La mano inmigrante que ayudó al desarrollo

La mano inmigrante que ayudó al desarrollo

Atraídos por su posición geográfica, Barranquilla fue protagonista en la llegada de emigrantes.

Barranquilla

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Foto:

Vanexa Romero/EL TIEMPO

30 de agosto 2018 , 10:21 a.m.

En 1919, la creación en Barranquilla de la Sociedad Colombo Alemana de Transporte
Aéreo (Scadta), que 21 años después pasó a ser lo que hoy se conoce como Avianca, es uno de los sucesos más emblemáticos y que permite conocer los amplios aportes de los inmigrantes que poblaron Colombia, especialmente a la costa Caribe, tras la independencia, entre 1870 y 1930.

Fue la única de las tres empresas fundadas, en aquel entonces, para contribuir con el
despegue de la aviación comercial del país que consolidó el éxito, según lo explicó el investigador y rector de la Universidad del Norte Adolfo Meisel, debido a la ganadora alianza entre capitalistas inmigrantes asentados en la Costa y personal de la capital del Atlántico, como el barranquillero de ascendencia judía Ernesto Cortissoz.

“Competían contra Scadta una empresa bogotana, de los Samper, y otra de Medellín, de los Echavarría, pero fue la primera la que se impuso con éxito dado el conocimiento técnico de los alemanes que se mezcló con la gestión que podían
poner en marcha los nacidos en Barranquilla”, anotó.

El académico referenció que aunque Colombia más bien fue un destino de segunda categoría para los inmigrantes (incluso si se compara con otros más pequeños en tamaño como Perú), el mayor número de los extranjeros que llegaron se estableció
en la costa Caribe, especialmente en Barranquilla.

Pero la inmigración a Colombia, en el caso de los árabes, sean libaneses, sirios o palestinos, se inició en 1880, en su mayoría, en poblaciones costeñas, como Lorica, Cereté y Montería, como lo define Joaquín Viloria en su investigación ‘Presencia árabe en el Caribe colombiano: Lorica, un estudio de caso’, del Banco de la República.
En su mayoría eran cristianos y jóvenes solteros que viajaban sin familia, de bajo nivel cultural, pero con muchas ganas de trabajar y salir adelante.

Estos llegaron motivados por el dominio que el Imperio turco otomano ejercía sobre Siria, Líbano y Palestina desde principios del siglo XVI hasta finales de la Primera Guerra Mundial en 1918, así como por otros conflictos. La imposición por parte de los turcos a los jóvenes cristianos de prestar el servicio militar con el fin de enviarlos
sin piedad al frente de batalla fue otra de las razones de peso que motivaron la salida
de estas comunidades de sus lugares de origen, eligiendo como principales destinos
Estados Unidos, Brasil y Argentina.

Volviendo al caso de Colombia, fue tangible con hechos como el de que ya en 1959, en
el departamento de Córdoba, existían cerca de cien ganaderos árabes que acumulaban 68.000 hectáreas, los cuales concentraban el 13 por ciento del total de los terrenos, lo cual demuestra el alcance comercial que lograron afianzar.
El estudio de Viloria del Banco de la República establece que Cereté, también en Córdoba, era un caso excepcional con el 14 por ciento de sus ganaderos de origen árabe dueños del 64 por ciento de los terrenos dedicados a esa actividad.

“Estas comunidades ayudaron a la dinamización de muchos sectores de la economía
como el comercio, la industria, la agricultura y la ganadería. En el caso de los árabes, estos eran un tipo de inmigrante que, en su mayoría, no traía recursos, pero sí mucho empuje. Entonces, llegaban a donde alguien que les recomendaba que se instalaran en las zonas rurales, en los municipios, donde se adueñaron del comercio”, amplió Meisel.

El rector de la Universidad del Norte precisó que la llegada de extranjeros dejó una huella tan indeleble que ya es común que apellidos de familias cuyas raíces son de inmigrantes sean entendidos e incluidos como propios. Es el caso de algunos de ascendencia judía como los apellidos Cortissoz, Salas, Sourdís y Álvarez-Correa, entre
otros.

Otro grupo de inmigrantes procedentes de Alemania e Inglaterra arribó a la costa Caribe colombiana a finales del siglo XIX, pero en otras condiciones a las de los árabes. Explica Meisel que la gran mayoría de estas personas mantuvieron contactos
en sus países de origen, los cuales les sirvieron para fortalecer sus actividades en Colombia.

“Ahí estamos hablando de un capital de gente que, en su gran volumen, llegó para aportar su conocimiento y relaciones comerciales con el fin de salir adelante”, comentó el rector.
Casos de éxito de la fuerza inmigrante en la Costa se reflejan en la incursión de personajes como José Miguel Amín, quien en 1932 era propietario de un periódico en Córdoba. Amín se hizo abogado en la Universidad Nacional en 1940. También se destaca la historia de Elías Bechara Zainúm, quien estudió Química en la Universidad
de Cartagena y más adelante fue el fundador de la Universidad del Sinú.

La historia también indica que lo que hoy se conoce como el grupo Olímpica, de propiedad de la familia Char, se inició en Colombia con la llegada a Puerto Colombia de Nicolás Char Zaslawy, procedente de Damasco, en agosto de 1924. Char Zaslawy se estableció inicialmente en Cereté y luego en Lorica, donde montó una tienda. Dos años después, Ricardo Char arribó al país y se alió con Nicolás para conformar la sociedad mercantil Char Hermanos (comerciantes y joyeros). Compraban oro quebrado y lo vendían a la Casa de la Moneda en Medellín.
La investigación de Viloria establece, además, que Ricardo se mudó a Barranquilla con su esposa, Erlinda Abdala, y sus 7 hijos en 1952, mientras que en 1953 Ricardo Char compró el Almacén El Olímpico. “A los pocos años fue rebautizado por Fuad Char como Droguería Olímpica n.° 1. A principios de los 70, los Char Abdala conformaron la compañía Char Hermanos; y en 1977, la sociedad Olímpica S. A.”, dice la investigación.

Una cocina de inmigrantes

Para el cocinero sincelejano Alex Queseep, los primeros extranjeros que llegaron a Colombia, incluso antes que los españoles, fueron los chinos, de ahí que en las comunidades indígenas colombianas predominen los ojos semirrasgados.

Queseep, estudioso de los orígenes de la cocina y de los procesos antropológicos, va
más allá al explicar que la gastronomía también pasó por un proceso de adaptación por parte de cada una de las culturas que poco a poco fueron asentándose en esta parte del país.
“El proceso ocurre cuando a la Costa comienzan a llegar árabes, ingleses, alemanes, italianos y comienzan a buscar en los ingredientes nativos las formas para poder cocinar sus platos favoritos. Como aquí ya habían llegado los españoles, que son mediterráneos como los árabes, estos se encuentran con ingredientes como las aceitunas y las alcaparras, pero igual buscaron la manera de adaptarse, mientras que sus recetas comenzaron a recibir la impronta colombiana, en este caso, de la Costa”, explicó.

Esto también se puede analizar en doble vía, con formas gastronómicas fortalecidas en países con ingredientes que no se generaron en sus territorios.

Mapuka: cinco años salvaguardando la historia del Caribe

Existe un espacio en la Universidad del Norte que concede a sus visitantes un viaje de 25.000 años atrás en el Caribe colombiano. Se trata del Museo Arqueológico de los Pueblos Karib (Mapuka), el cual cumple el próximo 19 de septiembre cinco años de labores, tras el compromiso adquirido con la investigación, conservación y divulgación del patrimonio arqueológico de la región.

El museo cuenta con una colección de más de 3.200 objetos arqueológicos de siete pueblos indígenas del Caribe, y elementos de mayólica, vidrio y metal provenientes de la Colonia. Todos pertenecen al patrimonio cultural de la nación, la mayoría recopilados por el arqueólogo Carlos Angulo Valdés (1910-2001).

“Mapuka es un anhelo de la universidad desde hace varias décadas. Hace nueve
años encontró la posibilidad de exhibir parte de la colección, con el proyecto del
Edificio de Ingenierías, el bloque K. En su momento, el rector Jesús Ferro sugirió
que se abriera allí el espacio para el museo universitario”, evocó el antropólogo
Juan Guillermo Martín, su director.

A partir del 2011, la Uninorte comenzó a trabajar en el registro de la colección y en la redacción de un guion museológico que acompañara la exhibición. Con la curaduría finiquitada, finalmente fue inaugurado. Además de ser reconocido como entidad museal por parte del Ministerio de Cultura, entre los logros más relevantes de Mapuka destaca el haberse convertido en una institución con una oferta cultural y educativa variada, visitada por cerca de 10.000 personas. Hoy hace parte de la Red de Museos Universitarios de Colombia y la Red de Museos del Departamento del Atlántico, lo que le ha permitido concretar convenios con entidades como el Museo del Caribe. A partir de estas alianzas ha traído exhibiciones temporales y ha garantizado asesorías técnicas en el ámbito de conservación de colecciones arqueológicas, particularmente con el Museo Etnológico de Berlín.

Entre sus proyectos está ofrecer al público contenidos de otras colecciones del
campus, como por ejemplo una de historia natural, configurada por el Departamento
de Geología.

En ese mismo sentido, otro de los objetivos es consolidar el sistema de colecciones
de la institución. Además de la paleontológica, la universidad cuenta con la
colección de medicina, de la biblioteca, un herbario, una fonoteca, una colección de
termitas y una de arte, a cargo el Centro Cultural Cayena. Martín espera que para
final de año todo Mapuka cuente con tecnología de realidad aumentada, pues
ya funciona en una primera vitrina, gracias a la colaboración de estudiantes de Ingeniería de Sistemas y de Diseño Gráfico.

“Creo que el objetivo fundamental de un museo universitario es ese, conseguir que se reúnan diferentes disciplinas en torno al patrimonio arqueológico, que es de todos”, concluyó Martín.

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