¡Inaudito! Famoso escritor tiene lista su propia tumba en Medellín

¡Inaudito! Famoso escritor tiene lista su propia tumba en Medellín

Tras ser rechazado en el Quindío, Gardeazábal dice que quiere ser sepultado en panteón de San Pedro.

Gustavo Álvarez Gardeazábal inaugura su propia tumba

El epitafio que llevará su tumba no podía ser otro: cóndores no entierran todos los días.

Foto:

Esneyder Gutiérrez

Por: Miguel Osorio Montoya
26 de noviembre 2019 , 05:51 p.m.

Gustavo Álvarez Gardeazábal se convirtió, según él mismo dice, en el primer hombre expulsado de un cementerio sin siquiera haber muerto. Irónico, irreverente, muy a su estilo, decidió organizar un acto tan insólito como la expulsión misma: este martes 26 de noviembre, brindando con ron y vino, inaugurará su propia tumba, que desde ahora lo está esperando con paciencia en el cementerio San Pedro de Medellín.

Esta historia, digna de la imaginación de un novelista como Gardeazábal, comenzó hace varios años. El escritor vallecaucano era amigo cercano de Braulio Botero, dueño del cementerio libre de Circasia, Quindío. Fundado en 1932, este se convirtió en el espacio para enterrar a quien lo dispusiera.

Los principios ideológicos o políticos del muerto no eran tenidos en cuenta. Allí cabían todos. Sin embargo, fue destruido durante La Violencia y luego restaurado en la década del 70.

(Lea también: Homenaje de Univalle al escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal)

Gardeazábal, amigo de don Braulio, adquirió allí un lugar en donde reposar para la eternidad. Desde eso, hace más de 30 años, pusieron fotos del escritor con la leyenda: “Aquí descansará el escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal”.

Sin embargo, el autor de El titiritero se llevó una sorpresa amarga la última vez que estuvo en Circasia: “Me aterró que el busto de Braulio (muerto en 1994), que era de mármol, lo hubieran pintado de negro. Lo mismo pasó con las águilas y los símbolos: fueron pintados de negro. Además, todas las tumbas las pintaron iguales, dejándolas uniformes”, advierte Gardeazábal.

Gustavo Álvarez Gardeazábal inaugura su propia tumba

La tumba está acompañada por una escultura que creó el artista Jorge Vélez.

Foto:

Esneyder Gutiérrez

Como un presagio de lo que pasaría, el escritor recibió una carta escueta, lacónica, en la que la administración del cementerio le comunicaba que no era posible cumplir lo pactado con Braulio y que sus restos no podrían descansar en Circasia. Sorprendido por lo ocurrido, Gardeazábal contó la insólita historia en su columna del diario ADN.

Lo escrito en la prensa trascendió y llegó hasta Medellín. El cementerio de San Pedro, fundado en 1842 y patrimonio arquitectónico y cultural de la ciudad, se ofreció a darle un espacio al vallecaucano.

El escritor aceptó de inmediato, entre otras cosas, porque cerca de donde está su tumba se encuentra la de otro grande de las letras del Valle del Cauca: Jorge Isaacs. Él e Isaacs, anota el mismo Gardeazábal, tienen varias cosas en común: ambos se opusieron de frente a la oligarquía de ese departamento y los dos consagraron una novela –Cóndores no entierran todos los días y María- que perdurará, quizás para siempre, en la literatura colombiana.

Me aterró que el busto de Braulio (muerto en 1994), que era de mármol, lo hubieran pintado de negro. Lo mismo pasó con las águilas y los símbolos: fueron pintados de negro

Pactado todo con el San Pedro, se comenzó a construir la tumba del autor. Ana Isabel Cadavid, coordinadora de investigación y contenidos del cementerio, opina que tener a Gardeazábal será un lujo para el camposanto como para la ciudad.

“Pero hay que tener en cuenta algo muy valioso. Al aceptar la tumba, él pidió que los restos de Tomás Carraquilla se inhumaran de nuevo en este cementerio. Entonces, se comenzó un proceso de hablar con la familia y se llegó a buen término. El escritor antioqueño estará aquí de nuevo”, revela Cadavid.

Gardeazábal, contento, expresa que entre él, Carrasquilla e Isaacs conformarán una triada de escritores muertos y sepultados bajo la misma tierra.

La tumba está lista

Coronada por varios bloques de concreto, la tumba de Gardeazábal espera pacientemente el día que el autor, inerte, descienda en el hoyo de 2,50 metros que fue construido para albergar su féretro.

María Isabel Velásquez, arquitecta encargada de diseñar el último lugar que ocupará el vallecaucano, explica que este decidió ser enterrado de pie, como los librepensadores. “Les dije que tienen que averiguar cómo me van a amarrar, porque un muerto de pie se desmorona y se puede reventar la tumba”, dice el escritor, irónico.

Las placas de cemento están acompañadas de una rosa de los vientos que los arquitectos ubicaron a un costado. Esta simboliza, según expresan, la continuidad de la vida después de la muerte.

Pero lo que más llama la atención es la escultura que, perenne, acompañará al cuerpo del escritor. Es una obra ambiciosa, de figura ondulada; fue concebida y realizada por el artista Jorge Vélez, quien en su momento fue discípulo del maestro Rodrigo Arenas Betancur.

Les dije que tienen que averiguar cómo me van a amarrar, porque un muerto de pie se desmorona y se puede reventar la tumba

La escultura, que mide tres metros, tiene el rostro de Gardeazábal. Como si estuviera vivo, nada pétreo o solemne, lanza una mirada pícara, retadora, algo burlona, a quienes se acercan a la tumba. Vélez explica que la obra estaba lista desde hace más de dos años y que iba a ser llevada al cementerio de Circasia.

Pero, después del inconveniente, fue traslada a Medellín y tuvo que esperar muchos meses para al fin ser ubicada. “Esto es un homenaje al escritor, por eso parece un hombre alado. Pero en este caso no tiene alas de ángel, en el caso de Gustavo estas tenían que ser de cóndor”, comenta el artista.

El epitafio que llevará su tumba no podía ser otro: 'Cóndores no entierran todos los días'. Al preguntarle el porqué, el escritor responde con un glacial e incuestionable “porque sí”.

Gustavo Álvarez Gardeazábal inaugura su propia tumba

El escritor será sepultado en el cementerio San Pedro de Medellín.

Foto:

Esneyder Gutiérrez

El acto de inauguración, dice Gardeazábal, es solo una locura más de su vida, en la que ha sido escritor infatigable, político elocuente, periodista polémico y preso desolado. Comenzará sobre las 6:30 de la tarde y habrá vino y ron.

El escritor dice no temerle a la muerte, pues esta lo ha acompañado, muy de cerca, durante toda su vida: su padre fue excomulgado por Miguel Ángel Builes, el polémico obispo de Santa Rosas de Osos y tuvo que salir de Antioquia. Se asentaron en el Valle del Cauca, donde vivieron lo peor de la violencia bipartidista.

Por eso, la muerte se volvió algo tan natural que logró canalizarla por medio de sus personajes, a quienes ‘mata’ a su antojo. “Soy un hijo de la violencia”, comenta.

El día de su muerte, que todos esperan demore un buen tiempo en llegar, será de seguro un acontecimiento nacional. El cementerio de San Pedro, probablemente, se llenará de peregrinos que querrán darle el último adiós. En un hecho insólito, el ataúd descenderá vertical, rígido, hacia la humedad de la tierra. Será un evento extraordinario: cóndores no entierran todos los días.

MIGUEL OSORIO MONTOYA
Para EL TIEMPO
Medellín

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