En búsqueda de la igualdad de la Colombia rural y urbana / Análisis
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En búsqueda de la igualdad de la Colombia rural y urbana / Análisis

Se debe poner atención a las zonas rurales que no están en los procesos económicos del país.

sector rural

La desigualdad se percibe por ejemplo, en la calidad de vida de los campesinos, que es sustancialmente inferior a la de los residentes en las ciudades.

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Archivo / EL TIEMPO

Por: Óscar A. Alfonso R. / Universidad Externado de Colombia
24 de julio 2018 , 11:44 a.m.

Desde finales del primer mandato, la administración Santos se empecinó en acelerar el posible ingreso de Colombia a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE.

Las agendas de las ministras de Educación, de Relaciones Exteriores y de Comercio, y de los directores del Departamento Nacional de Planeación, entre los más atareados, se han saturado con los compromisos que ese objetivo demanda.

Seguramente, los beneficios y los costos de pertenecer a ese club deben haber sido estudiados a fondo antes de haber dedicado tantos esfuerzos públicos a la realización de semejante tarea. Y en la OCDE persistirán las dudas, pues luego de cinco años de gestión diplomática aún no se concreta la admisión al club.

Las condiciones de vida de miles de colombianos han mejorado en las últimas décadas, pero las de otros tantos no, y en muchos casos se ha deteriorado.

La desigualdad en el proceso de desarrollo se discute desde diversos ángulos como, por ejemplo, la calidad de vida de los campesinos, que es sustancialmente inferior a la de los residentes en las ciudades, así como las brechas de género que siguen latentes en el mercado laboral.

Sin embargo, poco o nada se conoce acerca de los desbalances territoriales inseparables de esa desigualdad del desarrollo y que, desde el mandato constitucional del Estado Social de Derecho, no deberían existir; es decir, que hay zonas de Colombia en las que sus residentes no gozan de la garantía del Estado a la realización, goce y disfrute de sus derechos fundamentales, porque tales zonas están desarticuladas de los procesos de desarrollo del país.

La regionalización adelantada en la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia indica que las zonas desarticuladas son la Alta Guajira, los andenes medio y alto del Pacífico, buena parte de la Orinoquía y la Amazonia colombianas, en donde reside el 4,1 por ciento de los colombianos.

El mapa del desarrollo colombiano se asemeja a un cuerpo con un tronco al que se le han desmembrado sus extremidades. Dentro del tronco también hay zonas con agudos rezagos en materia de calidad de vida, pero no tantos como en las zonas desarticuladas.

Uribia es el municipio del país con mayor cantidad de habitantes en la zona rural, pero la tierra no es muy fértil. Allí, en la Alta Guajira, son recurrentes los casos de niños que padecen malnutrición y muerte por inanición.

En el andén medio del Pacífico se tienen las tasas más elevadas de muertos por inanición, sin distingo de edad, y de allí hasta Unguía está la tierra más fértil para los paros cívicos, fenómeno opacado recientemente por el recrudecimiento del conflicto en el Catatumbo y en Tumaco.

Del Sarare en Arauca emanan las noticias sobre el conflicto armado del que el ELN ha sido el principal protagonista. En el otro extremo, Mocoa sigue bajo la amenaza de avalancha y de Leticia provienen las noticias sobre la degradación ecológica de la selva amazónica.

Al interior de las zonas articuladas a los procesos de desarrollo coexisten procesos relativamente más consolidados como las zonas metropolitanas, con otros más frágiles pues los colombianos que residen allí tienen que incurrir en elevados costos de desplazamiento para satisfacer las necesidades que el Estado Social de Derecho debería garantizarle en proximidad a su lugar de residencia.

Desde hace cerca de 20 años, al menos el 40 por ciento de los municipios de estas zonas pierden sistemáticamente población. Esta es una poderosa razón para que, quienes deciden emigrar, prefirieran las zonas metropolitanas en donde la probabilidad de vincularse a las redes públicas de salud y educación son más elevadas que en otras zonas del país.

La desmembración del territorio colombiano es social y políticamente indeseable, y el hecho de que haya múltiples determinantes para que ello esté ocurriendo, no es obstáculo para precisar que el modelo territorial de Estado, con sus ambigüedades y omisiones, es el principal de ellos.


ÓSCAR A. ALFONSO R.
DOCENTE INVESTIGADOR DE LA FACULTAD DE ECONOMÍA DE LA UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA, GRUPO DE INVESTIGACIÓN CONSTRUCCIÓN DE ESTADO, TERRITORIO Y PAZ.

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