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Cuarentena: soy taxista y ruego que por una carrera no termine muerto
Diario de la cuarentena

La primera víctima mortal del coronavirus en Colombia fue un taxista, contagiado por turistas italianos en Cartagena.

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AFP

Cuarentena: soy taxista y ruego que por una carrera no termine muerto

Llevo 14 años manejando taxi y ahora temo transportar a un enemigo invisible: el coronavirus.

Cada vez que se sube un pasajero, lo saludo y, a la vez, en silencio, me encomiendo para que esa carrera no me lleve a mí ni a mi familia a las puertas de un hospital o a un cementerio.

https://www.facebook.com/calieltiempo/videos/2743837695733307/

El día que murió el colega de Cartagena, Arnold de Jesús Ricardo, por ese virus que nos tiene a todos asustados y encerrados, varios me dijeron que no debía salir más en el taxi.  

Somos más de 30.000 taxistas, y estamos circulando muy pocos en las calles de Cali. De hecho, hay patrones que rebajaron la entrega diaria, pero sigue siendo duro levantar clientes para sumar 60, 70 u 80.000 pesos.

Todo el que vive de esta profesión sabe que si uno no trabaja 15 o hasta 18 horas no cubre el pago ni le queda nada. 

(Le puede interesar: Un paciente en Cali murió sin saber que tenía coronavirus)

Andrés Camacho

Andrés Camacho, de 33 años, lleva 14 en un taxi. Su testimonio refleja una de esas tareas peligrosas de hoy.

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Andrés Camacho

En 14 años al volante del ‘amarillito’, la mayor parte del tiempo de noche, nunca vi la ciudad tan silenciosa y acorralada. Se refugia más del 85 por ciento de la gente y la que sale es por trabajo o por una cita médica. Los negocios nocturnos están cerrados o atienden por un huequito.

Tengo 33 años. Tenía el sueño de ser piloto de avión, pero cuando fui a buscar mi diploma de bachiller me frenó que el colegio había desaparecido y no aparezco como graduado.

Desde hace siete años tengo esposa y ella me dice que no salga más, pero debo atender obligaciones que no dan espera.

Ahora, uso tapabocas, guantes y antibacterial. La idea es defenderme con dos aplicaciones virtuales, pero hay pocos llamados y toca escoger entre unos pocos pasajeros en calle.

(Lea también: Coronavirus cobró su primera víctima nacida en el Cauca)

Cada que se sube un pasajero, lo saludo y, a la vez, en silencio, me encomiendo para que esa carrera no me lleve a mi ni a mi familia a las puertas de un hospital o a un cementerio

Me han tocado viajeros que son relajados, otros afanados o nerviosos, pero todos hablan de filas en supermercados, bancos o droguerías y de controles de la Policía.

Si uno se pone a mirar las noticias es lógico que se sugestione porque resulta amargo saber que se mueren 600 o 700 personas en un país al día.

Gracias a Dios solo van 10 en Colombia, dos del Valle, y si logramos quebrar esa curva sería milagroso porque no moriría tanta gente.

Hay que confiar en el de arriba. Esta experiencia nos debería enseñar cómo siempre estamos muy preocupados por el trabajo o por hacer dinero, pero hoy toca pensar en la familia.

De ser taxista siempre me ha gustado prestar el servicio a toda persona. Y creo que no todos podemos parar, porque allí sí que se muere la ciudad.

ANDRÉS CAMACHO
Para EL TIEMPO

*Espere todos los días una entrega de #DiarioDeLaCuarentena, una serie en la que colombianos escriben cómo se vive el aislamiento obligatorio desde sus profesiones. 

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