Su esperanza era volver con su familia y conocer a su tercer hijo

Su esperanza era volver con su familia y conocer a su tercer hijo

Camilo Valencia contó que los secuestrados estuvieron en medio de un campo minado para no escapar.

Así luce ahora la iglesia La María.

Así luce ahora la iglesia La María.

Foto:

Juan Pablo Rueda. EL TIEMPO

Por: Cali
31 de mayo 2019 , 09:27 a.m.

Uno de los mayores deseos que tenía Camilo Valencia era conocer a Sebastián. Era el tercero de sus hijos y nació lejos de él, cuando estaba en el cautiverio en ese 1999, en medio del frío, las espesas montañas de los Farallones de Cali, y durmiendo en cambuches improvisados que se armaban y se desarmaban para seguir caminando por los senderos de herraduras, pues los guerrilleros del frente José María Becerra del Eln movían constantemente a los secuestrados de la iglesia La María para evadir el cerco del Ejército. 

Desde esa ‘prisión’ formada por decenas de minas antipersona que estaban sembradas alrededor del campamento para evitar alguna fuga, don Camilo solía escuchar la radio que siempre cargaba consigo en el bolsillo de su camisa. Era la manera para no perder el contacto con el mundo, manteniendo siempre en su mente y en su alma al resto de su familia que alcanzó a vivir el miedo a la muerte porque también estuvo secuestrada en la misma iglesia La María, en Pance.

Camilo Valencia.

Camilo Valencia.

Foto:

Cortesía de Camilo Valencia

Esta placa conmemorativa, en la iglesia La María.

Esta placa conmemorativa, en la iglesia La María.

Foto:

Juan Pablo Rueda. EL TIEMPO

Esa mañana, don Camilo, quien es economista y en el cautiverio se volvió escritor de un diario que luego llevó a publicarlo como el libro de 485 páginas bajo el título de Fríos y escalofríos, había acudido con sus dos hijos, de 10 y 13 años a la capilla que estaba en construcción, pero a un lado había una carpa, bajo la cual, el sacerdote bumangués Jorge Humberto Cadavid oficiaba misas para los habitantes de Ciudad Jardín, en la comuna 22 del sur de la capital vallecaucana, y de Pance.

“Yo iba a la iglesia de San Fernando e iba solo, pero mi señora estaba por fuera del país y llevé a mis hijos a cumplir con el precepto de la Iglesia. Por eso fui ese día”, dijo el economista, quien además estaba con su madre, su hermana Águeda y sus cuñados.
“A todos nos secuestraron y nos sacaron de La María”, dijo la señora Águeda, quien debido a la avanzada edad de su progenitora no podía asistir al acto de conmemoración de reparación y memoria de los 20 años del secuestro de la iglesia.

“Mi mamá por la hora, pues se acerca la noche, no va. Ella dejó de ir inclusive a zonas de campo por el secuestro. Quedó muy afectada”, dijo doña Águeda. Tanto ella, la madre y los dos hijos pequeños de don Camilo fueron liberados el mismo 30 de mayo de ese 1999. Arriba, en las montañas quedaron el economista y sus dos cuñados.

Ese mismo día, la familia Valencia se enteró hasta la madrugada siguiente del asesinato de Yaslín Durán, quien les prestó servicios de motorista y escolta por más de una década. “Yo lo supe porque escuché la noticia en la radio que tenía estando secuestrado allá en los Farallones”, dijo don Camilo. “Yo escribí un diario que luego se volvió el libro”. Contó que en medio de ese dolor por estar alejado de los suyos, sus demás compañeros de cautiverio, como Adriana Tafur, conversaban y hasta hacían apuntes con algo de humor negro para tratar de mantener la esperanza de salir con vida de ese episodio, con una dieta guerrillera, basada en espaguetis y lentejas.

Pero la ansiedad de don Camilo por salir iba creciendo por ese deseo de conocer a Sebastián que nació tres meses antes de su liberación, la última de todas las que hubo en el transcurso de ese 1999. Para la liberación, Guillermo Valencial también hermano de don Camilo, y el médico de la familia se trasladaron al sitio denominado San Francisco de Naya, en Chocó. 

La noticia de su libertad fue conocida minutos antes de las 5 de la tarde de ese 10 de diciembre de 1999,  cuando su hermano anunció, a través de una llamada telefónica que ya estaba en compañía de sus tres parientes y que iba en camino hacia Cali.


“Estoy con mi hermano y mis dos cuñados. Todos están bien. Demoramos unas 10 horas en llegar”, fue la emotiva frase de Guillermo Valencia en ese entonces. 

Veinte años después, don Camilo dijo que el secuestro lo afectó y a su familia al punto de que todos tuvieron que abandonar el país en un momento dado. Este secuestro, como lo declararon otras familias, fue extorsivo y muchas de esas extorsiones continuaron después de todas las liberaciones. La de 33 personas sucedió en junio de 1999, y entre agosto y diciembre, los secuestrados fueron soltados a ‘cuenta gotas’.

En la actualidad, don Camilo, de 58 años, ya es abuelo de una niña de 4 meses.  Sus hijos con maestrías viven en el exterior. 

Ahora, el economista está dedicado a su familia y a proyectos de educación superior. 

CALI

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