La joven que pasó de cargar ladrillos a ser oro en los Panamericanos

La joven que pasó de cargar ladrillos a ser oro en los Panamericanos

María Camila Lobón superó los aprietos de su infancia y otros por los que hasta pensó en renunciar.

Maria Camila Lobón, oro en pesas en Juegos Panamericanos

Maria Camila Lobón Viáfara, oro en pesas, 49 kilos, en Juegos Panamericanos.

Foto:

REUTERS

Por: José Luis Valencia
01 de agosto 2019 , 12:13 p.m.

En una de sus armazones para construcción de vivienda, en La Paila, municipio de Zarzal, estaba José Rodolfo Lobón cuando le dijeron: "Mire el televisor que su hija Camila ganó oro". 

En esos momentos recordó el amor por esa hija que lo acompañaba a echar pala, cargar baldes y pegar ladrillos cuando era niña.

A la misma hora, en Tuluá, en su tarea de lavar ropa o hacer aseo, María Betsy supo que su hija Camila era medallista dorada en los Juegos Panamericanos de Lima.

María Camila Lobón Viáfara nació en La Paila al lado de su hermano mellizo José Rodolfo Junior. Ellos trajeron la alegría en medio de una pieza en la que convivían entonces sus padres.

A los mellizos los recuerdan en ese corregimiento de Zarzal caminando calles para rebuscarse el desayuno cuando a sus padres no les llegaba trabajo en la albañilería o las tareas en hogares.

"Camila me acompañaba en los trabajos. Se ponía a cargar baldes y a echar pala, pero yo le decía que no hiciera más fuerza de la cuenta", recuerda el papá, a quien todos conocen por estas calles como 'Majin Boo', por su fortaleza física.

Maria Camila Lobón, oro en pesas en Juegos Panamericanos

El entrenador César Rayo vio el futuro de Maria Camila Lobón en las pesas cuando ella tenía 11 años.

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Archivo particular

María Camila estaba estudiando cuando llegó al colegio el entrenador de pesas en Zarzal, César Rayo, quien propuso una exhibición para saber quiénes podían ir a conocer ese deporte. Ella, de 11 años, quedó entre los seleccionados.

"Yo le dije a la hija que fuera porque podía aprender a defenderse", cuenta el papá. María Camila superó cualquier expectativa porque empezó a ganar destrezas y a conseguir medallas por la Liga de Pesas de Zarzal.

Maria Camila Lobón, oro en pesas en Juegos Panamericanos

Maria Camila Lobón, oro en pesas en Juegos Panamericanos, con su papá, José Rodolfo Lobón.

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Archivo particular

Pero a los 15 años llegó llorando a la casa y dijo que no volvería a las pesas porque compañeristas de salón le decían que iba a quedar como un hombre. "Eso es envidia, hija. Mire lo linda que es usted", le dijo José Rodolfo.

El papá confiesa que empezó a hacerle seguimiento e iba a ver si su hija entrenaba porque no quería verla triste ni que se retirara del deporte.

Rayo, el entrenador, sabía que llegaría el momento en que María Camila le diría que debía irse a buscar mejor futuro. Fue cuando se graduó como bachiller a los 18 años. Desde Tuluá le llegaron ofertas para que se integrara a la Liga de ese municipio en el centro vallecaucano. "No lo dude, Camila. Hágale que usted se lo merece", dijo el hombre en aquel momento. 

Maria Camila Lobón, oro en pesas en Juegos Panamericanos

En 2011 Maria Camila Lobón alcanzó oro en Juegos Departamentales del Valle.

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Archivo particular

Allá la recibió Aymer Orozco, un entrenador experimentado que la acompañó hasta cuando se fue a trabajar con la Selección Perú. Ella siguió bajo las instrucciones de los Hermanos Chaux y con el apoyo del medallista olímpico Diego Salazar.

La pesista, de 1,60 metros de estatura, fue cosechando medallas por Tuluá en competencias regionales y nacionales
. Pero vino un golpe que la puso a punto de renunciar cuando no la incluyeron en la Selección Valle a los Juegos Nacionales de 2015.

"Yo no voy a seguir perdiendo mi tiempo con tanta rosca", le dijo María Camila Lobón a su familia. A su lado ya estaba Manuel Valencia, oriundo de Sevilla, un futbolista frustrado al salir lesionado en un accidente de tránsito y que hoy es educador físico.

"Nos conocimos hace cinco años en el amor al deporte. Me impresionó su belleza y ese entusiasmo por aprender. Yo le dije que por el contrario debía seguir y demostrar su talento y la fui convenciendo. Desde entonces no deja de ganar", dice Manuel, con quien la pesista se casó luego por lo civil. Han pasado sus aprietos hasta para conseguir los pasajes del bus intermunicipal para ir a entrenar.

Nos conocimos hace cinco años en el amor al deporte. Me impresionó su belleza y ese entusiasmo por aprender. Yo le dije que por el contrario debía seguir y demostrar su talento y la fui convenciendo

Los resultados hicieron que María Camila fuera incluida en el programa Valle Oro Puro, que creó la gobernadora Dilian Francisca Toro, dicen los papás. En los últimos tiempos ha ido a vivir en una villa deportiva y eso le ha permitido estar concentrada.

Así, María Camila fue a dar a las órdenes del entrenador Jaiber Manjarres, a quien medallistas Olímpicos y Panamericanos reconocen como un maestro para sus logros.

Empezó a entrenar 33 horas semanales. De lunes a viernes son seis horas diarias. Y los sábados otras tres.

El viaje a Lima fue con mucha fe y oraciones porque María Camila es espiritual y sigue cantos de alabanza. 

El domingo 28 de julio, Manuel Valencia Ramos con su familia en Tuluá no le despegó el ojo al televisor. La competencia estuvo dura con la ecuatoriana María Escobar.

En la categoría de 59 kilos, María Camila levantó 221 kilogramos, 97 en el arranque, un récord panamericano junto a la ecuatoriana María Escobar, y 124 en su último intento en el envión. Tuvo que esperar que la rival saliera y no pudiera levantar el peso.

La ecuatoriana quedó a un punto (220 kilogramos); mientras que el bronce fue para la venezolana Yusleidy Figueroa, con 215 kilos.

"Yo estaba trabajando cuando me dijo una compañera que estaban pasando por televisión a mi hija. Me tocó esperar el noticiero y casi ni podía creerlo", recuerda José Rodolfo. 

Fabio Villegas, del Instituto de Deporte y Recreación de Zarzal, dice que esperan en La Paila para felicitarla y luego en una ceremonia en la cabecera urbana.

María Camila sabe que hay que seguir trabajando para alcanzar la meta de Llegar a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. "Para allá es el camino", dice Manuel.

Es un sacrificio. Cuando ella recibe el estímulo económico ya todo está comprometido. Y el municipio de Tuluá no le ha reconocido nada por sus medallas en dos años.

Mi hija me abraza y me dice mi papi Maji, mi carenegro. Luego sonríe cuando me dice que me va a poner a comer sentado

"Mi hija me abraza y me dice mi papi Maji, mi carenegro. Luego sonríe cuando me dice que me va a poner a comer sentado", dice el papá.

La pesista tiene el sueño de ver a su mamá en una casa propia y que deje de lavar ropa o trabajar en hogares. Está estudiando para ser profesional del deporte y seguirá con el sueño de morder una de esas medallas olímpicas.

JOSE LUIS VALENCIA
SUB-EDITOR
EL TIEMPO CALI 
josval@eltiempo.com

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