Joven con autismo sueña con un futuro incluyente en Medellín

Joven con autismo sueña con un futuro incluyente en Medellín

Carlos Iral demostró que para él existen pocas barreras. Además, tiene una memoria envidiable.

Carlos Iral

Iral es tecnólogo en Sistemas y en Contabilidad y Administración.

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Secretaría de Juventud

Por: Mariana Posada Moreno
09 de agosto 2020 , 11:24 a. m.

Carlos Iral tiene 27 años y vive en Manrique. Se describe a sí mismo como un joven con autismo de Medellín. A él le gusta coleccionar camisetas del Nacional y disfruta de ir al Estadio a ver a su equipo. Es tecnólogo en Sistemas y técnico en Contabilidad y Administración.

Desde su niñez fue diagnosticado con un Trastorno del Espectro Autista (TEA), una condición que, gracias a su manera de afrontarlo, le entregó capacidades que pocos pueden desarrollar.

A Carlos nunca se le olvida una fecha, un nombre con sus dos apellidos, una dirección, un acontecimiento importante o el número de una ley.

En el 2005, cuando estaba iniciando su bachillerato, ojeando las páginas amarillas, encontró el mapa de Medellín. El descubrimiento lo llevó a preguntarse cómo eran esos territorios que estaban allí delimitados. Así comenzó a memorizar las 16 comunas, los 5 corregimientos y los casi 300 barrios de la capital antioqueña.

Luego, con un poco de temor alimentado por los señalamientos y las violencias que lo habían acompañado en su niñez y adolescencia, comenzó a desprenderse de él. Carlos, el joven autista de Manrique, se amarró con valentía y fuerza los cordones de sus botas que siempre lleva y se fue a conocer más allá de su casa, de su cuadra y de su barrio.

Para mi familia fue muy duro. Ellos me tenían que explicar cómo se hacían cada cosa. En esta época me daba mucho miedo salir a la calle porque hay gente maliciosa.

“Para mi familia fue muy duro. Ellos me tenían que explicar cómo se hacían cada cosa. En esta época me daba mucho miedo salir a la calle porque hay gente maliciosa, pero con el paso de los años fui demostrando a los demás que sí tengo muchas capacidades; eso es un proceso", recuerda Carlos mientras también explica que fue su madre la que comenzó a explicarle con sumo detalle cómo se podía trasladar de un lugar a otro. Todo esto, también en acompañamiento con un psicólogo especializado en TEA.

En el 2007 Carlos cuenta que a pesar de sus dificultades para relacionarse con sus compañeros en el colegio y la falta de empatía y conocimiento de algunos profesores, logró conseguir ser el primer puesto de su clase durante todo este año.
“La gente me decía que yo no era nada, pero yo sé que la educación no es solamente aprender, es también practicar”, plantea Iral.

Carlos hoy se pregunta con un poco de remordimiento cómo habría sido la ciudad en la década de los 90, pues dice que no fue sino hasta que comenzó su bachillerato, que se atrevió a explorar los territorios. Sin embargo, en los últimos años se ha encargado de pagar con creces ese remordimiento del pasado. “Es que las verdaderas Ciencias Sociales se conocen es en los territorios”, declara él.

Y fue con esa premisa que comenzó en su misión de recorrer a Medellín. Montando en bus porque, según él, las rutas de buses lo llevan a los lugares más profundos y recónditos de los barrios, a diferencia del Metro.

Para Carlos la vida es una montaña rusa. Dice que Medellín es una ciudad que le ha abierto muchas puertas, pero que le ha cerrado otras tantas. Su mayor angustia es el desempleo. Cuenta que por su condición muchas veces los contratos que le ofrecen son pagados por hora y en condiciones de tercerización. En la actualidad dice estar dedicado ‘al rebusque’.

Explica que él, al ser una persona TEA, tiene unas capacidades especiales por las matemáticas: “yo las sigo practicando por necesidad, porque mucha gente me busca para que le colabore. Si necesitan explicación sí, porque hoy en día la gente no quiere aprender”.

Cuando terminó su formación en el Sena –que fue el único lugar donde fue aceptado por un convenio con el Ministerio del Trabajo– realizó sus prácticas en una empresa nacional de servicios de apoyo técnico. “Los empleados de la empresa me miraban y decían ‘¡Ay qué emoción! ¡Qué rapidez!’ Ahí demostré que todos somos humanos y podemos aprender”.

Los empleados de la empresa me miraban y decían ‘¡Ay qué emoción! ¡Qué rapidez!’ Ahí demostré que todos somos humanos y podemos aprender

Con ese tipo de mensajes es habitual encontrarlo, con el micrófono en la mano, en eventos culturales, sociales o de juventudes. En sus frases frecuenta el reclamo y la necesidad de inclusión de su comunidad en la sociedad. Para él, así como el futuro debe de ser tecnológico y avanzado, también tiene que ser diverso e incluyente.

Una de las cosas que más le frustran son los procesos de selección para trabajar en una empresa, pues dice que desconocen las capacidades de una persona con autismo: “Yo tengo unas capacidades enormes. Sigo tocando puertas, pero siempre me terminan contratando por una temporada”.

Defiende y hace un llamado a las empresas para que tengan en cuenta sus derechos, ya que en el 2019 se promulgó la ley 1996, que establece el régimen para el ejercicio de la capacidad para las personas con discapacidad mayores de edad.

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Cuenta que a los proyectos sociales de los que hace parte, como el programa ‘Medellín en la Cabeza’, de la Secretaría de Juventud, se unió a través de búsquedas por las redes sociales. Dice que también le llamó la atención el proyecto de las Unidades de Vida Articulada (UVA), que son unos equipamientos públicos para llevar la oferta institucional a las comunidades.

Con lo que encontró allí comenzó a conocer muchos más territorios, incluso barrios calificados como “peligrosos”. Carlos propone que “hay que vencer esos miedos” y esta reflexión la acompaña con el miedo que derrotó en su niñez, cuando los niños del barrio o del colegio lo molestaban por su condición. Esto lo pudo superar gracias a sus familiares y amigos que lo guiaron con pujanza. “Siempre estuvieron ahí en la jugada”.

Mariana Posada Moreno
Para El Tiempo
En Twitter: @mariposada18

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