‘El tango me salvó la vida’: Luis Guillermo Roldán

‘El tango me salvó la vida’: Luis Guillermo Roldán

Han pasado ocho largos años desde que este apasionado llegó al Patio del Tango

Luis Guillermo Roldán

La cantante de tango, Adriana Varela, aparece junto al empresario Luis Guillermo Roldán, quien la trajo a Colombia en el 2014, para una gira de conciertos

Foto:

Cortesía Guillermo Zuluaga

Por: Guillermo Zuluaga
19 de mayo 2019 , 08:00 a.m.

El año antepasado me vino una racha de infartos, estuve en coma, muerto prácticamente…y alcanzaba a oír que me ponían tangos todos los días… cuando me recuperé un poco le dije al médico: déjeme morir…usted se hace el bobo; si algo, luego dice que yo lo autoricé.

Yo estaba harto, aburrido, amarrado a una cama. Pero él me contestó: no, lo hago con amor, te cogí aprecio y hemos escuchado tangos todos estos días porque queremos que estés muy bien. Descansa y luego hablamos.

Al otro día fue y me preguntó si seguía con la idea de dejarme morir: doctor, ¿cómo lo dejo a usted con los crespos hechos? Démosle a esto… y me puse juicioso y animado con la recuperación. Yo creo que el tango fue lo que me revivió…

Luis Guillermo Roldán tiene tan claro aquellos días y los cuenta en una pausa que hace en su empresa de confecciones, para compartir un rato y hablar de lo que más le gusta: el tango.

Roldán es un referente de la ‘canción ciudadana’ en Medellín, pues ha sido, al lado de Leonardo Nieto, uno de los responsables de que aún perviva el amor por esta música en la ciudad. Si la historia del tango en Medellín fuera un puente, Nieto -fundador de la Casa Gardeliana y del Festival del Tango- y Roldán, dueño del Patio del Tango, serían los postes de los que se tensarían los cables que la sostienen.

- Pienso que son muy importantes Luciano Londoño y Jaime Jaramillo Panesso. Pero me gusta saber que estoy en el abanico…en realidad he hecho mucho por el tango.
La novela de amor entre el tango y Roldán comenzó a escribirse en Manrique, cuando a principios de los años setenta se fundó en este barrio obrero la Casa Gardeliana.

Hasta esa época él escuchaba rancheras de Pedro Infante por influencia de su padre, un hombre salido de las montañas de Cañasgordas y que se trajo a Luis Guillermo a Medellín de 8 años; pero bastó ir a una presentación en Manrique para que las rancheras dejaran de rodar en su tocadiscos.

—No me gustaba el tango pero me quedé encantado. Desde ese momento fui todos los días durante ese mayo. Tomaba aguardientico. Quedé ensangrentado con el tango.

De esos primeros meses en que se quedaba hasta que ya le daba dificultad para bajar las escalas de la Gardeliana le quedó la imagen de Leonardo Nieto, un argentino un poco distante que era el símbolo y centro de ese sitio frecuentado por futbolistas argentinos y cantantes de paso por la ciudad. Pero comenzó a irse acercando, a preguntar, a participar de las actividades y hasta amigo de Nieto se volvió.

—En esos días estaban preparando el segundo Festival y como estaba engomado no entendía por qué Leonardo invitaba artistas tan costosos como Aníbal Troilo o Tito Reyes.

El primer LP que tuve en mi casa fue el de Pepe

Entonces, Roldán pensó en algo más popular donde estuvieran Pepe Aguirre, Pepe Echague, Raúl Iriarte, Armando Moreno, Oscar Larroca…que sonaban en las emisoras y en los bares.

—Estos son los que muelen, pensaba. Y me dio por preparar un festival y ¡con eso tuve! Y me metí de un todo y por todo. Fue una zambullida y no salí de ahí.

A Pepe Aguirre se lo recomendó y le pidió que lo trajera su amigo, el periodista Carlos Serna, admirador de este artista. Desde entonces, quedó una relación con este tanguero, amigo de copas y penumbras.

—El primer LP que tuve en mi casa fue el de Pepe, que luego me sirvió para entrenarlo a él mismo, porque cuando vino se le habían olvidado sus canciones y quería cantar a Gardel y yo le dije que no, que queríamos escuchar las suyas.

Roldán tuvo que prestarle el disco y una sencilla grabadora para que se quedara en el hotel a escuchar y a prepararse. Unas noches después cantó Redentoras, Mañana zarpa un barco y Frivolidad... ahí fue el inicio de una relación entre este cantante y Medellín.

Ni antes ni después hubo tanta gente en un Festival

—Ni antes ni después hubo tanta gente en un Festival. Yo quería ser como una alternativa, sin tanta pompa…y de hecho, lo hice en el Iván de Bedout…y llenamos todas las localidades los tres días …fue en el 74. Ya Leonardo Nieto había hecho los grandes festivales y yo continué.

Roldán no solo se dedicó a traer artistas sino que también involucró el tango a su mundo. Cuando tenía su fábrica de confecciones en Barrio Triste, al cabo de su jornada se llevaba a los trabajadores, que eran de Villa Hermosa y de Manrique, a escuchar tangos a los bares de Guayaquil.

—Gozábamos una barbaridad. Es que el tango me embadurnó por dentro y por fuera y yo quería contagiarlo. Me tomaba mis tragos fuerte y siempre con tangos.
Pasaron los años y Roldán siguió trayendo artistas a la ciudad, los mismos que conocía en alguno de sus 50 o más viajes a Buenos Aires, la ciudad que más disfruta en el mundo.

—En los 80 traje muchos artistas pues todos querían venir, recuerdo a Raúl Iriarte, a los solistas de D’arienzo… a Rubén Juárez, gran cantante, con su bandoneón blanco.

El Gordo era un tango vivo

—Medellín sí es tanguera, tanto tanto no; pero sí. Si no, cómo vendrían aquí. Ya viene mucha gente y gente amable y los jóvenes están entrándole al tango. Sí hay afición. Y la gente quiere a Gardel, somos gardelianos. La muerte de Gardel aquí ayudó.

Dice Luis Guillermo. Y recuerda que una noche de los años ochentas, viajó en compañía de Leonardo Nieto, del gordo Aníbal Moncada, dueño del Patio, y de otros amigos a un festival de tango en la capital cubana. Estando en La Habana, el Gordo les pidió a sus amigos que le hicieran barra para que lo dejaran cantar en un bar de la ciudad. Con tan mala suerte para el Gordo que tan pronto se encaramó al escenario, se le olvidó una canción y se bajó con el corazón en la mano.

—En La Habana fomentamos mucho la amistad. Entonces seguí viniendo a visitarlo al Patio. Él era amable, sabía anécdotas, preparaba carne especial.

Roldán cuenta mucho aquella anécdota no para mofarse del Gordo, sino, por el contrario, porque ha querido salvar al Gordo de las nieblas del olvido; a un hombre que hizo mucho por el tango y por esas “casualidades no tan casuales” de la vida, murió en junio de 2008, el día que se inauguraba el Festival de Tango.

Tras la muerte de su amigo, Roldán dejó de frecuentar el Patio, hasta una noche que acosado por la nostalgia (aunque a él esa palabra no le gusta) que quiso ir a dar una vuelta al negocio.

Cuando llegué vi un papel donde decía que venderían el negocio

—Cuando llegué vi un papel donde decía que venderían este negocio. Me dolió en el alma…me imaginé cómo sería que el Gordo viera eso…!se hubiera vuelto a morir!
Entonces para pasar esa amargura -siempre habrá una buena razón- Roldán pidió un aguardiente y no había. El único licor eran unas botellas viejas de vino, y entonces, Roldán le preguntó al yerno del Gordo, quien administraba, si acaso venderían ese negocio.

—Lo venden y lo alquilan también, me contestó. Al otro día fui y lo alquilé.
Desde entonces han pasado ocho años largos. Roldán ha mejorado el sitio y se ha encargado de seguir invitando artistas importantes a su Patio, al punto de que ya es difícil reservar una mesa en este sitio que está enclavado en el mismísimo Barrio Antioquia; ese telón de fondo ideal para la historia de un tango arrabalero.

—Le guardo el legado al Gordo. Tanto que en el logo del Patio está su imagen y algunos menos románticos que yo, me dicen que lo cambie: hombre, les contestó, si el Gordo no hubiera existido no existiría esto, ni el tango hubiera pegado aquí.

Roldán se siente contento de cuidarle la herencia al Gordo. De salvar un poco el tango para esta ciudad.

Tango hasta en su funeral

Unos días después, allá en la clínica, el médico que lo atendía lo llamó y le dijo que quería hacer una reunión con varios médicos para explicarles el caso de su recuperación.

Luis Guillermo asistió y vio que el galeno llegó a la conferencia con una grabadora y puso tangos a volumen bajo.

“La medicina se hizo para el hombre y los médicos tienen sentimientos humanos”, dice y recuerda las palabras del médico: yo creo que si le ven el corazón a este hombre es como cualquiera, pero los sentimientos que él tiene lo hacen diferente”.

Desde ese día, dice Roldán, cambió la concepción de los médicos, los cuales le parecían “muy fríos”. Y él no se explica si fue que le cambiaron el corazón y le clavaron un fuelle de bandoneón

—A lo mejor fue eso.

A Luis Guillermo el tango le salvó la vida; y él ha salvado el legado del tango en esta ciudad.

Sin embargo, dice que está viejo y no sabe hasta cuándo tendrá su Patio, pues su familia “ni regalado lo recibiría y me quebrarían los cuadros en la cabeza”. Por eso ha pensado en varias alternativas, entre ellas montar una Corporación para que el sitio no muera y reciba ayudas del Estado.

—Le agradezco a Dios varias cosas, pero la que más: que me haya dado gusto por el tango porque eso solo se lo dio a gente preferida.

GUILLERMO ZULUAGA
Para EL TIEMPO
MEDELLÍN
​En Twitter: @historiasdeasfaltos

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