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Así es el proyecto que pretende hacer turística La Sierra, en Medellín
Turismo en La Sierra

Un grupo de 20 mujeres huerteras, administran un total de 28 huertas comunitarias.

Foto:

Esneyder Gutiérrez

Así es el proyecto que pretende hacer turística La Sierra, en Medellín

El barrio ha sido estigmatizado por la violencia que vivió en los años 2000.

“Lo que no se conoce, no se ama. Lo que no se ama, no se habita y lo que no se habita, no se cuida”.

Este hermoso y aleccionador encadenamiento de palabras no es simplemente una frase instructiva y, mucho menos, publicitaria. Esa sentencia refleja el espíritu de la fundación Compas Urbano y sus recorridos denominados Bajo La Piel De Medellín que, con el apoyo del Bureau Medellín y la participación de las comunidades, se han propuesto mostrar algunos de los lugares más especiales de la ciudad con el fin de que más personas se enamoren y conozcan mejor a la capital antioqueña, sus territorios y su cultura, y así aportar a la transformación de ella.

La idea, en general, es lograr que, al igual que sucede con la Comuna 13, los habitantes del interior del país y del exterior visiten otros barrios o comunas de la ciudad.

Es así como la renovada comuna 8 o Villa Hermosa espera convertirse en un nuevo destino turístico. La comuna 8 está ubicada en la zona centro oriental de la ciudad y la componen, oficialmente, 18 barrios reconocidos por la Administración Municipal.

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Sin embargo, según cifras de líderes sociales de la zona, en la actualidad son 36 barrios. Entre estos, sobresalen, además de Villa Hermosa, La Sierra, Caicedo, La Toma y El Pinal. Allí también se destacan el metrocable Línea, están la UVA Sol de Oriente y el jardín circunvalar Pan de Azúcar.

Lugares que, al igual que otros de la ciudad, sufrieron en el pasado la violencia y estigmatización
producto de la presencia en sus territorios de grupos armados ilegales: desde las llamadas milicias populares, pasando por la delincuencia común y terminando con los paracos.

Pero, ahora quieren mostrar las transformaciones que han logrado y los espacios de esperanza que tienen gracias a iniciativas, principalmente, comunitarias.

Un ejemplo de esto es el proyecto ‘La Sierra es otro cuento’, que lidera la Mesa de Trabajo Juvenil del barrio y cuyo objetivo es cambiar el estigma que los asoló. La Mesa propone una serie de recorridos por el sector y un trabajo con la comunidad.

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Hasta ahora son tres los planes que tienen consolidados como atractivos para ofrecerles a los visitantes.

Saborear un café
Café de La Sierra

Norman Eusse, finca La Increíble, en el barrio La Sierra.

Foto:

Esneyder Gutiérrez

El primero es conocer el proceso del café que se cultiva en las laderas de la finca La Increíble, en el barrio La Sierra. La familia Eusse, en cabeza de Norman Eusse, un hombre de 70 años con un ingenio único para fabricar cualquier cosa a partir de piezas recicladas, produce uno de ellos. También creó su propia planta de producción incluyendo tostadora, molino, trilladora.

El visitante podrá, entonces, conocer la transformación del grano desde la siembra hasta la taza. “Todo lo que tengo lo hemos inventado en familia y queremos mostrarles a las personas lo que hacemos en pro de toda la comunidad”, dice Eusse.

Pasó de ser una casa del terror a una casa del encuentro, un sitio donde se realizan ejercicios de recuerdo, de resistencia y conmemoración.

Música y bailes ancestrales

Como contraste con los olores frutales del café y los colores verdes y rojos de sus cultivos, hace cuatro años nació en esas mismas laderas el grupo musical Pastoral Afro, dirigido por Juan Andrés Ruiz.

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Ruiz le dio forma a esta idea estando vinculado a la parroquia Santa María, A su vez es uno de los músicos de la agrupación.

Desde su liderazgo en el grupo busca rescatar, defender y promover las costumbres afro chocoanas dentro de la comunidad, a través de la música y la danza del pacífico colombiano.

A pesar de que las mujeres integrantes del grupo, en su gran mayoría, nacieron en Medellín y no han vivido la crudeza de la guerra y la pobreza, quieren conservar y replicar sus costumbres porque nunca olvidan las historias de sus madres y abuelas desplazadas del Chocó y otras regiones costeras que sí sufrieron la violencia y la pobreza.

El grupo Pastoral Afro está compuesto por 12 cantaoras alegres y resilientes que, acompañadas con marimbas, tambores, cánticos y bailes con vestidos coloridos, muestran que la comuna 8 es un territorio amable, diverso y de brazos abiertos.

Turismo en La Sierra

Cantaoras integrantes de grupo musical Pastoral Afro.

Foto:

Esneyder Gutiérrez

La casa del terror

Otro lugar de interés es La Casa Vivero Jairo Maya. Desde mediados de la década de los 90, hasta el 2008, fue el sitio de acciones de violencia del bloque Cacique Nutibara de las Auc. En esa casa se planeaban y realizaban actos violatorios de los derechos humanos. Incluso la llamaban ‘la casa de pique’.

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En la actualidad es utilizada por las víctimas para resignificar el territorio y, gracias al trabajo comunitario de los habitantes del barrio, la casa pudo ser transformada no solo desde lo físico, sino también desde lo simbólico.

Pasó de ser una casa del terror a una casa del encuentro, un sitio donde se realizan ejercicios de recuerdo, de resistencia y conmemoración.

Las huerteras
Huerteras en La Sierra

Las huertas nacieron hace 13 años cuando un grupo de desplazados las creó para proveerse de comida y generar un ingreso básico.

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Esneyder Gutiérrez

Elizabeth Henao Loaiza, a quien un día la violencia tocó a su puerta y le dejó como saldo la pérdida de su esposo y el tener que desplazarse desde Ciudad Bolívar y llegar a Pinares de Oriente hace 16 años, es una de las mujeres huerteras que administran un total de 28 huertas comunitarias.

“Con esto he aprendido mucho en la vida. Por eso, ahora, mi propósito es enseñar lo que es el campo, las raíces campesinas, transmitirles a las demás personas qué significan las huertas para nosotras, de dónde venimos y nuestros procesos de catarsis, de aprendizajes, saberes, y de lucha por la vida, por el amor a los nuestros, a los que nos quedaron”, dice Henao.

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Las huertas nacieron hace 13 años cuando un grupo de desplazados, que llegó al barrio Pinares de Oriente, cambió el recorrido. Es decir, ya no tenían que ir a las plazas de mercado del valle de Aburrá a recoger comida del piso. Crearon las huertas comunitarias donde se proveerían de comida, podrían generar un ingreso básico y, fuera de eso, brindarles un aporte para evitar que las personas siguieran construyendo sobre las laderas.

Las huertas hoy no solo sirven como una dispensa de frutas, verduras y plantas especiales, también son una forma de apoyo a las economías de las familias.

Un completo proceso, integrado por líderes sociales y comunidad, ha permitido que la comuna 8 haya reconfigurado el territorio y generado un activo social muy importante. “Hablar de la comuna 8 ya no es venir hablar de un proceso violento o de estigmatización, es venir a reconocer una comuna resiliente y empoderada”, asegura Rubyselen Ortiz Sánchez, líder social.

ESNEYDER GUTIÉRREZ
PARA EL TIEMPO
MEDELLÍN

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