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El pacto entre paisas para que no los tocara la Guerra de los Mil Días
Guerra de los Mil Días

Palonegro, luego de 16 días de combates. Esta batalla dejó 8 mil muertos.

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Archivo EL TIEMPO

El pacto entre paisas para que no los tocara la Guerra de los Mil Días

Si bien algunos antioqueños fueron protagonistas, en el departamento no se dieron grandes batallas.

Mientras que en departamentos como Santander, Tolima y Panamá se libraron sangrientas batallas durante la Guerra de los Mil Días, en Antioquia fue poca la sangre que corrió.

Algunos dicen que como los paisas han sido tan conservadores toda la vida, era lógico que los pocos liberales que allí vivían fueran derrotados con facilidad.

Sin embargo, esta afirmación no es del todo cierta, pues fueron varios los aspectos que mantuvieron los enfrentamientos por fuera del departamento, como la división en el Partido Conservador y los pactos entre la clase dirigente para impedir batallas en la región, aunque también las hubo.

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“Antioquia no fue un teatro significativo del conflicto, pero los antioqueños sí tuvieron una importante participación directa o indirecta”, explicó el historiador Felipe Arias Escobar, y agregó que no se puede olvidar el papel de paisas como el de Rafael Uribe Uribe, Marceliano Vélez o la guerrillera María Anselma Restrepo.

Esta guerra civil, la más dura y larga que ha tenido Colombia, se desarrolló entre 1899 y 1902, y dejó, al menos, 100.000 muertos, más que en todos los conflictos del siglo XIX en el país.

La disputa por el poder político fue el principal motivo por el cual se fueron a las armas.

Los liberales argumentaban fraude electoral en las elecciones de 1897, que los dejó por fuera de la participación política, y seguían sin estar de acuerdo con la Constitución de 1886, que cambió el modelo federal por el centralista.

La sociedad antioqueña

Para aquella época en Antioquia, como en gran parte del país, la iglesia Católica era muy poderosa.

“Los patricios, aunque independientes, deben consultar en toda dificultad a la iglesia, que ofrece su consejo a través de sus obispos. Monseñor Bernardo Herrera Restrepo, monseñor Caicedo estuvieron siempre cerca de los dirigentes notables del Partido Conservador, a través de los cuales ejercieron una permanente influencia sobre la vida política local”, escribió el historiador Jorge Orlando Melo en La política antioqueña 1904-1946.

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Guerra de los Mil Días

Guerrilla liberal de Zipaquirá durante la Guerra de los Mil Días. El Batallón Figueredo, 1901.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Complementó que zonas rurales como Santa Rosa, Abejorral y Sonsón eran bastiones conservadores, pues los “tenderos, los medianos propietarios que ejercen de gamonales, los maestros, los pequeños propietarios y los jornaleros se sienten solidarios con el conservatismo, que ha defendido sus creencias religiosas y está identificado con el mantenimiento de la paz”.

Pero el liberalismo también tenía presencia en el departamento. No en vano el general liberal más famoso, Rafael Uribe Uribe, nació en Valparaíso, un municipio del suroeste antioqueño. Asimismo, dijo Melo, tenía fuertes tradicionales como Rionegro, El Retiro, Puerto Berrío, Urabá y las zonas mineras del nordeste.

Uribe Uribe, por ejemplo, fue quien inspiró a Gabriel García Márquez para crear el personaje del coronel Aureliano Buendía, de su obra Cien años de Soledad.

“Los liberales, le decía, eran masones; gente de mala índole, partidarios de ahorcar a los curas, de implantar matrimonio civil y el divorcio, de reconocer iguales derechos a los hijos naturales que a los legítimos, y de despedazar al país en un sistema federal que despojara de poderes a la autoridad suprema”, escribió García Márquez en su obra.

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Y agregó: “Los conservadores, en cambio, que habían recibido el poder directamente de Dios, propugnaban por la estabilidad del orden público y la moral familiar; eran los defensores de la fe de Cristo, del principio de autoridad, y no estaban dispuestos a permitir que el país fuera descuartizado en entidades autónomas”.

La guerra

Cuando estalló la guerra, el Partido Conservador estaba dividido entre los nacionalistas e históricos. Los históricos, quienes mandaban en Antioquia, como Marceliano Vélez, Carlos E. Restrepo y Pedro Nel Ospina, no estaban a favor de Manuel Antonio Sanclemente, quien era el presidente de la época, pero en realidad detrás de él estaba Miguel Antonio Caro, quien era heredero político de Rafael Núñez, el impulsor de la Constitución del 86.

Ni por el diablo yo quiero un gobierno liberal, que un gobierno liberal es atacar la religión, las costumbres

“En Antioquia los dirigentes conservadores se inclinaron por la línea señalada por Carlos Martínez Silva, que influyó algo, pero brevemente, en Marroquín: hacerles algunas concesiones a los liberales, tener un sistema electoral limpio, reducir el proteccionismo, emitir menos dinero”, dijo Melo a EL TEMPO.

Los de Antioquia no solo lo manifestaban, sino que lo permitían, pues el único congresista liberal era un antioqueño, Rafael Uribe Uribe. Según Melo, el futuro general liberal “tenía buenas relaciones” con los conservadores históricos.

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Gracias a esa amistad, rememoró Melo, es muy probable que los liberales no hayan armado una revuelta en la región, pues “el gobernador era su amigo”.

Guerra de los Mil Días

Texto del tratado del Wisconsin , que puso fin a la Guerra Civil de los Mil Días.

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EL TIEMPO

Pero no era que Los históricos pensaran como los liberales. Por ejemplo, Marceliano Vélez, quien fue gobernador durante la época, decía que “ni por el diablo yo quiero un gobierno liberal, que un gobierno liberal es atacar la religión, las costumbres”, pero, a pesar de eso, decía “que la oposición debe tener ciertos derechos”.

El historiador Edgar Antonio Aparicio Montoya, miembro de la Academia Antioqueña de Historia y autor de la biografía de Marceliano Vélez, comentó que la participación de Antioquia en la Guerra de los Mil Días fue en las otras regiones.

Pese a que al comienzo de la conflagración Los históricos no querían luchar, al final se unieron “por el temor a perder el poder”.

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Esta característica -la de no pelear en su territorio- no fue exclusiva de dicho conflicto bélico, ya que sucedió lo mismo en las guerras del 39, 62, 76, 85 y la del 95, por lo que no hubo grandes batallas en la región.

Esto fue, en palabras del historiador, una especie de tradición pactada por la clase dirigente de que “Antioquia no se tocaba con el objetivo de no entrar a una crisis económica, como en los otros departamentos”.

Los conservadores, en cambio, que habían recibido el poder directamente de Dios, propugnaban por la estabilidad del orden público y la moral familiar

A ese acuerdo político se suma que durante el siglo XIX, Antioquia estuvo muy aislada del resto del país por el difícil acceso montañoso. No obstante, sí fueron muchos los hombres que se fueron a pelear a otras regiones.

Pero no todos querían luchar, destacó Aparicio. Prueba de esto es que cuando Pedro Nel Ospina iba saliendo para la Guerra de los Mil Días “la mitad del batallón se le perdió… se le volaron”.

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Y es que como también escribió García Márquez, muchos no sabían por qué estaban peleando, como quedó en evidencia en esta conversación entre el coronel Aureliano Buendía y su compadre Gerineldo Márquez.

"—Dime una cosa, compadre: ¿por qué estás peleando?
—Por qué ha de ser, compadre —contestó el coronel Gerineldo Márquez—: por el gran partido liberal.
—Dichoso tú que lo sabes —contestó él—. Yo, por mi parte, apenas ahora me doy cuenta que estoy peleando por orgullo.
—Eso es malo —dijo el coronel Gerineldo Márquez.
Al coronel Aureliano Buendía le divirtió su alarma. "Naturalmente", dijo. "Pero en todo caso, es mejor eso, que no saber por qué se pelea". Lo miró a los ojos, y agregó sonriendo:
—O que pelear como tú por algo que no significa nada para nadie".


MATEO GARCÍA
Redactor de Nación
En Twitter: @teomagar
matgar@eltiempo.com

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