Homero Manzi cambió su cara, pero mantiene intacta el alma tanguera

Homero Manzi cambió su cara, pero mantiene intacta el alma tanguera

Este mítico espacio actualmente tiene un segundo aire y sigue como referente musical de Medellín.

Casa Cultural de Tango, Homero Manzi

El lugar, ubicado en la calle 48 con carrera 41, cerca de las Torres de Bomboná, fue remodelado después e pasar varios años con problemas monetarios por las obras del Tranvía de Ayacucho.

Foto:

Guillermo Ossa

Por: David Alejandro Mercado
24 de junio 2019 , 08:19 p.m.

“Es la misma esencia, pero renovada (...) es que el fondo del alma no lo cambia nadie”, dice Francisco Javier Ocampo con una sonrisa mientras observa cómo se llena la Casa Cultural Homero Manzi, uno de los pocos lugares emblemáticos que mantienen vivo el tango en Medellín.

Hace unos cuatro años, cuando hablamos por última vez, no había esbozo de sonrisa. El icónico bar estaba atravesando serios problemas financieros por las obras del Tranvía de Ayacucho, al que luego se sumaron más obras de renovación urbanística.

“Vivimos momentos muy difíciles, fue algo muy duro, muchas veces pensé que no me iba a dar para sostenerlo y fueron muchos los meses que pasamos penurias y raspando la quiebra. Pero como le dije en 2015: primero muerto que vender el Homero Manzi”, recuerda el hombre.

Fue por tozudez que no cerró el lugar. La suya y la de sus allegados y conocedores de tango, quienes insistieron en que no dejara sucumbir este sitio emblemático ante la renovación urbana, sino, por el contrario, hiciera lo propio mediante “unos arreglitos”.

Algo que don Javier se arriesgó a hacer y que después de un año y medio, se ven los resultados.

Vivimos momentos muy difíciles, fue algo muy duro, muchas veces pensé que no me iba a dar para sostenerlo

El Homero se renovó. Nueva pintura adornó la fachada y cambiaron las molestas mesas de metal por otras más cómodas. Pero el espacio, pequeño y acogedor, permaneció igual.

Adentro caben unas 20 mesas muy juntas que dan las sensación que por estas no pasara ni el tiempo. Las paredes también, los cuadros con artistas tangueros parecen apretujados unos contra los otros.

“Si está esperando música en vivo, se equivocó. Aquí solo caben un bandoneón y una guitarra, el resto se queda por fuera”, bromea un señor ya de avanzada edad. Se ríe solo y brinda para tomarse un aguardiente.

No le falta razón. El lugar está tan repleto que el eco de las charlas opaca la canción de tango que ameniza la noche y que no logro distinguir. El señor se presenta, dice llamarse Alejandro López, tiene 74 años y hace 46 vive a unas dos cuadras del bar y trata de visitarlo cada semana.

“Yo nací en Manrique. En esa época en cada esquina había un negocio de tango. Pero ya quedan pocos lugares y pocos conocedores, solo jugadores de cartas y oidores de tango”, cuenta el hombre con un fuerte aliento anisado.

Casa Cultural de Tango, Homero Manzi

El lugar es pequeño y acogedor, allí caben unas 20 meses y en las paredes hay varias fotos de artistas referentes del tango.

Foto:

Guillermo Ossa

Tiene la cara roja, los ojos azules y el pelo blanco que se alcanza a asomar de una gorra café. Con nostalgia cuenta la época en la que hasta las jóvenes se sabían las letras –y cantaban– temas como Pensando en ti, La colegiala o Muñeca de loza.

“Las canciones de Pepe Aguirre y Armando Moreno se ‘pegaban’ en los jóvenes como lo hace hoy el reguetón”, dice don Alejandro para luego volver a sus ruidosas carcajadas.

El destino le juega una mala pasada. A los pocos segundos, en la mesa del lado comienzan a cantar, a todo pulmón, Lejos de ti. Todos son jóvenes, todos se saben la letra, todos cantan.

Una vez termina, dos de ellos discuten si la canción es de Julio Erazo o de Raúl Garcés, pero ambos coinciden en que es la que más suena en Medellín. Les creo, pues ha sonado en todos los recorridos que he hecho.

El señor Alejandro se queda en silencio y es don Javier quien sonríe al ver la cantidad de público joven que llega a esta casa cultural y bar.

El tango ha dejado de ser un género de viejos amargados

Opina que el tango ha dejado de ser un género de viejos amargados y que los jóvenes de hoy no solo disfrutan la música, sino que la entienden, pues para este experto, es una música que tiene contenido y que habla de protesta. Protesta contra las circunstancias del ser humano, contra las aflicciones del alma, contra el modernismo que quiere desaparecer el arraigo, entre otras desgracias.

“Para nosotros es muy importante que la juventud se interese por este cuento. Son muchos los estudiantes que vienen a escuchar la historia de Homero Manzi, no solo del lugar, sino del poeta por el que le puse el nombre”, explica el hombre.

Al tango lo han dado muerto desde hace muchas décadas, dice. Son años y años de escuchar que este género está agonizando y ahí está todavía, no solo en las voces de aquellos artistas de las décadas del 40 o el 50, sino también con nuevos representantes que han surgido en los años 90 y el 2000.

“El tango también se renueva”, dice don Javier. “Hay jóvenes aún tienen raíces antiguas o una herencia de padres tangueros y se sienten atraídos por sitios como este. Sienten que algo los llama y les evoca recuerdos de cuando sus padres, tíos o abuelos cantaban esta música”, agrega.

Coinciden ambos hombres en que con un tango se recuerda, con un tango se enamora y con un tango se olvida. “Pero ojalá no nos olvidemos del tango”, asegura don Javier.

¿Por qué Homero Manzi?

La Casa Cultural Homero Manzi nació hace 32 años aproximadamente, con la idea de tener un sitio donde se recreara el tango en Medellín. En una ciudad donde parecía reinar Gardel, Francisco Javier Ocampo optó por bautizar el negocio Homero Manzi debido a la admiración que le tenía al poeta gaucho, a quien considera uno de los más grandes artistas que dio Argentina.

“Homero Manzi murió en 1951, de 44 años, pero todavía sigue vigente en la cultura tanguera. Tuve la oportunidad de compartir con su hijo, Acho Manzi, quien en diversas ocasiones y lugares por todo el mundo, enalteció y agradeció este pequeño homenaje que mantiene vivo el recuerdo de su padre”, recuerda con orgullo don Javier.

Su sonrisa se ensancha cuando le pregunto por la frase del poeta con la que se identifica. No duda y responde de inmediato: “San Juan y boedo antigua, y todo el cielo, Pompeya y más allá la inundación”.

Le aseguro que todavía no ha sonado el último tango en Homero Manzi, ni tampoco en Medellín

Es un fragmento de un poema, y canción, llamado Sur, que explica don Javier, trata del barrio Pompeya, en el sur de Buenos Aires, por allá en 1930 cuando esta zona no era moderna. “Es un tango de vocación, es de Aníbal Troilo y Homero Manzi”, dice el hombre.

Ya nunca alumbraré con las estrellas/Nuestra marcha sin querellas/Por las noches de pompeya/Las calles y las lunas suburbanas/Y mi amor y tu ventana/Todo ha muerto, ya lo sé. La lírica nostálgica de un tradicional barrio que cambió es la favorita de don Javier.

“Es algo similar a lo que vivimos aquí en el Centro con todas estas obras de modernización, una situación que logramos sortear con voluntad y mucho aguante. Le aseguro que todavía no ha sonado el último tango en Homero Manzi, ni tampoco en Medellín”, dice el hombre con la confianza renovada, como si él también hubiera recibido un segundo aire.

DAVID ALEJANDRO MERCADO PÉREZ
Redactor de EL TIEMPO@AlejoMercado10

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