Así se planeó el fin del edificio Mónaco

Así se planeó el fin del edificio Mónaco

En febrero del 2019 la estructura será demolida para construir un espacio en honor a víctimas.

Edificio Mónaco

Según la alcaldía de Medellín, el 80 por ciento de quienes se acercaron para conocer el proceso de mandar el Mónaco al suelo expresaron percepción positiva sobre la demolición.

Foto:

Esneyder Gutiérrez

Por: David Alejandro Mercado Pérez
02 de diciembre 2018 , 06:58 a.m.

La voluntad de los medellinenses logró realizar este año lo que no pudieron hacer 80 kilos de explosivos en 1988: derrumbar el edificio Mónaco, propiedad del extinto capo del cartel de Medellín, Pablo Escobar.

Según la alcaldía de Medellín, el 80 por ciento de quienes se acercaron a los puntos de información para conocer el proceso de mandar el Mónaco al suelo expresaron una percepción positiva sobre esta acción, que pasará en febrero del próximo año.

“Pablo vive”. Más que una frase recurrente escrita en los ocho pisos de esta estructura, es una realidad que ni la misma alcaldía municipal se molesta en ocultar. Parado al lado de la entrada del edificio, que desde 1986 fue símbolo de la opulencia de Escobar, Manuel Villa, secretario privado de la alcaldía, mira la frase escrita en una de las fachadas. “Pablo Escobar está muerto, pero vive, como se ve en este muro. Vive en imágenes, pero sobre todo, vive en la mente. A nosotros nos dicen que queremos acabar con Pablo Escobar tumbando el edificio Mónaco, pero eso no es cierto, porque sabemos que Pablo Escobar es mental”, explica Villa.

(Demoler el Mónaco) es una lucha para competir con una parte de la historia a fin de reivindicar los valores de una ciudad con una herencia maldita del narcotráfico.

Una afirmación que avala la foto tomada por el rapero Wiz Khalifa en esta edificación, o las tantas que día a día se toman quienes pagan los narcotours que se hacen en la capital antioqueña, impulsados por los misterios que envuelven al edificio Mónaco: el lugar donde alguien aseguró fotografiar el fantasma de Escobar, donde dicen que hay una guaca enterrada; el sitio que el capo construyó justo al frente del Country Club como respuesta cuando le negaron la membresía.

Sin embargo, para la alcaldía, demoler el Mónaco no es una estrategia en contra de Escobar. Es una lucha para competir con una parte de la historia a fin de reivindicar los valores de una ciudad con una herencia maldita del narcotráfico.

Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín, reitera que lo que se busca es “desmantelar una estructura mental porque hemos permitido que se cuente solo una parte de la historia y necesitamos reivindicar los valores”.

Para él, esa cultura mafiosa es lo que más daño le ha hecho a la ciudad, tergiversando los valores. “La discreción la convirtió en chicanería, el trabajo honesto y duro lo volvieron dinero fácil y en un pensamiento del ‘vivo vive del bobo’; y lo peor, le quitaron el valor a la vida para ponerle un precio”.

De allí la importancia de saber qué se hará en el Mónaco. Según Villa, la primera opción que tuvo la alcaldía fue repotenciar el edificio para hacer allí un museo, algo que quedó descartado por los altos costos.

Interior del edificio Mónaco

Así se ve el interior del edificio Mónaco, que será derrumbado en febrero del 2019.

Foto:

David Alejandro Mercado

Interior del edificio Mónaco

Así se ve el interior del edificio Mónaco, que será derrumbado en febrero del 2019.

Foto:

David Alejandro Mercado

Interior del edificio Mónaco

Así se ve el interior del edificio Mónaco, que será derrumbado en febrero del 2019.

Foto:

David Alejandro Mercado

Interior del edificio Mónaco

Así se ve el interior del edificio Mónaco, que será derrumbado en febrero del 2019.

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David Alejandro Mercado

Interior del edificio Mónaco

Así se ve el interior del edificio Mónaco, que será derrumbado en febrero del 2019.

Foto:

David Alejandro Mercado

Un estudio de la Universidad Nacional de Medellín determinó que readecuar la estructura para hacer uso de esta costaría 33.000 millones de pesos e incluiría cambiar la mampostería y poner a funcionar los elevadores, la iluminación y un nuevo sistema de aguas.

Luego, a esa millonaria inversión habría que hacerle una adición para instalar el museo que se había planeado. Es decir, no demoler el Mónaco le habría costado a la ciudad aproximadamente 50.000 millones de pesos.

“Para nosotros es argumento de peso que hace inviable esa opción. Por eso decidimos aprovechar otra alternativa que era demolerlo, cuyo costo sería de 2.600 millones de pesos, para hacer allí un memorial, que será un espacio público para las víctimas. El costo final de esta idea no superaría los 15.000 millones de pesos.

Sin embargo, la decisión no fue monetaria. Hacer el memorial en honor a las víctimas de la narcoviolencia de la ciudad es ir acorde a lo expresado por la mayoría de los medellinenses, quienes tuvieron la oportunidad de votar y proponer qué hacer con el Mónaco.

No podemos desconocer la historia, pero sí podemos darles espacio a otros protagonistas de esa historia.

Más de 800 personas participaron en los llamados talleres de imaginarios, de los cuales el 36 por ciento optaron por hacer un espacio público donde hubiese un memorial para las víctimas. La mayoría coincidió en un espacio público que reconstruya la historia a través del arte y la cultura.

“Decidimos hacerlo así porque los símbolos no se imponen, tienen que ser una conversación de ciudad. Entendemos que hay quienes se oponen, pero la mayoría de la ciudad quiere que se haga. Por eso se realizó un concurso para elegir el diseño que tendrá este memorial. Esperamos que en las primeras semanas de diciembre se entreguen los resultados”, indica el funcionario.

Los tres primeros puestos recibirán poco más de 350 millones de pesos así: el primero tendrá un reconocimiento de 77 millones de pesos y el derecho a suscribir el contrato de consultoría por 249 millones. “Este tendrá como objeto el diseño a nivel de proyecto urbanístico, paisajístico y arquitectónico y el desarrollo de los diseños técnicos”. El segundo y tercer puesto obtendrán 15 y 10 millones, respectivamente.

Una vez derribado el Mónaco, habrá un mes para remover los escombros y comenzar la construcción del memorial (que no tiene nombre todavía), que podría tardar siete meses.

No es una acción aislada

La actual administración confía en que puede crear un nuevo símbolo que no va a negar el pasado. Villa detalla que quien visite el memorial verá al edificio Mónaco y sabrá que Escobar vivió allí.

“No podemos desconocer la historia, pero sí podemos darles espacio a otros protagonistas de esa historia. Que la gente conozca que vivimos tiempos hasta con 10 bombas en un solo mes. Que en los últimos tres meses de 1989, el país sufrió 100 atentados con bombas. Mucha gente pasa por El Tesoro, la Macarena, San Juan, la Aguacatala y no sabe que allí hubo atentados, dolor, muerte y víctimas. No se pueden desconocer casi 50.000 muertes de 1983 a 1994 (6.809 en 1991, el año más violento en la historia de la ciudad)”, opina.

No es una acción aislada. Así como los narcotours tienen diferentes destinos que hacen apología a la época del narcotráfico, tumbando el Mónaco se busca que los visitantes encuentren lo mismo, pero contado del otro lado para complementar la historia.

Una de las estrategias es que el Museo Casa de la Memoria traslade, de manera permanente, la sala Medellín 70, 80 y 90 y la gente conozca todo lo que vivió la ciudad en esas tres décadas. “Nosotros no tenemos ni ‘Tour de la memoria’, ni mapa de la memoria, ni obras de arte en los lugares donde hubo atentados. Tampoco tenemos novelas, series, museos o memoriales. Todo lo que sí tiene el lado del narcotráfico”, asegura Villa.

Para que la estrategia funcione, el funcionario reconoce que esta debe trascender la administración, pues en un año de alcaldía que queda, no se podrá borrar esa cultura.

Queremos que la invitación sea tan fuerte que debe ser de la sociedad y no de la alcaldía de Federico. El próximo año tenemos que ser lo suficientemente potentes para atraer a todos los actores de la sociedad a fin de que se vinculen en múltiples acciones, pero no puede ser un discurso oficial o una imposición de la alcaldía, queremos que sea algo que brote naturalmente de la sociedad”, asegura Villa.

David Alejandro Mercado Pérez
Corresponsal de EL TIEMPO

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