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‘La biodiversidad no es un adorno: si no existe, el planeta colapsa’
Brigitte Baptiste

Baptiste lleva tres años en Ipbes y este año se cumple su mandato. La plataforma anunciará a su reemplazante, otro colombiano.

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Jaiver Nieto / EL TIEMPO

‘La biodiversidad no es un adorno: si no existe, el planeta colapsa’

En el marco de Ipbes, EL TIEMPO conversó con la directora del Instituto Alexander von Humboldt.

Brigitte Baptiste es bióloga, directora del Instituto Humboldt e integrante del comité técnico de la Plataforma Intergubernamental en Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (Ipbes), cuya sexta plenaria se lleva a cabo en la ciudad durante esta semana.

El panel de expertos de Ipbes, el mayor evento global de biodiversidad, está conformado por 25 personas, 5 miembros por cada región del planeta y Baptiste representa a las Américas. Durante la plenaria, los científicos han discutido cuatro reportes que dan cuenta del estado de la diversidad biológica en cada continente del mundo y cuyos resultados se darán a conocer el viernes 23 de marzo.

¿Cómo es la dinámica del encuentro?

Se trata de sesiones donde se negocian unos documentos cortos, en los cuales están los principales hallazgos y mensajes que la comunidad científica le transmite a los gobiernos. Es un trabajo de diálogo entre los expertos en biodiversidad, que han trabajado los últimos dos años y medio en las evaluaciones y los representantes de gobierno que han leído los documentos y tienen que producir unas conclusiones que se adoptan oficialmente palabra por palabra. Es convertir resultados de investigación en hallazgos políticos.

¿Qué relación tiene la Ipbes con los gobiernos del mundo?

Lo que se acordó son los mensajes claves que fueron construidos de manera conjunta entre gobiernos y científicos. No representan recomendaciones, porque la Ipbes no tiene esa potestad, es un órgano basado en consenso. Se resaltan las cuestiones más importantes, se ilustran y se señalan cuáles son las opciones que están a disposición de los gobiernos para tomar acción. Se busca tomar decisiones basadas en evidencia. Menos instinto u olfato político, sino que las inversiones que se han hecho en investigación o en construcción de conocimiento se utilicen por lo menos para el debate.

Uno de los reportes es sobre América. ¿Qué evidencia?

El acuerdo muestra cómo está la biodiversidad del continente, cuáles son las tendencias positivas y negativas, cuáles son los motores de pérdida o ganancia. Muestra cuáles son los escenarios futuros para la biodiversidad en América y cuáles son las respuestas de política que se están dando. Uno pensaría que a esa escala lo que se dice no es práctico, pero lo es tremendamente. Con base en estos resultados, el país podría replantear aspectos de su cooperación interamericana.

¿En esa concepción continental hay lugar para el diagnóstico nacional?

Claro. Uno de los aprendizajes más importantes que queda de la participación de Colombia en la plataforma es la posibilidad de comparar los resultados de sus políticas y de sus problemas con otros países. Por ejemplo, sabemos que la minería ilegal es un problema también en Venezuela, en Perú, en Bolivia y en Brasil. Y que la contaminación por mercurio es un problema de talla subregional. Sirve para evaluar qué tanto las medidas que está tomando el país son medidas desactualizadas o medidas que ya se han probado y que se han desechado en otros países.

Además, Colombia está haciendo un reporte con la misma metodología y a mediados de 2020 vamos a tener un informe del estado de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos propio, que se puede contrastar con el de las Américas y con el global, lo que nos podrá decir mucho sobre la relevancia de lo que hace Colombia en el contexto global. Eso se complementa, incluso, con lo que estamos tratando de hacer en algunos departamentos, como ‘Medellín más biodiversa’.

Necesitamos experimentar todas las alternativas. A la humanidad no le quedan más de dos generaciones para corregir el rumbo

¿Qué tanto optimismo o pesimismo cabe en la discusión?

Como es una perspectiva científica de expertos, nos basamos mucho en los datos con los que se pueden construir certezas. En muchos casos hay sorpresas positivas. Una de las evidencias es que sabemos muy poco, la transformación de los ecosistemas de una manera tan drástica como se ha venido produciendo en los últimos 50 años, es única en la historia, tenemos muchos vacíos de conocimiento. Tenemos la posibilidad de construir escenarios pesimistas y optimistas. No buscamos transmitir un escenario de colapso, sino cuestionar qué pasa si siguen las tendencias como se siguen manifestando y qué pasa si logramos modificarlas.

¿Qué sería del mundo sin estos esfuerzos?

Se ha construido una imagen de la biodiversidad como algo superfluo, como el adorno del mundo o la ensalada del plato. Pero sin ella, el planeta colapsa. No hay ninguna duda. Si no recuperamos la funcionalidad ecológica planetaria, no tenemos con qué adaptarnos al cambio climático, ni con qué responder al crecimiento demográfico, porque vamos a ser 13,5 billones de habitantes. Necesitamos experimentar todas las alternativas. A la humanidad no le quedan dos generaciones para corregir el rumbo.


Valentina Vogt 
Para EL TIEMPO
Medellín
Valalb@eltiempo.com
@ValentinaVogt

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