Así fue la primera vez de exguerrilleros en un estadio de fútbol

Así fue la primera vez de exguerrilleros en un estadio de fútbol

Algunos exintegrantes de las Farc y sus familias disfrutaron de Medellín y del estadio. 

Excombatientes por primera vez a la cancha

Por primera vez desde que se reintegraron a la vida civil, un grupo de exintegrantes Farc disfrutaron del estadio y otras zonas de Medellín.

Foto:

Cortesía Pueblo Verdolaga

Por: Isabella M. Quiceno
21 de octubre 2019 , 06:30 a.m.

La perilla se mueve navegando entre frecuencias hasta que, finalmente, se hacen audibles las preliminares. Primero la formación, los comentarios del encuentro y luego, el emocionante pitazo inicial.

El oído, el único de los sentidos que le permite vivirlo. Porque los otros, como la vista y el tacto solo la ven y la sienten a ella: En el monte la selva, la ponzoñosa selva, la inhóspita selva, la implacable, hostil y arbitraria selva.

El calor tórrido traspasando el camuflado y las suelas de las botas arañando la tierra. La selva uniforme, porque el número de hectáreas transitadas ya fue olvidado. Y todo se ve igual.

El fusil al suelo y la radio al hombro. Ahí estaba, al otro lado, a través de ese aparato que todo lo transmite, cuyas ondas viajaban a través del aire aun cuando el cielo se caía gota a gota. Los minutos emocionantes, los minutos decepcionantes. El partido. Atlético Nacional, su equipo, contra cualquier otro. Liga Colombiana o Suramericana. En cualquier encuentro. En cualquier momento.

José Tomás Incel Quejada se confinó desde los 12 años en el monte y nunca imaginó, ni en sus más ambiciosos sueños, que 19 años después, luego de haber padecido y celebrado a su equipo mientras el conflicto recrudecía, iba a hacerlo en su sede gloriosa: en el estadio Atanasio Girardot. La estructura monumental que se hacía inmensa en la pantalla de 14 pulgadas de cualquiera de los caseríos, si es que podía verlos y no solo escucharlos.

"Es tan grande como lo imaginé”, dijo mientras contemplaba la cancha

La quimera. Pudo palpar la verde gramilla del escenario deportivo con sus gruesos dedos mientras vestía una camiseta autografiada por el equipo de sus amores. Su verdolaga, el mismo al que le hacía barra en el monte con la radio pegada a sus sudorosas mejillas.

La materialización de todo eso le parecía “impresionante y a la vez increíble”. De tez negra, ojos saltones, con dos cicatrices que cuentan historias en su rostro y oriundo de Urrao, Antioquia, Incel no dejaba de mirar a la cancha.

Excombatientes por primera vez a la cancha

Excombatientes, familia y población civil, integrantes del ETCR Llanogrande, de Dabeiba, conocieron a Medellín.

Foto:

Cortesía Pueblo Verdolaga

Combatió en las desaparecidas Farc hasta que el acuerdo de paz firmado en 2016 le dio “esperanza de cambio y progreso”, como él mismo expresa.

Ahora vive en el espacio territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) de Llano grande, en Dabeiba (Antioquia). Viajó a Medellín con la ilusión de vivir una experiencia emocionante, pero cada minuto que corría durante su estancia superó sus expectativas.

“Es tan grande como lo imaginé”, dijo mientras contemplaba la cancha. “El recreo mío era esperar a que el verde ganara y la idea es seguir apoyando a la barra verdolaga y echar adelante en lo que más podamos”, añadió, empuñando en su mano, ahora no un arma, sino una bandera en la que se podía leer “Por primera vez”.

Se trata del proyecto Por primera vez a la cancha, que nació en 2015 de manos de la barra de Atlético Nacional, Pueblo Verdolaga. Su objetivo es llevar, como su nombre lo dice, por primera vez al estadio a grupos poblacionales con algún tipo de vulnerabilidad.

Con esa premisa, ya han beneficiado a 2.500 personas, en los que han estado niños de fundaciones y de escuelas deportivas, adultos mayores y en su anterior versión, a personas en situación de calle. Personas que difícilmente podrían pensar en pagar una entrada al recinto.

Y el más reciente fue el del ETCR de Llano grande, el de José Tomás, quien estuvo acompañado de otras 79 personas, la mitad excombatientes y el resto familiares y población civil de Dabeiba, al norte del departamento antioqueño, el cual tuvo la oportunidad de conocer Medellín, recorrer diferentes espacios y, entre ellos, el estadio: el broche de oro para un viaje de ensueño.

Excombatientes por primera vez a la cancha

Por primera vez a la cancha’ es un proyecto de la Pueblo Verdolaga, una barra del Nacional que lleva población vulnerable al estadio.

Foto:

Cortesía Pueblo Verdolaga

Pueblo Verdolaga, cuenta Juan Esteban Mosquera, líder fundador de la barra, nació en 2012, con la intención de alentar a Atlético Nacional. Ha combinado la pasión por el deporte con la razón social y han desarrollado toda clase de proyectos con la intención de mover las realidades de las personas con el fútbol como excusa.

Pero trascender es lo que los motiva. Su pretensión va más allá de simplemente tocar vidas, ellos buscan transformarlas. “No nos interesa ir, buscarlos, darles algo, tomarnos fotos y ganar un like. Queremos que en realidad haya un impacto, que la gente de verdad pueda salir adelante y se generen cambios alrededor de lo que significa todo el movimiento”, asegura Mosquera.

Y para hacer realidad todo lo que hoy José Tomás Incel y todo el grupo que asistió al Atanasio vivieron, realizaron un trabajo previo en el territorio en varias jornadas enfocadas en el ser y en el hacer. En ellas hubo teatro, pintura, fotografía y un torneo relámpago de fútbol.

Fue en una de ellas cuando Incel ganó en un sorteo la camisa de Atlético Nacional firmada por el equipo. La misma que tuvo que quitarse, solo momentáneamente, para poder accionar los extintores antes de iniciar el encuentro de su equipo ante Rionegro Águilas Doradas por la fecha 17 de la Liga Águila 2-2019.

Al otro lado de la selva, allí, donde prima el concreto, otro tipo de victoria y, claramente, otro tipo de derrota. La de 90 minutos. Otro tipo de combate. El del balón al arco. La gloria del fútbol.

Y junto con él, varios de sus compañeros, excombatientes, que ahora llama familia. Ese mismo humo que veían en los partidos importantes y que tanto los emocionaba ahora eran ellos los responsables de accionarlo. Pintaron de verde y blanco el cielo de Medellín: un breve lapso de tiempo que recordarán siempre. Por lo menos Incel lo hará, pues así haya terminado sudando, la sonrisa en su rostro era imborrable.

Y a las 5 p. m. de aquel domingo 13 de octubre, Wilmar Roldán, el árbitro, hizo sonar su silbato. La pelota empezó a rodar y todos, desde tribuna Norte, expectantes, observaron el encuentro.

Más allá de las fronteras morales que definen el bien y el mal. Al otro lado de la selva, allí, donde prima el concreto, otro tipo de victoria y, claramente, otro tipo de derrota. La de 90 minutos. Otro tipo de combate. El del balón al arco. La gloria del fútbol.

Aquí estuvimos los compañeros de la barra, otros que somos excombatientes y estamos en la vía de reincorporación y lo estamos haciendo no solo para nosotros sino para todo el mundo

Donde la ciudad desaparece y la rutina se olvida. Agarrando pañuelos, agitando banderas y en el minuto 35 abrazando a todos alrededor celebrando el gol que Daniel Muñoz anotó en el arco rival.

Y así, extasiados, hasta el minuto 45 cuando finalizó el primer tiempo. Y Las emociones no bajaron. En total fueron 24.349 las personas que asistieron al encuentro, ellos incluidos.

Los 45 minutos restantes se movieron entre la expectativa y la desesperación, cada vez que Rionegro amenazaba con romper el arco de José Fernando Cuadrado, el arquero de Nacional. En esos momentos cuando la ofensiva frustrada empieza a celebrarse como una anotación propia. Y así sucedió. Sobre todo, en el minuto 52 y en el 90, cuando incluso hubo abrazos que recordaron el gol de Muñóz.

Excombatientes por primera vez a la cancha

De escuchar los partidos por la radio en la selva, los excombatientes lo hicieron pro primera vez en un estadio

Foto:

Cortesía Pueblo Verdolaga

Y cuatro minutos después de acarse el tiempo oficial, Roldán realizó el pitazo que sentenció el final. Y el partido fue historia. Pero no una cualquiera.

Para Pueblo Verdolaga, expresa Mosquera, “el balance es demasiado positivo, fueron muy participativos (…) La idea es dejarles instaurados una buena idea, que busquemos las oportunidades para que ellos puedan lograr lo que sueñan y seguir trabajando con ellos”.

De acuerdo con la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), de 13.000 exguerrilleros que iniciaron su proceso de reincorporación, 3.320 permanecen en los ETCR. Sin embargo, en el de Dabeiba, esperan permanecer hasta el final. Allí tienen un proyecto de autoconsumo de avicultura y una producción de gallinas ponedoras y engorde. Viven comunitariamente, como dijo Incel, “como una familia”.

“Aquí estuvimos los compañeros de la barra, otros que somos excombatientes y estamos en la vía de reincorporación y lo estamos haciendo no solo para nosotros sino para todo el mundo (…) Me voy satisfecho con toda la población y esto va para adelante, seguir para adelante y hacer muchísimas cosas que no sean las mismas, haciéndole barra al verdolaga y echando siempre para adelante”, sentenció José Tomás Incel.

Salieron de la humedad algodonosa del monte y recuperaron las esperanzas. Eso sí, aquí o allá, apoyando siempre a su equipo, como lo hacían cuando su vida se debatía entre la vida y la muerte en algún recóndito pedazo de la selva colombiana y sobre todo ahora que pueden hacerlo de manera más constante sin temer oportunar.

En particular hoy, después de transitar por las graderías, después de saborear la victoria en vivo, después del júbilo por el partido que le ratificó el primer lugar de Atlético Nacional en la tabla y que le dio la clasificación a los cuadrangulares. Después de ir por primera vez a la cancha.

ISABELLA M. QUICENO
Para EL TIEMPO
MEDELLÍN@Isamquiceno

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