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Chaves, el maestro que convirtió en arte lo cotidiano de la cultura paisa
Humberto Chaves Cuervo

Autorretrato de Humberto Chaves Cuervo.

Foto:

Cortesía familia Chaves

Chaves, el maestro que convirtió en arte lo cotidiano de la cultura paisa

Autorretrato de Humberto Chaves Cuervo.

Se cumplen 50 años de la muerte de Humberto Chaves Cuervo, quien se destacó por su trabajo realista.

Un ciudadano de Medellín que dedicó su vida a retratar la cotidianidad de la capital de Antioquia, así como la cultura paisa.

Esa podría ser la forma más acertada de definir y recordar al pintor Humberto Chaves Cuervo, quien el 28 de agosto cumplió 50 años de haber fallecido, por lo que el 2021 fue declarado como el Año Chaves para homenajearlo y exaltar su legado.

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Este hombre, nacido en 1891, marcó una época en la manera de ver el arte en la ciudad y ayudó a formar a las futuras generaciones de los grandes maestros antioqueños, que hoy engalanan los principales museos del país.

Además, fue clave en la transformación industrial de Medellín, pues trabajó como publicista cuando la capital de Antioquia dejaba de ser una pequeña ciudad y comenzaba a industrializarse.

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Los primeros trazos

Desde antes de nacer, su vida ya estaba ligada al arte. Su padre, Rafael Chaves Murcia, era un reconocido pintor de Medellín. Es poco lo que se sabe de sus primeros años de vida. Su madre, Débora Cuervo Toro, falleció cuando el futuro maestro tenía ocho años de edad y, unos días después, comenzó la guerra de los Mil Días.

Estos acontecimientos lo marcaron, pues su padre era un reconocido liberal, activista, y tuvo que huir de Medellín, una ciudad históricamente conservadora.

Retrato de Rafael Chaves Murcia, padre del maestro. Fue elaborado cuanto este tenía 15 años de edad.

Foto:

Cortesía familia Chaves

“La infancia de él tiene una especie de cosa misteriosa porque nunca se refirió a esos años en los que estuvo prácticamente huérfano de padre y madre”, cuenta María Teresa Lopera Chaves, su nieta, y quien se ha dedicado a destacar el legado de su abuelo.

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A esto se suma que el padre se casó con otra mujer, pero Chaves se negó a vivir con ella, así que desde muy niño comenzó a trabajar.

Tras los años sin registro, a los 15 años realizó un retrato de su padre e ingresó a estudiar con el maestro Francisco Antonio Cano, quien fue clave para desarrollar su estilo. Haber comenzado a estudiar con Cano a los 15 años significa que para la época ya era talentoso.

De hecho, llevaba años siendo guiado por su padre en el mundo artístico, pues desde muy niño comenzó a dibujar y a pintar, y, posteriormente, fue ayudante de su progenitor. “Nació con talento”, agrega Lopera.

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Con Cano estudió hasta 1912, cuando el maestro se fue para Bogotá, así que él fue su reemplazo como el nuevo formador de artistas en la ciudad en la Escuela de Pintura y Escultura del Instituto de Bellas Artes de Medellín.

Fue docente hasta 1928 y enseñó la observación directa de la naturaleza, los principios del dibujo, la composición y el color, para lo cual utilizó principalmente la técnica de la acuarela, cuentan sus herederos.

Y como Chaves, al igual que su padre, era un liberal, llevó las ideas liberales a la academia y al arte. No obstante, el maestro no era militante del partido, era liberal de pensamiento.

Su arte es rescatable porque por ser totalmente realista. Es un arte que tiene significado como memoria y como registro. Desde ese punto de vista, él está completamente vigente

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Esto lo aplicó en sus clases y uno de los ejemplos más claros era que en ese periodo estaba prohibido utilizar modelos vivos, pero él, en su taller particular, lo permitía.

Entre sus alumnos más destacados se encuentra Pedro Nel Gómez, quien es uno de los artistas más importantes de la historia de Medellín. Chaves fue clave en la obra de Gómez, pues inculcó en él “el amor por la ciudad, su gente y sus costumbres”, reseñó este diario en una publicación de junio de 1999.

Su obra

A Chaves lo buscaban algunas de las familias más prestantes de Medellín para que les vendiera alguna de sus obras. También lo contactaban para que los retratara, pues el pintor era muy reconocido en la ciudad. Hasta su muerte vivió de su trabajo y durante muchos años sus cuadros eran exhibidos en la Joyería Arango, en el centro de Medellín.

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También era contratado por empresas de la ciudad, las más importantes, para que les hiciera alguna obra, que posteriormente sería puesta en las instalaciones de las fábricas y oficinas.

Retrato del periodista y poeta Pablo Emilio Restrepo López, conocido como León Zafir. Hace parte de la colección de Francisco Javier Escobar.

Foto:

Herederos Humberto Chaves Cuervo

Su trabajo se basó siempre en el realismo. “Él estaba detrás de lo bello. No es que persiguiera el carriel y la ruana, es que encontraba belleza en la plaza, en los toldos, en la gente”, cuenta su nieta.

De hecho, entre su trabajo se aprecia la cotidianidad de la ciudad, de los pueblos de Antioquia, así como la naturaleza de las tierras que tanto amaba.

Retrataba a los arrieros, a los transeúntes y a la ciudad en general. En parte, eso lo llevó a ser reconocido como el pintor de la raza.

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“Él era un artista y como artista miró siempre la ciudad, a Antioquia y a los antioqueños desde la belleza, de cómo demostrar que en estas tierras también había motivos para que la pintura clásica los inmortalizara. Diría que su militancia fue esa, dedicarse a pintar a la gente del común, su ciudad, los pueblos, los paisajes. Él le dio un estatus de arte a cosas que parecían tan cotidianas y tan normales”, complementa Lopera.

Chaves pintaba la cotidianidad de Medellín.

Foto:

Herederos Humberto Chaves Cuervo

Era realista y nunca dejó a un lado la mirada académica de la pintura, del arte, pero fue muy criticado en la época porque por esos días se discutían nuevas expresiones artísticas que, para algunos, también debían estar en el arte paisa.

Paralelo a esto, y aprovechando su talento, incursionó en el mundo de la publicidad. Sus trabajos aparecían en todos los periódicos que circulaban en la ciudad y fueron claves porque Medellín cada vez se industrializaba más y dejaba atrás el ser una pequeña provincia.

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Ese otro oficio le costó duras críticas de otros pintores. Lo veían como algo “indigno” para un maestro pintor, como lo era Chaves.

La vida en familia

Cuentan quienes compartieron más con él que Chaves parecía un reloj. A las 9 en punto de la mañana entraba a su estudio y a las 4 en punto de la tarde estaba ingresando a su casa, a donde su familia.

“Eso era increíble. Era un hombre muy metódico”, asevera Darío Chaves, otro de sus nietos, quien vivió varios años con su abuelo.

Uno de los pilares de la vida del maestro fue el hogar que formó con María Villa, quien fue fundamental en todos los aspectos de su vida, entre ellos la madurez artística. Se casó el 27 de septiembre de 1915.

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“Para el maestro, ella fue su modelo de mujer real y cotidiana, no una musa idealizada”, reseñan los herederos en un sitio web donde recopilan la vida y obra de Chaves.

Con ella, una gran lectora, entre otras cosas, tuvo nueve hijos y el pilar de la familia siempre fue la educación.

“Es un hogar con ideas más avanzadas, como la educación de la mujer, que ellas se educaran. Hay una serie de cosas que no eran muy normales en la época, pero que él tenía otra mirada”, explican los nietos.

En total vivieron en 16 lugares en Medellín, principalmente en sectores como El Poblado y el Centro. Sin embargo, su gran amor era El Morro, una tierra que tenía en inmediaciones del Aeropuerto Olaya Herrera, donde tenía una casa.

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Allí también vivió y aprovechó para pintar la ciudad, pues la podía ver prácticamente toda.

Por escenas como esta, Chaves era llamado como el pintor de la raza paisa. 

Foto:

Herederos Humberto Chaves Cuervo

En los distintos sectores que habitaron, pues a Chaves no le gustaba quedarse en un mismo lugar, siempre pagaron arriendo. Sin embargo, en la década de 1970 realizó una exposición con la cual recolectó el dinero suficiente para comprar una casa, donde finalmente murió.

Los nietos recuerdan que fue una familia de clase media a la que no le faltó nunca la comida y tenían épocas de abundancia. Todo dependía del trabajo de Chaves y de cómo le fuera en las ventas de los cuadros.

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En la casa lo recuerdan como un gran lector de EL TIEMPO, le gustaba escuchar los programas de radio de la BBC y nunca se tomaba un trago. Como tenía diabetes, se cuidada mucho en cuanto a la alimentación.

“Era un entregado, le encantaban sus cosas, pero nunca trató de sobresalir en el mundo social, sino en su vida familiar y en su trabajo”, agrega el nieto.

Su legado

El nombre de Humberto Chaves Cuervo, para quienes conocen la historia artística de la ciudad, es muy importante. No solo por su trabajo como pintor y publicista, también por haber retratado la cotidianidad de la cultura paisa.

Sus nietos coinciden en que “su obra podría llamarse así, una búsqueda de la belleza en medio de la cotidianidad”.

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Él fue un ciudadano de Medellín, alguien que con su vida y su obra constató que se podía ser artista, que el arte era posible entre los antioqueños.

Retrato de Humberto Chaves Cuervo.

Foto:

Cortesía familia Chaves

Por esta razón sus nietos aseguran que su obra está mucho más vigente hoy y merece ser más destacada.

De hecho, son pocos los cuadros que están en algunos museos de la ciudad, como el Museo de Antioquia.

La mayoría están en manos de privados, quienes fueron principalmente los compradores de su arte. Dicen que tener un cuadro de Chaves era tener un bien de lujo.

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“Su arte es rescatable porque por ser totalmente realista. Es un arte que tiene significado como memoria y como registro. Desde ese punto de vista, él está completamente vigente”, sentencia Lopera Chaves.

MATEO GARCÍA
Redactor de Nación
matgar@eltiempo.com
En Twitter: @teomagar

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