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En operativos nocturnos rescatan a menores explotados en Medellín
Operativos en Medellín para rescatar menores de edad

Los operativos, en la noche de jueves, viernes y sábado, buscan rescatar al mayor número posible de niños, niñas y adolescentes.

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Jaiver Nieto/ ETCE

En operativos nocturnos rescatan a menores explotados en Medellín

Viven en la calle  y padecen explotación sexual o son usados para la mendicidad. 

Dos jovencitas, una rubia y otra de tez morena, corren raudas buscando coronar el camerino ubicado al fondo del bar antes de que los policías y funcionarios de la Alcaldía que acaban de llegar al sitio de estriptís las vean.

Cuando las luces se encienden de manera abrupta, se ve a otra que intenta seguirlas, de cabello largo azabache, piel canela y escote trasero que le llega hasta la base de la cintura; pero al percatarse de que no logrará su cometido, opta por erguirse lo más que puede sobre sus tacones puntiagudos, para alcanzar más de 1,70 metros de estatura y, de contera, pone una expresión de amplia conocedora del agite nocturno al tiempo que voltea la cara antes de que la delaten sus facciones aun infantiles.

Esta noche, el operativo oficial busca rescatar el mayor número posible de niños, niñas y adolescentes que viven en la calle o en situación de calle, padecen explotación sexual comercial, son usados para la mendicidad u otras formas de explotación laboral, que son articulados a redes de delincuencia o que sucumben ante las drogas en el centro de Medellín.

“Previamente hay un trabajo de observación que cumple el equipo psico-social que hace presencia constante en el territorio, con el fin de captar situaciones en que presuntamente se les esté vulnerando sus derechos”, explica María del Pilar Rodríguez, directora de la Unidad de Niñez, dependencia que coordina la jornada.

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El punto de encuentro es el patio central de la estación Candelaria, donde un ‘ejército’ de funcionarios, entre policías, Alcaldía de Medellín, Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y Personería de la ciudad discuten la estrategia con plano en mano. Son unos 50 en total.

Hora: 9:07 p. m. Hasta ahora el sitio donde se concentrará la acción era secreto, pero acá se revela que será en la carrera Cundinamarca, entre la avenida De Greiff y la calle Juanambú, una especie de triángulo que abarca también el parque Gustavo Rojas Pinilla.

La vida se les va en pagar una habitación en un hotel, un inquilinato o una pieza, y viven el día a día (...) la mayoría también para el consumo de sustancias psicoactivas

Tras esto, los carros oficiales cruzan las calles céntricas hasta llegar al perímetro acordado. Los funcionarios de Espacio Público y policías cierren las entradas con vallas mientras que el resto va haciendo la ‘toma’ de los bares y otros establecimientos nocturnos.

Es viernes y aunque la pandemia manda tener precauciones especiales, parece época de fiesta en este pedazo de ciudad. Los vallenatos, reguetones y música popular a todo volumen compiten entre sí en un cuadrante que de día dominan la congestión y los pitos ensordecedores de los carros.

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En medio de la penumbra deambulan hombres y mujeres de edades difíciles de definir, con bolsas o frascos llenos de pegante y sus miradas puestas en cualquier parte. El olor a marihuana pulula, así como los corrillos de mujeres que ofrecen sus cuerpos. Tres jovencitas que cruzan Juanambú comentan sobre un ‘perico’ que fue de todo su agrado la noche anterior.

“La mayoría de los chicos que habitan en estos sectores de la comuna 10 no viven con su familia. Por lo general, su núcleo familiar está en otra ciudad o en un barrio. La vida se les va en pagar una habitación en un hotel, un inquilinato o una pieza, y viven el día a día: consiguen dinero para su sustento, para la pieza y la mayoría también para el consumo de sustancias psicoactivas”, explica uno de los miembros del equipo profesional de la Secretaría de Inclusión Social, Familia y Derechos Humanos.

El primer indicio de algo que desencaja en ese contexto sórdido es una pareja que lleva a una niña de la mano.

Mientras quien dice ser el papá va por los documentos que acreditan su condición, la mamá explica que viven en una pensión cercana, que ella trabaja despachando taxis en las afueras de un centro comercial vecino y que si están a estas horas con su hija en la calle no es porque estén mendigando o realizando alguna actividad económica con ella, sino porque le prometieron invitarla a comer hamburguesa.

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Al preguntarle la edad, la niña extiende toda la mano derecha y un dedo de la izquierda para indicar que tiene 6 años; luego, hábilmente una de las psicólogas le pregunta si le gusta trabajar; ella responde que sí y la madre entra rápida a ripostar que la niña no trabaja, que lo que hace es estudiar, ahora de manera virtual, y muestra un cuaderno con planas de letras y figuras geométricas. Al llegar el hombre con el registro civil, los dejan ir debido a que la niña parece bien cuidada, no obstante que en la expresión de la pareja se nota la tez cetrina que dejan las drogas.

Casi a la medianoche, en un último envión, pues es claro que la ventaja de la sorpresa ya desapareció, el operativo hace blanco en el sitio de estriptís de la primer escena de este relato, donde las tres chicas tratan de esquivar la acción oficial.

Una policía de Infancia y Adolescencia dialoga con las dos que parecen niñas delante de los gabinetes donde las mujeres que participan del show dejan la ropa de calle.

Ambas insisten en que son mayores de edad y hacen amagues de enviar mensajes de WhatsApp para que les manden fotos de sus cédulas. Una, incluso, la más menuda, que si acaso aparenta 15 años, arguye que tiene tres hijos que están en un proceso con el ICBF.

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Aun con el riesgo de fracasar en el intento por rescatar a las tres de las vicisitudes de este mundo de explotación, algo enfadada por la dificultad de no poder corroborar en terreno las edades y luego de contar con el visto bueno del Defensor de Familia que acompaña la acción, Pilar Rodríguez ordena que las lleven al Centro de Diagnóstico y Derivación, en Robledo, paso inicial para el despliegue de los programas de la Alcaldía de Medellín en su favor.

Al final, el balance de la noche indica que se logró el rescate de 5 adolescentes –incluida una que iba por la calle borracha– se intervinieron 3 bares, un local de residencias y un hostal.

Igualmente, se activó la ruta de salud (vacunación-crecimiento y desarrollo) e identidad (registro civil) con dos niños y se sensibilizó a la gente sobre las diferentes vulneraciones a las que están expuestos los niños, niñas y adolescentes.
La intención es realizar operativos similares cada fin de semana (jueves, viernes y sábado) en sitios previamente determinados con el fin de efectuar el restablecimiento de sus derechos.

NÉSTOR ALONSO LÓPEZ LÓPEZ
PARA EL TIEMPO
@nesperiodista

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