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La colonización paisa que convirtió el occidente en un polo económico
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Caravana de mulas. La necesidad de expansión llevó a los antioqueños a ensanchar el cultivo del café en el país.

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Julio César Herrera. Archivo EL TIEMPO

La colonización paisa que convirtió el occidente en un polo económico

Se estructuró el triángulo Medellín, Bogotá, Cali. Por años, mulas comunicaron a un país disperso.

Decir colonización paisa es hablar del antioqueño

Los antioqueños forman el grupo regional denominado ‘paisa’, de pura cepa maicera. Originalmente se localizaron en el áspero macizo antioqueño, pero impelidos por la necesidad de buscar tierras fértiles para mantener una población en constante crecimiento, se extendieron hacia el sur y colonizaron, en el siglo XIX, el territorio caldense, prolongando sus andanzas a todo el territorio colombiano. Fundaron pueblos del Tolima y Valle.

Esa necesidad de expansión los ha llevado asimismo al comercio, a las finanzas y a la industria, en cuyas actividades sobresalen por todo el país. Con ese empuje surgieron ciudades como Medellín, la segunda ciudad industrial de Colombia; Manizales, Pereira y Armenia. Así ensancharon el cultivo del café.

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Este grupo colonizador, satisfecho de sus éxitos, es regionalista en su tierra y expansionista fuera de ella. Es tradicionalista, intrépido, neurótico. Su tradicionalismo es hijo de la montaña que lo apega a la tierra y al pasado.

“Tímido y orgulloso a la vez es el antioqueño, mezcla que le perjudica gravemente, pues le priva de la flexibilidad del bogotano y de la agradable franqueza del costeño”.

Existen tres clases de paisas: el empresario, el comerciante y el intelectual, que son caballerosos y hospitalarios como sus antepasados. El paisa de la clase media, que recorre todo el país, el de corbata; y el paisa típico, hiperbólico y puramente folclórico; el de machete, sombrero blanco aguadeño, alpargatas, mulera, cachivaches, dados.

Para el paisa la catedral de Medellín es la más grande del país, y su pueblo, el más progresista de todos. Dice con gracia: las razas son cuatro: la blanca, la negra, la amarilla y la antioqueña.

Fue extraordinario el impulso que le dio la colonización antioqueña al occidente del país

Colonizar occidente

Migración es la acción por la cual un grupo humano abandona una región y se establece en otra parte para colonizarla, cultivarla y fundar una nueva comunidad.

Los hombres siempre se han movido de un lugar a otro por varias razones: 1- En busca de mejores tierras. La riqueza antioqueña está más en el hombre que en la tierra. 2- Por el clima. 3- Para procurarse alimentos y mejores pastos para sus ganados. 4- En busca de protección y seguridad social. 5- Para mejorar su nivel de vida.

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Fue extraordinario el impulso que le dio la colonización antioqueña al occidente del país. Se estructuró el poderoso triángulo Bogotá, Cali, Medellín y el café convirtió al país en el segundo productor del mundo. La economía dependió por más de medio siglo del café. Cuando se recibía un dólar petrolero, ya se habían recibido 5 de los caficultores.

Eduardo Santa, en su libro La colonización antioqueña (Tercer Mundo, 1993), afirma: “La colonización se explica: … por el espíritu aventurero propio de los antioqueños, estimulado por la pobreza del suelo nativo, por el crecimiento desmedido de las familias, por el afán de hacer riqueza y, particularmente, por la búsqueda de tesoros indígenas o guaquerías y la colonización de Texas y California, constituyen sin lugar a dudas, la única gran revolución efectiva en el campo social y económico de la república”.

Y continúa Santa: “Fue un movimiento gigantesco por la numerosidad de las gentes que en él intervinieron, por las penalidades y actos de heroísmo que tuvieron lugar durante su desarrollo y, sobre todo, por sus proyecciones en el campo de la economía. La epopeya del hacha. De esa epopeya nace un país nuevo y una nueva economía agrícola. Creemos que aún no se ha hecho un enfoque completo sobre este fenómeno, que pone en alto el espíritu de lucha de las generaciones colombianas a quienes cabe la honra de haberlo realizado. De un momento a otro se despierta en ellas la fiebre colonizadora: tropillas de hombres ambiciosos y tenaces se internan en la selva, trepan a las cordilleras, vadean ríos tormentosos, inundan los caminos, con el afán de fundar pueblos y haciendas; es decir, de hacer un país nuevo”.

La arriería y los caminos

En La gesta de la arriería, un excelente estudio, de Omar Morales Benítez, se destaca la importancia del arriero y de los caminos en la hazaña de la colonización antioqueña. También se debe subrayar la inteligencia del indio al trazarlos antes que todos. Estos caminos, utilizados por españoles y colonizadores, se convirtieron en vías férreas y autopistas. Humboldt habla de la gran humedad y los pantanos casi intransitables del Quindío. Otros escritores, de los peligros, salteadores, espantos y muertos por puentes colapsados.

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Trasladar los productos y cereales de una región a otra era una tarea titánica. Por eso la arriería representó toda una revolución histórica.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Morales Benítez abunda en relatos escalofriantes. En los inviernos era casi un suicidio atravesar ríos caudalosos o abismos profundos, utilizando puentes que caían trágicamente con recuas de mulas y sus cargamentos.

Albeiro Valencia, compañero en la Academia Colombiana de Historia, también comenta las fallas de los gobiernos en el buen “mantenimiento de los caminos”.

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Esta dificultad generó el negocio transportador mediante la utilización animal. Un empresario, el Cojo Miguelito, tuvo centenares de animales, entre mulas y bueyes. Por avaricia o imprevisión se hizo a graves problemas con los muchos arrieros asalariados por destinar dineros escasos para la alimentación de estos sufridos jornaleros. Cierta vez, en plena faena hicieron huelga “de enjalmas caídas”. El sangrero encargado del asunto le comunicó al Cojo Miguelito que las mulas estaban descargadas. Aunque este alegó que los arrieros eran una partida de “tragones”, atendió lo que se interpretó como el “primer pliego de peticiones” en el ambiente laboral.

El transporte

Colombia es un país diverso y disperso. Dividido por selvas gigantescas y montañas inabarcables. Trasladar los productos y cereales de una región a otra era una tarea titánica. Se carecía de vías, puentes y elementos adecuados. El aislamiento era horrendo. Por eso la arriería representó toda una revolución histórica en la integración, la civilización y el progreso.

Trasladar una cosecha de una ciudad a un puerto, o del Caribe a Bogotá por tierra demoraba semanas y meses según el estado del tiempo, de las vías y que no surgieran accidentes en el camino, como ocurría con frecuencia.

Es mucho lo que Colombia les debe a las mulas y los bueyes. Luis Guillermo Echeverri Abad, en los dos volúmenes de su Obra completa, afirma y demuestra que durante años y más años Colombia dependía de “la pezuña de estos nobles animales”.

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El “milagro antioqueño” consistió en que mediante “la hazaña de la colonización”, logró, sin auspicio del Gobierno ni de nadie, superando adversidades, fundar muchísimos municipios en varios departamentos, convirtiéndolos en poderosos focos de riqueza económica y financiera.

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Gracias al empuje de la idiosincrasia antioqueña surgieron ciudades como Medellín, Manizales, Pereira y Armenia.

Foto:

John Jairo Bonilla. Archivo EL TIEMPO

“Los terratenientes ausentes”, infructuosamente, movieron influencias para perseguir ferozmente “la invasión colonizadora”. Quemaron casas, destruyeron cultivos y encarcelaron labriegos, amparados con frecuencia en autoridades arbitrarias.
Fue el triunfo del hacha sobre el documento monárquico y gubernamental. El antioqueño convirtió la montaña hostil en iglesia, universidad, fábrica y fuente de maravillosos recursos civilizadores.

Revolución económica

A modo de conclusión:

1.º. Los inmensos farallones antioqueños y la esterilidad de gran parte del suelo incitaron al paisa a buscar tierras más productivas. La riqueza del antioqueño está más en el hombre que en el medio que lo rodea.

2.º. América y Colombia han sido una tierra sin hombres, y unos hombres sin tierra. Por eso los gobiernos, empezando por los monarcas españoles, donaron mediante documentos inmensas extensiones territoriales a conquistadores, generales y figuras privilegiadas. Multitud de grupos colonizadores con el lema de ‘la tierra es para quien la trabaja’ tomaron posesión de los baldíos para hacerlos productivos. A esto se le llamó la lucha del trabajo contra el papel sellado o el documento real.

3.º. Aunque muy desigual, la pelea de los colonizadores contra los propietarios ociosos, apoyados por documentos, funcionarios poderosos –del orden judicial y militar–, fue lograda plenamente. La posesión de tierras montañosas y fértiles por cada vez mayor cantidad de colonizadores se desbordó. Fundaron gran cantidad de pueblos en el sur de Antioquia, el Viejo Caldas, Risaralda, Quindío, Norte del Tolima y Valle del Cauca. Organizaban incontrolables “oleadas”. Decían “donde hay agua hay vida”, y con energía y pujanza convertían el suelo en maravilloso foco de riqueza.

4.º. La fortaleza económica surgió con rapidez. Cultivaban maíz, fríjol, caña. Organizaron porquerizas, gallineros, explotaron la industria de los huevos. En regiones adecuadas hicieron prosperar la ganadería. De igual manera, les dieron vida a los criaderos de caballos, mulas y bueyes, imprescindibles para el transporte.

5.º. Según investigadores, los colonos alternaron los cultivos mencionados antes con la quina, el tabaco y el café.

6.º. Fueron famosos los “convites” o integración de grupos cívicos para construir caminos, puentes y vías de todo orden. Aprovecharon los incontables caminos indígenas, pero construyeron multitud de nuevas rutas.

7.º. En la colonización influyó en forma decisiva la avidez, el espíritu de superación y “ese judío errante que anida en el alma de cada antioqueño”. Otros factores importantísimos fueron la pobreza, el desempleo y la poca fecundidad del suelo paisa.
Con incontenible energía, los antioqueños impusieron muchas cosas, entre ellas la riqueza imponderable del café. Por 75 años fue la primera fuente de divisas. La utilización de la guadua en la construcción masiva de vivienda, las porquerizas. El gusto por el sancocho paisa y la infaltable carne de cerdo en la cotidianidad. Aún hoy sigue la costumbre de que el hijo huya del hogar a buscar fortuna lejos. Y se le da este consejo: ‘Hijo mío, a trabajar y a triunfar. Haga plata honradamente; si no puede hacer plata honradamente, haga plata de todas maneras. Los antioqueños antes, ahora y siempre siguen, si no liderando, participando como colonos en el Caquetá, Magdalena Medio, la Costa, la Amazonia, el Orinoco y otras regiones.

HORACIO GÓMEZ ARISTIZÁBAL
para EL TIEMPO

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