El hijo del cortero de caña que quería ser general

El hijo del cortero de caña que quería ser general

Luis Alfonso Mosquera Murillo, era un consagrado lanzador de disco y gran bailarín, tenía 23 años.

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El cadete que le frustraron el sueño de conocer su hijoEl cadete que le frustraron el sueño de conocer su hijo
Cadete Luis Alfonso Mosquera

Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO

Por: Gloria Inés Arias
19 de enero 2019 , 10:18 p.m.

Luis Alfonso Mosquera Murillo planeaba viajar en Semana Santa a su casa en Pradera, Valle del Cauca.

pensaba ‘desquitarse’ en su próximo descanso. Bailó como nunca, pues si a alguien le gustaba el baile era a él, y repitió hasta cuatro veces ‘Las pre’, pura salsa choque.

“Él subía a su Facebook los videos que grababa en la cuadra del barrio”, recuerda Lucero, una de sus cuatro hermanas.

“Era el alma de las fiestas, era el alma de la casa”, agrega su hermana menor Yury.

En el humilde y populoso barrio Manuel José Ramírez de Pradera todos están tristes, no pueden creer que hace menos de un mes estaban riéndose con las ocurrencias de Luis Alfonso, el joven de 23 años y 1,85 metros de estatura que soñaba con ser general.

Llegó a la casa paterna, por sorpresa, el 22 de diciembre y se marchó el 8 de enero porque el 10 debía estar de nuevo en la Escuela.

“Le gustaba mucho la recocha, era un chiste; a mi mamá le bailaba en la cocina y le decía ‘Mami, cómo estás de rica’, así era él”, contaba su hermana Yury.

El 31 lo celebraron en plena calle, como se acostumbra en los barrios populares, y en medio del baile mandó a comprar alitas apanadas, esa fue la cena de fin de año.

“Me mandó por las alitas apanadas, me dijo que si iba por ellas me daba una (risas). Mirame a mí, se puede hacer una carrera, ojalá todos tengamos una carrera. Esa fue su despedida”, recuerda su hermana Lucero.

Se iba a graduar en mayo próximo. Su entrada a la escuela de Policía no fue fácil. La primera vez que se inscribió no lo aceptaron, así que su familia insistió.

“Al principio lloraba mucho, decía que nos extrañaba, y mire lo que pasó”, se lamentaba su hermana Lucero. Su padre hasta se endeudó para que su hijo pudiera llegar a Bogotá.

En una pared de la sala, encima del televisor, están todas las medallas que ganó como deportista.

Vamos a ser grandes y a reírnos de la vida. Eso me dijo al despedirse

Empezó como futbolista, pero después de ver a su tío Wilfredo Murillo entrenar como atleta, decidió que lo suyo sería el lanzamiento de disco. En los Juegos Interescuelas de agosto pasado ganó medalla de oro.

Logró un récord con un lanzamiento de 50,84 metros. Desde el 2006 comenzó a entrenar y vistió los colores del Valle del Cauca, logró cerca de 25 medallas en toda su carrera deportiva.

El secreto de Luis

El pasado miércoles a la medianoche, nueve horas antes del atentado, Luis Alfonso se levantó de su cama y despertó a su amigo Silvio, un caleño que era compañero de curso en la academia, para desearle feliz cumpleaños.

–¿Estás loco? ¿Vos me despertás a esta hora? –le dijo Silvio.
–¿Y si después no alcanzamos? –le contestó Murillo.

Amaneció y después de la ceremonia de grados que se cumplió en la Escuela se dirigían a desayunar, pero Silvio se devolvió por 20.000 pesos que se le habían quedado sobre la cama y se salvó. Luis Alfonso siguió caminando y fue alcanzado por la onda explosiva del carro bomba.

“Silvio está muy impactado. Dicen que mi hermano fue impactado en el rostro y en una de las piernas, pero nadie ha podido verlo; ni mi mamá, que viajó a Bogotá”, contó su hermana Lucero en medio de lágrimas.

Sus cuatro hermanas y su hermano menor, de 13 años, guardaban la esperanza de que su hermano estuviera herido, pero a las 3 de la mañana del viernes, su mamá, doña María Inocencia Murillo, los llamó para decirles que había muerto, que así se lo habían dicho en la patrulla de la Policía que la había recogido en Bogotá.

“No lo puedo creer. A toda hora hacía payasadas, hasta me consiguió un novio en Bogotá. Me decía, es mi compañero, lo conozco y no está feo”, recordaba su hermana Lucero.

Su tío Wilfredo Murillo lo acompañó el 8 de enero hasta la plaza principal de Pradera, un municipio ubicado en el sur del Valle, para que abordara el bus que lo llevaría hasta Palmira y de ahí hasta Bogotá.

“Dios te bendiga, vamos pa’lante. Vamos a ser grandes y a reírnos de la vida. Eso me dijo al despedirse”, recordaba su tío, quien le guardó hasta el día de su muerte su gran secreto.

Luis Alfonso iba a ser padre y solo se lo había contado a su tío. Una mujer soldado del Ejército espera un hijo suyo.

GLORIA INÉS ARIAS
Enviada especial de EL TIEMPO
​PRADERA (VALLE)

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