Excombatientes y víctimas del conflicto se unen a cantar en Navidad

Excombatientes y víctimas del conflicto se unen a cantar en Navidad

22 personas, antes actores de lado y lado del conflicto, cantarán hoy entre historias de perdón.

Coro navideño entre eccombatientes y víctimas del conflicto

68 músicos de la Orquesta Filarmónica de Medellín se fusionan con un coro de excombatientes y víctimas del conflicto.

Foto:

Jaiver Nieto. ETCE

Por: Isabella M. Quiceno
11 de diciembre 2019 , 06:10 a.m.

Parada está sobre el escenario. Se prepara para su momento como solista, la melodía empieza y su voz se alza sobre el barullo.

Ella se llama Libertad, es hija de un excombatiente y Noche de paz es el villancico con el que cautiva en su momento musical. Una escena de ensueño alrededor de estos tres hechos.

Las melodías de las flautas, los cornos franceses, las liras, las de los violines y los violonchelos de la Orquesta Filarmónica de Medellín (Filarmed) están acompañadas de las voces de un coro que, a simple vista, puede parecer normal.

Pero no lo es. A la voz de Libertad se unen los cantos de otras 21 personas, entre excombatientes y víctimas del conflicto, quienes se unieron en torno a la música. Un coro que se hizo en ensayos sabatinos de dos horas durante más de cuatro meses. Un coro que nació de la resiliencia.

Y detrás suyo, como parte del grupo que, sin etiquetas, surgió de la horizontalidad que solo ofrece el perdón, se encuentra Yeferson Andrade Mosquera, quien vivó el conflicto desde sus entrañas.

El joven de 25 años cuenta historias de guerra como si ya hubiera vivido 50; nació y creció en el corregimiento de Amparraidó, del Alto Baudó, en el Chocó, el departamento de la esquina noroeste colombiana que a veces parece al otro lado del mundo.En uno de los lugares donde las balas no se confundían con el sonido de la pólvora, porque siempre eran balas y se escuchaban todos los días.

Era normal escuchar cuando se levantaban a tiros ahí mismo, al lado en la casa de uno. Yo crecí como con esa sangre a mi alrededor

Y como él mismo lo dice, Yeferson es un personaje al que la vida se le dividió en dos etapas. La primera, en su época pueril, cuando teniendo 10 años ingresó, de manera voluntaria, dice, al frente Resistencia Cimarrón del ELN, en la selva chocoana.
“Uno creciendo entre tanta violencia, los bandos, y entre las armas, era normal escuchar cuando se levantaban a tiros ahí mismo, al lado en la casa de uno. Yo crecí como con esa sangre a mi alrededor”, relata.

Y aunque no se imaginaba que ese era su futuro, las jugadas del destino lo condujeron, de manera inminente, hacia las armas. Y se fue, “porque era muy duro… porque en mi pueblo no había nada, solo pobreza”, y las opciones de progreso, remotas.

Pero se retiró el fusil a los 16 cuando se dio cuenta de que la sangre que pintaba la tierra no era lo que sus ojos querían ver, ni lo que para su vida esperaba.

Abandonó el frondoso tapete verde chocoano y emprendió su propio éxodo a Medellín, ciudad donde se refugió en el programa de Paz y Reconciliación, ahí empezó la segunda etapa de su vida. Comenzó a estudiar y ya cursa noveno grado.

Coro navideño entre eccombatientes y víctimas del conflicto

Yeferson Andrade Mosquera ingresó al ELN a los 10 años y se retiró a los 16. Actualmente, tiene 25 años y cursa noveno grado. Su pasión es la musica y ya ha sacado tres sencillos

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Isabella Morales

“He hecho muchas cosas, siempre me gustó la música, pero lo veía como algo lejano. Comencé a ensayar desde los 18, a hacer reguetón”, cuenta con un orgullo exorbitante
.
Tiene una sonrisa amplia que marca las hendiduras alrededor de sus gruesos labios y que enmarcan unos dientes brillantes y alineados. Su cabello pintado de rojo está cubierto con un un gorro navideño del mismo color que combina con la bufanda a rayas que rodea su cuello.

Y a través del coro, su historia se entrelaza con las de los que, en algún momento, estuvieron en el otro lado, pero a los que hoy les roza los hombros entonando villancicos.

Como María Isabel Palacio, quien en el departamento limítrofe al de Yeferson, el que queda al otro lado del río Atrato, Antioquia, vivía su propia guerra. Otra, diferente, pero, a la vez, la misma: el conflicto armado interno colombiano.

En 1988, seis años antes de que Yeferson naciera, Palacio, de 19 años, lloraba la pérdida de su padre y de su hermano, quienes fueron asesinados con una semana de diferencia, por las hoy desaparecidas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc).

Sucedió en el barrio Robledo, donde años después padeció, además, el desplazamiento. Y llegó hasta Santa Cruz, de donde también le tocó salir de manera forzosa en 2001.

Su semblante anuncia perdón y tranquilidad porque entendió que la sanación la iba a encontrar en su alma

Hoy se declara hija adoptiva de Itagüí, su semblante anuncia perdón y tranquilidad porque entendió que la sanación la iba a encontrar en su alma.

Y así fue como dejó ir el dolor, para hoy poder bailar al ritmo de Faltan cinco pa’ las 12 acompañada de 68 músicos profesionales de la Filarmed, y al lado de personas a las que considera sus iguales, pero que décadas atrás pudo odiar, como ella misma expresa.

La música, instrumento de reconciliación

Las personas que sonríen en el escenario no están parados allí de manera fortuita.
Para lograr este hecho se unieron la Orquesta Filarmónica de Medellín, la Agencia para la Reincorporación y la Normalización y la Unidad de Víctimas. 
El coro ´Reconciliación´, que es el fruto de los esfuerzos y la constancia de los profesores y de la voluntad y disposición de los cantantes, empezó sin categorías.

Nadie sabía quién era quién, excepto cada uno. Un grupo donde no había ni exguerrilleros, ni exparamilitares, ni víctimas, sino sopranos, contraltos, tenores y bajos, que solo se dedicaron a hacer música.

Siempre tenemos un discurso que es que la música es capaz de trasformar las vidas y las sociedades, pero rara vez tenemos la posibilidad de evidenciarlo como ahora

Se trata del resultado de un proceso que implicó grandes desafíos, como comenta María Catalina Prieto, subdirectora de programación de la Filarmed. “Siempre tenemos un discurso que es que la música es capaz de trasformar las vidas y las sociedades, pero rara vez tenemos la posibilidad de evidenciarlo como ahora”, expresa.

Coro navideño entre eccombatientes y víctimas del conflicto

En el coro no se habla de excombatientes o víctimas, sino de sopranos, contraltos, tenores y bajos, que solo se dedican a hacer música.

Foto:

Jaiver Nieto

Los conciertos son gratuitos. El primero se realizó el pasado jueves, 5 de diciembre, en el centro comercial Oviedo. El próximo se realizará hoy, 11 de diciembre, en Ciudad del Río, a las 4 p. m. y el último será el próximo 17 de diciembre, en el Parque Explora, también a las 4 p. m.

“Yo creo que si ellos que han vivido unas historias tan difíciles son capaces de resignificar sus relaciones y estar cantando una misma canción y celebrando la Navidad juntos, cada uno de nosotros como personas somos capaces de hacerlo, que nada es tan grave, que podemos superar todo y que son grandes maestros y un gran ejemplo de vida”, concluye Prieto.

ISABELLA M. QUICENO
Para EL TIEMPO
MEDELLÍN@Isamquiceno

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