‘Escribí este libro para sanar, fue un asunto terapéutico’

‘Escribí este libro para sanar, fue un asunto terapéutico’

Rochi Montes narró su experiencia como agente de policía en tiempos del cartel de Medellín. 

rochi

Rochi Montes presentará su libro en la Filbo, en Bogotá, como un homenaje a las mujeres policías víctimas del conflicto.

Foto:

Guillermo Ossa

Por: Miguel Osorio Montoya 
23 de marzo 2019 , 08:00 a.m.

Era 1990 cuando esta historia sucedió. El país, en aquella época, vivía una cruenta guerra entre el Estado y el cartel de Medellín. Los extraditables, como se hacían llamar, no habían dudado en estallar bombas, crear un ‘plan pistola’ para asesinar policías o secuestrar políticos y periodistas con tal de ‘tumbar’ la extradición.

Ese mismo año, en el mes de abril, fue secuestrado el senador Federico Estrada Vélez. Un intenso operativo de búsqueda se implementó en Medellín para dar con el político raptado.

Fue ahí cuando le tocó entrar en acción a Rochi Montes, quien para ese entonces se desempeñaba como docente en derechos humanos y primeros auxilios dentro de la Policía. La misión era clara: montar un operativo en el municipio de La Estrella, al sur del valle de Aburrá, para evitar que Estrada Vélez fuera sacado de la ciudad por sus captores.

Esa operación, a la que tuvo que ir por un llamado improvisto, es el punto de partida de Operativo antisecuestro, el libro en el que Rochi Montes narra cómo ese infausto día de 1990 cambió su vida para siempre. En parte, dice, escribió esta historia como una manera de catarsis, de liberarse de lo que pasó hace 28 años.

Hace unos 10 años tenía la idea de escribirlo, apenas hace tres me decidí a hacerlo. Quise que fuera un homenaje a los policías, a la bella e importante labor que cumplen

La autora dice que la idea de escribirlo nació de ella como un sentimiento espontáneo, como algo que simplemente debía hacer. “Fueron en total tres años de escritura. Fue un ejercicio doloroso pero muy gratificante. Mi misión era clara: contar de una manera sencilla, humilde, pero también con algo de orgullo, lo que había pasado”, comenta.

Era la mañana del 3 de abril de 1990. El operativo ya estaba listo: Rochi y unos 30 compañeros habían montado un retén en La Estrella, en el sector de Calle 5.

Y, a pesar de que su trabajo en la institución era más sosegado, pues dentro de sus labores estaban la enseñanza y la apacible labor de la bibliotecología, tuvo que poner el pecho y prepararse, sin siquiera saberlo, para lo que venía.

Sobre las 11:45 de la mañana detuvieron a una buseta. La intención era requisar a cada uno de los pasajeros: cualquier muchacho podía ser secuaz de los secuestradores. Un compañero de Rochi subió al vehículo. Una vez estuvo allí, un hombre joven lo apercolló y lo hizo bajar de nuevo a tierra. Se había convertido en su rehén.

La escritura de este libro fue un proceso muy terapéutico. En realidad, lo que muestro es que los colombianos somos muy resilientes

Rochi recuerda los hechos con sosiego, sin muestras de rencor. En el libro, más allá de recordar la fecha en que cambió su vida, se propuso hacer un homenaje a los policías del país.

“Hace unos 10 años tenía la idea de escribirlo, apenas hace tres me decidí a hacerlo. Quise que fuera un homenaje a los policías, a la bella e importante labor que cumplen. Aquí mucha gente odia la autoridad y por extensión a los policías. Había que mostrar la importancia de ellos”, anota.

El texto fue presentado en el Museo Casa de la Memoria, en Medellín, con una buena asistencia de público.

Pero las pretensiones de Rochi van mucho más allá: Operativo antisecuestro será presentado en la Filbo, en Bogotá, el próximo abril.

Para Rochi, este espacio que se le hace en una de las ferias del libro más importantes del continente es un espacio ideal para hacer homenaje a las mujeres policías que fueron víctimas de la época de la guerra contra el narcotráfico.

El desenlace

Una vez abajo del vehículo, el hombre que tenía al policía de rehén empezó a gritar improperios y, de manera temeraria, decía que “todos se iban a morir”.

Fue entonces cuando Rochi notó que el hombre llevaba una granada en una de sus manos. Para intimidar a los agentes y a los curiosos que ya se acercaban a ver qué era ese escándalo, le quitó el seguro a la granada y la mantuvo en la mano.

Lo que siguió fue un proceso de negociación. “Le dije a él que soltara al compañero, que razonara. Pero el hombre estaba furioso, era muy soez. Entonces me di cuenta de que llevaba explosivos en el cuerpo”, narra.

El delincuente parecía no escuchar razones. La situación se hacía cada vez más angustiante.

Rochi cuenta que muchas veces lloró recordando aquel día. Pero, por encima de la tristeza, dice que estuvo la superación. “La escritura de este libro fue un proceso muy terapéutico. En realidad, lo que muestro es que los colombianos somos muy resilientes”.

El rumbo de las cosas cambió muy rápido esa mañana. Un francotirador, no se sabe muy bien de dónde, le disparó al delincuente. Le dio en la cabeza. El hombre se desplomó.

Rochi, que nunca hizo un disparo fuera de la academia, comenzó a gritar para que no volvieran a impactar al sujeto. Sin embargo, no había nada qué hacer; ya era carne inerte sobre el suelo.

Le dije a él que soltara al compañero, que razonara. Pero el hombre estaba furioso, era muy soez. Entonces me di cuenta de que llevaba explosivos en el cuerpo

Entonces una nueva preocupación, ahora más apremiante, cayó sobre Rochi: la granada había quedado en el suelo. Tenía unos 10 segundos para agarrarla y lanzarla lejos. Miró a los lados, en todas partes había gente. Si la pateaba, como pensó, iba a caerle a los curiosos encima.

En ese momento, de soslayo, vio que cerca del lugar pasaba una quebrada. Agarró la granada para lanzarla allí, pero fue demasiado tarde. Explotó en su mano.

Rochi perdió un brazo, duró casi siete meses sin caminar y pasó por un proceso de rehabilitación más que doloroso. Todavía recuerda, con imágenes nítidas, esos tiempos en que sintió desesperanza y dolor. Sin embargo, cuenta, logró salir adelante con tenacidad.

En 1992, dos años después del accidente, logró la pensión de la Policía. Luego de eso estudió sicología y hasta ahora se desempeña en lo que más le gusta: la docencia.

A pesar de lo que pasó, Rochi se siente feliz de haber seguido los pasos de su padre, quien fue policía y le sirvió de inspiración vocacional.

En cierta medida, el texto puede leerse también como un homenaje a la profesión.
El libro es, cree ella, una manera de terminar de sanar lo sucedido ese día que parece ya lejano en su vida.

Los 1.000 ejemplares que auto publicó están a la espera de lectores que quieran acercarse a esa historia de dolor y resiliencia.

MIGUEL OSORIO MONTOYA
Para EL TIEMPO
Medellín
En Twitter: @MigoroMontoya

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