El clamor popular que baja desde la ladera noriental de Medellín

El clamor popular que baja desde la ladera noriental de Medellín

Ante el desarrollo del proyecto de Borde Urbano las comunidades piden ser incluidas, no desplazadas.

Laderas de Medellín

El objetivo del Burnor es generar una frontera que delimite el territorio urbano y el rural, en la zona oriental.

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Guillermo Ossa - EL TIEMPO

Por: Bryan Andrés González Vélez
31 de octubre 2018 , 09:50 a.m.

"Para ellos no es conveniente legalizar nuestros barrios porque así sería más difícil sacarnos”. Esa sentencia resume la incertidumbre que vive Marta Elena Ardila, una de las 650.000 personas desplazadas que llegaron a Medellín durante los últimos 25 años buscando renacer y dejar atrás el lastre de la guerra.

Después de 15 años de vivir en uno de los barrios de la ladera nororiental de la ciudad, confesó sentir temor de volver a ser desplazada. Esta vez no por las balas de un fusil, sino por un proyecto de ciudad.

Para ellos no es conveniente legalizar nuestros barrios porque así sería más difícil sacarnos

Se trata del programa Borde urbano rural nororiental (Burnor) con el que la Alcaldía busca formar un cordón verde como límite entre lo rural y lo urbano para controlar el crecimiento no planificado de la ciudad hacia las partes altas de las laderas.

Actualmente está en estudio y hace parte del Plan de Ordenamiento Territorial (POT).
En el evento ‘Ciudades Dignas’, desarrollado por varias organizaciones sociales de la zona de ladera de la parte alta de las comunas 1 (Popular), 3 (Manrique) y 8 (Villahermosa), los pobladores hicieron un llamado a la Administración Municipal por los efectos negativos que, según ellos, este les traerá.
De acuerdo con sus cálculos, unas 200.000 personas están en el área de influencia y viven en condiciones precarias.

En lugar de un desalojo, las comunidades están pidiéndole a la Alcaldía que les mejore los espacios públicos, legalice sus viviendas e instale los servicios públicos en sus territorios. Estas peticiones apuntan a que los barrios de ladera sean integrados al proyecto Burnor.

“Es inaudito que quieran hacer proyectos en nuestros barrios, pero que no seamos nosotros los que los disfrutemos”, comentó Yicenia Patricia Suárez, integrante de la Mesa de vivienda de la comuna 8 (Villahermosa).

Giovani Marín, coordinador del Mejoramiento Integral de Barrios, de la Empresa de Desarrollo Urbano (EDU), reconoció que los barrios ubicados en la ladera nororiental de la ciudad fueron forjados, principalmente, por personas desplazadas.

Es inaudito que quieran hacer proyectos en nuestros barrios, pero que no seamos nosotros los que los disfrutemos

Familias que necesitaban un suelo y no encontraron más que esos espacios.
Pero aclaró que “Esto no es un desplazamiento, es una reorganización del territorio en la que, obviamente, debe haber un momento de temporalidad en que la gente sale y después vuelve”.

Explicó que durante el proceso no se cubre al 100 por ciento de los habitantes del territorio. Por ejemplo, las familias que son arrendatarias no entrarían en los beneficios de este proyecto en específico.

Marín agregó que actualmente avanzan en un proceso de sensibilización en los territorios de las comunas 1, 3 y 8 y que este ha sido complejo debido a que no es fácil transformar el territorio sin incomodar a los habitantes.

Ante el tema de la inclusión de la comunidad, la secretaría de Planeación confirmó que en estos procesos del Burnor cuentan con la participación integral de actores de la misma comunidad con el fin de optimizar los esfuerzos.

Esto no es un desplazamiento, es una reorganización del territorio en la que, obviamente, debe haber un momento de temporalidad en que la gente sale y después vuelve

Aunque esta versión no concuerda con la de Suárez. La líder denunció que las entidades llegaron a las comunidades con mentiras y engaños, “proponiéndole a la gente cosas que no iban a hacer”.

Ardila es una mujer de piel trigueña que encontró en el barrio Carpinelo, parte alta de la Comuna 1 (Popular), un hogar para dejar atrás los combates, las bombas y los disparos que abundaban en su natal municipio de El Carmen de Atrato, en Chocó.

Ella hace parte de ese 80 por ciento de la población de esos sectores que llegó a la ciudad desplazada por la violencia, según datos entregados por la Fundación Sumapaz.

Yo llegué al barrio porque parte de mi familia ya vivía allí. En este momento siento miedo de un nuevo desplazamiento, ahora en la ciudad

“Yo llegué al barrio porque parte de mi familia ya vivía allí. A pesar de ser desplazada vine con muchas ilusiones de tener mejor calidad de vida, pero en este momento siento miedo de un nuevo desplazamiento, ahora en la ciudad”, argumentó.

Por el momento, resta esperar los resultados de los diseños de lo que será Burnor, un proyecto fundamental en el futuro de la ciudad que busca, entre otras cosas, ser sostenible e integrar las voces de aquellos que muestran inconformidad.

Bryan Andrés González Vélez
Para EL TIEMPO
brygon@eltiempo.com@GonzalezVelezB

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