias a la distribución que hacen sus propios autores. Por ejemplo, la editorial estuvo presente en la pasada Feria Popular Días del Libro, celebrada en el barrio Carlos E Restrepo.

“Uno se intimida un poco porque en los otros estantes ofrecían a Cortázar, por ejemplo, y nosotros con este puñado de desconocidos. Sin embargo, nuestras ventas en la feria fueron absurdamente altas”, dice el fundador de Fallidos.

La editorial sigue firme en publicar a autores desconocidos. Este año, dice Herrán, se está preparando una nueva convocatoria para dar espacio a esos escritores fallidos que, como los creadores de este proyecto, tenían las puertas cerradas del mundo editorial.

MIGUEL OSORIO MONTOYA
Para EL TIEMPO
Medellín

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