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La historia no contada del cadáver 79 del Palacio de Justicia
Él era Édisson Zapata Vásquez, quien por 36 años fue el cuerpo 79,tras la toma del Palacio de Justicia.

Él era Édisson Zapata Vásquez, quien murió en la toma del Palacio.

Foto:

De allegados

La historia no contada del cadáver 79 del Palacio de Justicia

Él era Édisson Zapata Vásquez, quien murió en la toma del Palacio.

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De allegados

Se trata de un tulueño que hizo parte de las personas que murieron en el holocausto.

El excombatiente de la guerra de Corea Francisco José Zapata se había vuelto un comerciante y vivía de la cafetería que tenía en Tuluá, en el Valle del Cauca, con la ayuda de Édisson, el mayor de tres hijos varones que tuvo con su esposa Nohemí Vásquez. Era noviembre de 1985.

Sus vidas transcurrían en calma, pese a las necesidades económicas de toda familia que busca salir adelante. 

Édisson Zapata Vásquez tenía 20 años y con su padre solía sostener largas conversaciones, mientras trabajaban en la cafetería, atendiendo a sus comensales.
El tulueño fue uno de los principales apoyos de este hogar hace 36 años.

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Pero fue en noviembre, cuando todo dio un giro y Édisson les anunció que se iba para Bogotá por motivos de un nuevo trabajo.

La familia no supo más de él.

Aunque la pareja y los demás hermanos estuvieron preocupados cuando escucharon por radio y vieron las noticias por televisión de la toma del Palacio de Justicia, el 6 de noviembre de 1985, nunca les pasó por la cabeza que Édisson estaba en medio de esas 28 horas de infierno que se vivieron en el corazón de la capital de la República, entre disparos y fuego. 

Escena de cuando el Palacio ardía en ese 6 de noviembre de 1985.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Mientras el país repudiaba lo ocurrido, pues el Palacio quedó en cenizas y se lamentaba por la muerte de 98 personas y por 11 desaparecidos, pasaron los días para la familia Zapata Vásquez hasta que una llamada telefónica les informó que Édisson estaba muerto. Era una de las víctimas del Palacio.

Sin embargo, el dolor fue mucho más desgarrador, cuando el padre viajó a Bogotá a reconocer el cadáver de su hijo. 

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Don Francisco les contó a sus familiares que al llegar a esta ciudad fue blanco de señalamientos.

Édisson apareció como uno de los guerrilleros del M-19 en el holocausto. La Fiscalía lo confirmó y lo ratificó en este año, tras una investigación para identificar a víctimas de la toma del Palacio, investigación que se inició en 1998 por orden del Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de Bogotá.

Fueron días difíciles para el padre en ese 1985 porque no entendía por qué su hijo estaba dentro del listado de integrantes del M-19. Solo sabía lo que Édisson les había dicho: se iba a trabajar. 

En la historia quedan imágenes desgarradoras e impactantes por la toma del Palacio de Justicia.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Don Francisco vio a madres, viudas, hijos e hijas que confundidos, y en medio de lágrimas buscaban entender qué era lo que había sucedido y cómo sus seres queridos terminaron sin vida, en aquel 6 de noviembre.

Sin embargo, el padre de Édisson sacó fuerzas, como todo excombatiente de una guerra por su familia para mantenerse en pie y no derrumbarse, tratando de reclamar los restos de su hijo.

Aunque clamó incesantemente para que los devolvieran tuvo que partir de Bogotá con las manos vacías y su corazón destrozado.

Sobre cómo Édisson se habría involucrado con la guerrilla, la familia no lo sabe. 

Tienen el recuerdo de un buen hijo y hermano en aquella cafetería. Para doña Nohemí fue un niño que jugaba alegremente con sus hermanos y un adulto que trabajaba con su padre.

El recuerdo que guarda su padre es de un hombre aguerrido en que se había convertido a sus 20 años, pendiente de ellos y de su bienestar.

Es un recuerdo de tres décadas de quien en un comienzo había sido sepultado en una fosa común del Cementerio del Sur, en la fría capital, tras ser apilado con otros cuerpos y ser sacado en un furgón.

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En ese 1985, Alexandra Londoño Zapata, nieta de don Francisco y sobrina de Édisson era apenas una bebé, de un año.

Hoy es una abogada que desde que terminó estudios en 2008 emprendió una cruzada para recuperar los restos que serían de su tío, con el fin de que la familia le diera el adiós que nunca había podido y así dar por terminado todo el dolor y la zozobra que han vivido sus abuelos por estos últimos 36 años.

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Así que decidida a encontrar la verdad, la abogada se comunicó con el Grupo Nacional de Patología Forense del Instituto Nacional de Medicina Legal. Insistió muchas veces en esa búsqueda de respuestas, primero para confirmar que Édisson era parte de las personas que murieron en la Toma. 

En un comienzo había sido sepultado en una fosa común del Cementerio del Sur, en la fría capital

Entre tanto, en la Fiscalía, uno de los expedientes hacía referencia a los restos de una persona que quedó catalogada con el número 79, luego de la toma del Palacio de Justicia. No había sido identificado en estos más de 30 años. Solo reposaba su descripción en anaqueles, mientras se buscaba avanzar con la investigación que venía desde 1998.

Fue así que con otra familiar de Édisson se reavivó la esperanza para los Zapata de que correspondiera al cuerpo número 79.

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“Mi abuelo tiene 92 años. Cuando hablo con él suelo grabar las conversaciones sobre sus historias de la guerra de Corea y siempre hablábamos de mi tío”, dice la abogada que no lo recuerda muy bien, porque era muy niña y solo tiene referencias de él por fotografías.

Con los años, los Zapata se marcharon del país y se fueron a vivir a Estados Unidos.

Pero la nieta nunca dejó de comunicarse con sus abuelos ni de escuchar historias. Al tiempo, ella seguía buscando más información hasta que en la Fiscalía le indicaron que habían reabierto la investigación sobre los restos del cadáver 79. 

Ya la Fiscalía tenía autorización para la necropsia a cadáver, los análisis de antropología forense, de las estructuras óseas y de su dentadura, y la prueba de genética forense. 

La Fiscalía tenía autorización para la necropsia a cadáver, los análisis de antropología forense, de las estructuras óseas y de su dentadura, y la prueba de genética forense

El año pasado, la joven abogada fue notificada de que el abuelo debía practicarse una prueba de ADN para cotejarla con el cuerpo que había sido exhumado dentro de la investigación.

Sin embargo, por motivos de salud, don Francisco no podía viajar.

Pese a ello, en esta historia pudo más el empeño y el deseo de cerrar este episodio de incertidumbre, pues la abogada logró que a sus abuelos les tomaran muestras en el país anglosajón.

En cuestión de meses salieron los resultados que aceleraron los corazones de los Zapata Vásquez.

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“Esto fue un tiempo récord. Era casi increíble lo que pasaba”, dice la abogada tulueña.

El examen de Medicina Legal, con fecha del 2 de julio de 2020, había arrojado una coincidencia del 99 por ciento con los restos de la persona número 79, que ya se encontraban a salvo en una bóveda.

Era la certificación genética que habían estado esperando y la Fiscalía Primera Delegada ante la Corte Suprema de Justicia estableció la fecha de entrega.

El paso siguiente, los trámites para que los Zapata recuperaran los restos.
Fueron meses de ansiedad, pero esta familia de Tuluá tendría un sosiego como siempre lo anhelaron.

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Aunque los trámites se alargaron este año, inicialmente por la pandemia y a mediados por el paro, finalmente les informaron que en octubre de este 2021 sería la entrega.

Don Francisco pudo tener la posibilidad de sentirse mejor con una autorización médica para regresar a Colombia, a su Tuluá natal. El excombatiente de la guerra de Corea viajó con doña Nohemí.

Ya en el Valle del Cauca, la familia hizo arreglos con su nieta para que la ceremonia fúnebre se realizara en la capilla del Orfanato de la Sagrada Familia de Tuluá. Se fijó el día para el sepelio: el 22 de octubre pasado.

Ese viernes no llovió en Tuluá. El calor era intenso, y don Francisco y doña Nohemí, vestidos de negro, lloraron inconsolablemente en la capilla del barrio La Victoria, por esta angustia y silencio de 36 años.

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Pero ambos agradecieron a Dios, y a la cruzada de su nieta con una familiar para tener de nuevo a Édisson.

La pareja reavivó ese dolor por su muerte, sumándose al que han sufrido miles de colombianos que perdieron a los suyos en uno de los capítulos más agitados y trágicos de la historia del país, en aquel 6 de noviembre de 1985.

La Fiscalía también entregó los restos del magistrado auxiliar del Consejo de Estado Jaime Alberto Córdoba Ávila. Según la Fiscalía, se han entregado más de 40 cadáveres de quienes murieron en la toma del Palacio, entre ellos, el que dejó de ser catalogado con el número 79 para tener un nombre en una lápida del cementerio de Tuluá.

CALI

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