El homicidio de adolescentes en Medellín, un mal combatible

El homicidio de adolescentes en Medellín, un mal combatible

Iniciativas sociales buscan disminuir las muertes y construir una nueva ciudadanía.

Adolescentes de Medellín

Los adolescentes son los actores más vulnerables de los barrios periféricos de Medellín para ingresar a grupos criminales.

Foto:

Jaiver Nieto. Archivo EL TIEMPO

Por: Alejandra Arango, Lukas Jaramillo Y Camila Uribe - Razón Pública
07 de junio 2020 , 11:49 p.m.

Durante las décadas de los 80 y los 90, la cantidad de homicidios en Medellín llegó a niveles exorbitantes, alcanzando en 1992 una tasa de adolescentes asesinados de 868 (por cada cien mil habitantes entre 15 y 19 años).

Desde entonces se han diseñado varias estrategias para reducir esas cifras. Algunas han tenido buenos resultados, pues la cantidad de homicidios ha descendido, pero todavía hay mucho por hacer.

La principal crítica a las políticas ya puestas en marcha radica en que “se quedaron a medio camino”. Empezaron con buenas intenciones y gran entusiasmo, cantaron victoria apresuradamente, pero no lograron resolver los problemas de fondo que subyacen a la gran cantidad de adolescentes asesinados en Medellín.

No prestaron suficiente importancia a la recuperación de los territorios ocupados por bandas criminales ni a la configuración de la estatalidad en los mismos. También se dejó de lado la construcción de identidad en los adolescentes de barrios populares o la preocupación por darle una segunda oportunidad a aquellos que no tuvieron la primera siquiera.

En pocas palabras, estos proyectos dejaron de lado al adolescente que está expuesto al crimen y destinado al homicidio y que es, a final de cuentas, el protagonista de la discusión.

Sumado a lo anterior, faltó una comprensión profunda de las diferentes razones que llevan a los adolescentes de Medellín a vincularse con los grupos criminales. Todo esto agotó rápidamente esfuerzos y recursos tanto del sector privado como de los organismos estatales. Atacaron el síntoma y no la causa.

La acción del Estado también ha tenido sus inconvenientes. La mayoría de los problemas recaen en la Policía, único representante de la autoridad nacional en la periferia. La política de seguridad en esta ciudad se limita a la inversión tecnológica de vigilancia y equipos para policías. Esto es bueno, pero no es suficiente.

En la sociedad todavía están arraigadas algunas creencias que dificultan el éxito de estos proyectos

Sin embargo, los gobiernos municipales (históricamente) han puesto en marcha dos antítesis: primero, es inadmisible motivar o excusar la violencia, y, segundo, no es ético ni estratégico resguardar un territorio y olvidarse de otro. Así mismo, algunas alcaldías han tenido la claridad de la importancia de cerrar ciclos de violencia.

Estas apuestas también demostraron la necesidad de contar con el apoyo de la Policía. Recuperar un gueto criminal es imposible sin su ayuda y es muy poco probable lograrlo si dicha institución no se entrena de manera particular para un programa de cuatro a seis años en un territorio concreto.

Adicionalmente, en la sociedad todavía están arraigadas algunas creencias que dificultan el éxito de estos proyectos. Afirmaciones como “el problema es la falta de valores, las familias débiles o desintegradas”, “la policía no se puede volver el papá de esos adolescentes” o “mientras existan los recursos del narcotráfico eso se va a seguir dando” conducen a la inacción y roban la esperanza de cambio.

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Casa de las Estrategias

La experiencia de trabajo en algunos de los programas oficiales fue la motivación para organizar desde la comunidad un proyecto basado en el diálogo y el trabajo en equipo. Prima la convicción de que el éxito de las políticas sociales requiere que estas sean el resultado de un proceso de cocreación entre las comunidades y las instituciones gubernamentales.

Esta propuesta implica ir más allá de la imposición de políticas formuladas desde el poder para aplicarlas hacia abajo. La cocreación es necesaria para crear un Estado protector en la periferia pobre de Medellín sociedad.

Esta ha sido la filosofía de Casa de las Estrategias, cuya inquietud desde un comienzo fue entender los factores que contribuyen a la gran violencia a la que se exponen los adolescentes en la periferia popular de Medellín. Así, empezó investigando los comienzos delincuenciales, el miedo y la reducción de homicidios de adolescentes.

Más adelante surgió la oportunidad de coordinar con medios alternativos y escuelas independientes, en medio de una red cultural de artistas. Así se abrió la sede del Centro de Estudios, localizada en la comuna 13. Se dispuso como un espacio para que los adolescentes pudieran interactuar con sus pares y recibir el apoyo por parte de adultos jóvenes entrenados y motivados, más interesados en entender que en juzgar.

El siguiente paso fue la Casa Morada, hoy conocida como Raíz Morada: una casa cultural para adolescentes construida con su participación. En ella, los jóvenes pudieron desarrollar prácticas artísticas, científicas y periodísticas. En colegios públicos, se fortalecieron los periódicos y las emisoras como parte de una formación ciudadana en adolescentes.

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Este conjunto de prácticas evolucionó hasta convertirse en una pedagogía de Editores de Ciudad, en la cual los jóvenes expresan visiones propias sobre la ciudad. Simultáneamente nació Morada Estéreo, una pequeña radiodifusora que facilita la divulgación de las ideas de los chicos.

Entre otros aspectos, se logró descubrir la importancia del espacio a la hora de motivar experiencias simbólicas y la primacía de los vínculos afectivos sobre la economía criminal. Se afirmó la posibilidad que tiene cada adolescente de cambiar y vencer su angustia, de salir (física y psicológicamente) de un gueto criminal y vivir sin limitaciones en la ciudad o mundo que habita.

Convertir la investigación en pedagogía exigió partir del disfrute que produce crear, pasar por el rigor del trabajo en equipo (y la consecuente filosofía solidaria) para llegar, finalmente, a reclamar el poder que todos tenemos y compartimos como ciudadanos.

Un denominador común en
las víctimas de homicidios era que muchos sabían ‘que los iban a matar’, lo cual permitió identificar algunas víctimas potenciales

Esta experiencia también determinó como un alto factor de riesgo la pertenencia de los adolescentes a los grupos criminales y lo fácilmente manipulables que se muestran al ingresar a los combos (pandillas o bandas). El arte y el periodismo han sido dos medios vitales para disminuir la sumisión de adolescentes frente a grupos injustos y grupos ilegales.

A modo de propuesta, se promovió la ciudadanía como una rebeldía amorosa. Esta abarca ser buen vecino, estar plenamente convencido de la no-violencia, exigir de manera comprometida la rendición de cuentas a los gobernantes y no tolerar las injusticias, entre otros puntos.

Un denominador común en las víctimas de homicidios era que muchos sabían “que los iban a matar”, lo cual permitió identificar algunas víctimas potenciales. De mano de algunos órganos estatales fue posible sacar a estos jóvenes de la comunidad en la cual se encontraban amenazados y relocalizarlos en otra comuna o con parientes en otros municipios.

Estos avances se han complementado con un programa de la alcaldía de Medellín, Protocolo Nada Justifica el Homicidio, y con una campaña cultural sobre el mismo lema, porque “ningún pelado debe ser desechable o carne de cañón”.

Hacia el futuro

La meta es eliminar los vínculos entre los chicos y las redes criminales violentas, que, en la actualidad, comienzan a los once años. Falta todavía un arduo trabajo para que sea inconcebible (para ellos) entrar en un grupo de estos.

Medellín necesita un programa especial de policía que sirva como piloto para una discusión nacional sobre esta institución. La ciudad precisa de un gran programa sobre infractores, sobre personas que ya han cumplido su condena y son aptas para la reintegración social, y sobre adolescentes que necesiten protección o un nuevo comienzo de vida.

Urge una policía inteligente, comunitaria y con una nueva espacialidad, que permita abrir una casa cultural de jóvenes en una periferia. El apoyo que ha recibido Casa de las Estrategias por parte de entidades nacionales y extranjeras le ha permitido abrir tres casas: Raíz Morada, para periodismo y estudios sociales; Frontera Morada en Cúcuta, para atender adolescentes venezolanos, y Encarrete Morada, para las prácticas artísticas adolescentes populares de Medellín.

Casa de las Estrategias es un modelo que se ha reproducido fuera de Colombia y ha emprendido un intercambio de prácticas organizacionales con organismos similares, como Azul Originario en San Salvador y el Observatorio de Favelas en Río de Janeiro.

A pesar de que todavía existen muchos obstáculos para erradicar por completo los homicidios en adolescentes, los avances obtenidos hasta el momento han reforzado el compromiso con la cocreación de ciudades y municipios en América Latina que reduzcan la angustia de los jóvenes que las habitan y logren inspirarlos de algún modo.

ALEJANDRA ARANGO, LUKAS JARAMILLO Y CAMILA URIBE*
Razón Pública*** Miembros de Casa de las Estrategias, una ONG y centro de estudios que nació en Medellín con el propósito de investigar el desarrollo de las políticas públicas y fortalecer la toma de decisiones conducentes al fortalecimiento ciudadano con adolescentes. Su foco ha sido la reducción del homicidio y el miedo en la población adolescente.

** Razón Pública es un centro de pensamiento sin ánimo de lucro, que pretende que los mejores analistas tengan más incidencia en la toma de decisiones en Colombia.

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