Los ‘templos’ que han gestado una cultura de la rumba caleña

Los ‘templos’ que han gestado una cultura de la rumba caleña

Son salsotecas donde van bailarines profesionales, así como aficionados y extranjeros para aprender.

La Matraca, el espacio tanguero de Cali

En la Cali salsera y pachanguera, este espacio lleva desde 1964 siendo un referente para los tangueros en el Valle.

Foto:

Juan Bautista Diaz Narvaez / EL TIEMPO

Por: CALI
29 de diciembre 2019 , 11:20 a.m.

No hay una hora fija para dejar que la salsa se apodere del cuerpo de arriba a abajo.
Las trompetas y los timbales retumban y motivan a mover el esqueleto en barrios tan tradicionales de Cali, como el Obrero, donde la música es la gran reina de día y de noche en las voces de la ‘Guarachera de Cuba’, la Sonora Matancera, Rubén Blades, el Gran Combo de Puerto Rico, la Fania o los Hermanos Lebrón.

El Chorrito Antillano, La Matraca, la Casa del Melómano, Zaperoco, Mala Maña, la Casa Latina, La Ponceña, El Bem Bem, Punto Baré, Salsa, Topa Tolondra, Tintindeo, Habanero Club, Libaniel del barrio Alameda y otros se volvieron en lugares obligados, algunos desde hace medio siglo, para rendir tributo a la salsa, a los bailarines, a los bailadores, a los artistas y a todo amante de la melomanía. El Museo Jairo Varela marca una nueva historia.

En la Secretaría de Cultura de Cali resaltan estos ‘templos’ de la salsa, que sirven como semillleros.

La ministra de Cultura, Carmen Inés Vásquez, resalta la cultura y esa riqueza de bailarines en Cali, en escuelas de barrio, para superar los 15.000.

“El Habanero Club sigue siendo un escenario muy caleño, con una decoración llena de antigüedades con su museo lleno de fotografías de los artistas”, dicen los melómanos.

“Suena música cubana bien sabrosa. Viene mucha gente a la pachanga”, comentan en la Topa Tolondra, donde hay hasta clases de bailarines a todo aquel, incluyendo extranjeros, con el deseo de aprender a bailar salsa.

Hay días de música en vivo, otros de puro aprendizaje y están los días de la rumba tradicional, especialmente, los fines de semana.

Los domingos en estas viejotecas los dedican a lo que se llama Agua e’ lulo, para que nadie se quede desparchado o desprogramado. Cada quien baila a propio ritmo y destreza. Nadie quiere descrestar al otro. La consigna es gozar la parranda y ahora más, en época de la Feria de Cali, en su edición número 62.

Es así que los barrios Obrero, San Nicolás y Alameda, además de la calle Quinta y puntos de la Roosevelt conservan su esencia rumbera.

“Los turistas extranjeros son un público muy importante para nosotros”, comentan en la Topa y en Tintindeo. De hecho, en esta discoteca, los jueves están entre los días de más atracción para los visitantes foráneos. “Se les da el espacio para aprender sí, pero también para presentarse en público bailando salsa para los caleños y por qué no, también con la idea de que puedan participar en el Salsódromo”, dicen los rumberos.

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