Cómo combate el mundo entero la corrupción. ¿Y Colombia?

Cómo combate el mundo entero la corrupción. ¿Y Colombia?

Según Transparencia Internacional, el país es 98 en listado de los países menos corruptos del mundo.

Corrupcion

La creciente corrupción ha motivado manifestaciones de rechazo, y hace poco se realizó una consulta anticorrupción en el país.

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Archivo EL TIEMPO

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
03 de octubre 2018 , 10:00 p.m.

La Alcaldía de Cartagena, que cambia de alcalde cada quince minutos, adjudicó a unos particulares el contrato para suministrar la alimentación escolar. Aunque ya les estaban pagando, pasaron varios meses antes de que llegaran las primeras comidas. Y, aun así, cuando por fin llegaron, estaban crudas y la mayoría de los ingredientes, podridos.

Fue entonces cuando una alumna del colegio Santa María salió por las calles de la ciudad vestida con su uniforme y llevando en las manos un cartelón escrito de su propio puño en tinta roja. Al leer lo que decía, transeúntes y automovilistas se detenían para aclamar con aplausos a la jovencita. El letrero decía así: ‘Aquí no comemos cuento’.

¿No será que ese mismo humor nos vuelve indiferentes y tolerantes frente a tantos problemas graves?

Ese día confirmé que el sentido del humor de los colombianos es lo que nos ayuda a sobrellevar todas las angustias cotidianas, empezando por la corrupción, que ocupa el primer lugar. Pero entonces me hice esta pregunta: ¿no será que ese mismo humor nos vuelve indiferentes y tolerantes frente a tantos problemas graves?

Desde entonces esa inquietud no me ha abandonado, y resolví, en busca de una respuesta, meterme de cabeza en el tema. Lo que he encontrado es que Colombia, según los organismos más confiables del mundo, como Transparencia Internacional, es el tercer país más corrupto entre todos los latinoamericanos, superado solo por Venezuela, que es el primero, y México, que es el segundo. Estamos por encima hasta de Brasil, una nación grandísima que tiene cuatro veces más habitantes que nosotros.

De Georgia a Colombia

Según las investigaciones hechas por Bruno Carrillo, un especialista en estos asuntos, el primer país que ha logrado reducir exitosamente sus índices de corrupción es la República de Georgia.

Conocida simplemente como Georgia, es un pequeño Estado que tiene casi cuatro millones de habitantes, en los límites entre Europa y Asia. Hasta 1991 formó parte de la Unión Soviética, que le dejó en herencia un sistema político basado en la corrupción.

Cuando a un empleado público le demuestran que se apropió de dineros oficiales, lo primero que hace la justicia georgiana es condenarlo a veinte años de prisión, así la suma robada sean solo cien pesos. Y le decomisan de inmediato todo el dinero.

Ni modo de compararlo con lo que pasa en Colombia, donde hace apenas unos meses se comprobó que un gobernador había robado 85.000 millones de pesos de su departamento y lo condenaron a devolver 4.000 millones y a cuatro años de cárcel. Como quien dice, para que salga rapidito a disfrutar de su plata.

En Georgia también redujeron al mínimo tantos requisitos para abrir un negocio, porque esa cantidad de trámites y papeleos es la primera causa de la inmoralidad en cualquier parte. La unión de voluntades entre todos los partidos políticos georgianos fue fundamental para lograr excelentes resultados en el combate a la corrupción.

España y los delatores

Otra estrategia que se está generalizando es la de aumentar las recompensas a quienes denuncien a los funcionarios ladrones. Pero con pruebas verídicas, y no como pasó en Colombia con los ‘falsos positivos’ y los falsos testigos.

Un caso elocuente es lo que está ocurriendo en España, tradicionalmente reconocido como uno de los países más corrompidos de Europa. Empezaron ya a modificar las leyes y los reglamentos que rigen las contrataciones estatales.

Hace poco aumentaron los años de cárcel para los culpables e incrementaron los incentivos a quienes denuncien casos de corrupción con pruebas verídicas y serias. Y además España está poniendo en marcha, en este momento, nuevos y más rigurosos controles económicos, tanto a dirigentes políticos como a sus partidos.

El caso de Singapur

No hay país del mundo que se escape de la corrupción, pero hay algunos que la combaten y otros que no.

Un caso elocuente es el de Singapur, la isla asiática que se convirtió en ciudad-Estado. Primero fue posesión de la China y después fue ocupada como colonia por Inglaterra, hasta que en 1965 se convirtió en un Estado soberano.

Hace treinta años, cuando la corrupción fue medida de menor a mayor, Singapur ocupó un vergonzoso puesto 177 entre 200 naciones del mundo. Quedó casi de último. Sus vecinos se burlaban de ellos. Fue entonces cuando el Gobierno de la isla resolvió enfrentar con mano dura semejante problema.

Empezaron por aumentar considerablemente las penas de cárcel. En un país que estaba lleno de grandes bancos internacionales, se les prohibió a los empleados oficiales recibir préstamos de personas o entidades con las que ellos o el Estado tuvieran relaciones de negocios o de trámites, contratos o papeleos.

Hoy en día, en Singapur existe una ley según la cual cada año, el Gobierno investiga todas las cuentas de sus empleados. Crearon un organismo especial para eso. El resultado es de tales proporciones que, treinta años después de aquella vergonzosa posición 177, Singapur ocupa ahora en esa lista el quinto puesto. Es la quinta nación menos corrompida del planeta. Para que usted vea que sí se puede.

Duterte entra en escena

Los alemanes tienen un proverbio muy viejo según el cual ‘la corrupción es humana, pero más humana debería ser la lucha contra la corrupción’.

El caso que más se comenta hoy día, a favor o en contra, es lo que ha pasado en Filipinas en los últimos dos años y medio, desde cuando Rodrigo Duterte se convirtió en presidente de esa nación, compuesta por siete mil islas con más de cien millones de habitantes.

Los filipinos no pueden llamarse a engaño. Desde la propia campaña electoral, Duterte basó su programa de gobierno en que, si votaban por él, haría fusilar a narcotraficantes y funcionarios corruptos. Ganó con el 40 por ciento de la votación.
Al posesionarse de la presidencia, Duterte le dijo a la policía: “O les disparan ustedes o les disparo yo”.

La muerte y las amantes

Hasta este momento se calcula que van casi 7.000 delincuentes muertos en dos años. Entre las medidas más curiosas de Filipinas está una nueva ley presentada por la senadora Kim Lokin, según la cual se pagan recompensas a aquellos ciudadanos que denuncien a los empleados públicos que tienen amantes viviendo en casas propias.

Si los funcionarios del Gobierno se quejan frecuentemente de sus salarios bajos, ¿cómo es posible que muchos de ellos mantengan dos, tres y hasta cuatro familias?

“Nuestra reflexión es esta –dice la senadora–: si los funcionarios del Gobierno se quejan frecuentemente de sus salarios bajos, ¿cómo es posible que muchos de ellos mantengan dos, tres y hasta cuatro familias?”

La ley fue aprobada y puesta en práctica con el respaldo del presidente. Más de tres mil denunciantes han sido recompensados. Las cifras no mienten: en los dos años de Duterte como presidente, la delincuencia en Filipinas ha bajado 51 por ciento. Tiene el respaldo del 79 por ciento de los filipinos, el doble de los que votaron por él.

Opiniones en contra

Aunque mucha gente apoya sus métodos rotundos y radicales, en todas partes del mundo también hay quienes critican duramente los actos de Duterte, porque dicen que se parecen más a la venganza que a la justicia.

La propia Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) condenó con energía esas ejecuciones extrajudiciales. En respuesta, Duterte amenazó con retirar a su país de la ONU y organizar una nueva liga de naciones, con China y países africanos.

El caso de Colombia

Los expertos sostienen que, cuando se habla del caso colombiano, la corrupción, que ha existido siempre, desde los tiempos de la Colonia española, ha llegado ahora a límites monstruosos que coinciden con la aparición de nuevas modalidades políticas, como la elección popular de alcaldes y gobernadores y la circunscripción nacional para escoger senadores.

Los ejemplos son aterradores. Las cifras más fidedignas que he podido encontrar indican que el asunto es peor mientras más pobre es la región. Elegir un gobernador en La Guajira, Casanare o Cesar cuesta entre 20.000 y 30.000 millones de pesos. ¿De dónde sale esa plata?

La corrupción en todo el país nos cuesta a los colombianos 50 billones de pesos anuales, lo cual significa que vale lo mismo que todos los activos de las 200 empresas más grandes de nuestra región Caribe.

Perdimos el año

Hace pocos meses, bajo la dirección de Transparencia Internacional, que es el organismo más respetado del mundo en esas materias, se hizo una nueva evaluación ética de 175 países.

Nueva Zelanda y Dinamarca empataron en el primer lugar, como las naciones menos corrompidas, y Colombia ocupó el puesto 98. Lo más triste es que, en esa misma investigación, se estableció que el promedio global de la ética en esos 175 países está en 43 puntos. Sin embargo, Colombia quedó por debajo de esa calificación, con solo 37 puntos. Perdimos el año.

De esa terrible realidad no se escapa ya ni la justicia colombiana, que provoca cada día nuevos escándalos, empezando por los tribunales más altos del país.

Epílogo

A propósito de justicia, y del sentido del humor de que hablamos al comienzo de esta crónica, mientras averiguaba todos estos datos me contaron dos historias que quiero compartir con ustedes. Me dicen que en Bogotá hay un juzgado penal tan corrompido que lo llaman El Taller, porque ahí arreglan todos los autos. Y que en Cali hay otro al que, por idénticas razones, lo llaman El Concesionario, porque ahí venden todos los autos.

Hay algo que quiero comentarles antes de despedirme. Habrán notado que, a lo largo de esta crónica, he escrito indistintamente de ambas formas, corrompido y corrupto, a pesar de que estamos llenos de presumidos que andan corrigiendo a los demás y diciéndoles que “corrompido” es un barbarismo. Falso: cualquiera de los dos términos es correcto. Tras largas y emocionantes discusiones, la Real Academia Española resolvió acogerlos ambos en el diccionario oficial. Estoy por creer que en Colombia ya hay de los dos...

JUAN GOSSAÍN
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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