Los monólogos de la vasectomía

Los monólogos de la vasectomía

El escritor y docente vallecaucano Óscar Perdomo se sometió a este procedimiento. Testimonio. 

En el Valle del Cauca hay dos sedes de Profamilia. Una en Cali y la segunda, en Tuluá.

En el Valle del Cauca hay dos sedes de Profamilia. Una en Cali y la segunda, en Tuluá.

Foto:

EL TIEMPO

Por: Óscar Perdomo
09 de mayo 2019 , 09:30 a.m.

He ido a conciertos internacionales, a mundiales de fútbol y a museos legendarios. Y cuando cuento esas anécdotas en alguna reunión social, con un vaso de whisky en la mano, siempre alguien me pregunta incrédulo:

-Cómo paga esos viajes si es escritor y tiene sueldo de docente?
-Muy fácil –contesto. –No tengo hijos.

Parece burla, pero es muy en serio. Un hijo es una inversión costosa, interminable y que no da réditos. “Cuando no se tienen hijos, el sueldo rinde”, afirmo entre risas, pero es una verdad de a puño. “Por eso me hice la vasectomía”, continúo disfrutando mi bebida. Desde luego, cuando sonrío al ver la cara de rabia de mis interlocutores con niños y deudas espero la réplica:

-Uy, tan egoísta.

No lo niego. Es un acto de egoísmo puro. Prefiero viajar y visitar otros países a quedarme en casa cuidando un niño llorón; me gusta conocer obras maestras en museos maravillosos en lugar de asistir a desesperantes e interminables reuniones de colegio donde, siempre, me van a pedir dinero para algo; cuando voy a una playa con mi pareja, cargo una nevera con cerveza y no una pañalera. La vida es para vivirla y gozarla, ¿no?

-Los niños son la alegría del hogar –argumentan muchos. Y tienen razón. Pero, para ello primero hay que tener un hogar, que en términos de nuestra sociedad significa una casa grande, un carro donde quepan los hijos y sus juguetes, y un fondo universitario para toda la prole; y un trabajo arduo de ocho días a la semana para pagar todo eso. Estoy seguro de que muchos encuentran felicidad en esa vida, pero no es la única. Un hogar también puede ser, simplemente, la habitación que espera vacía a que uno llegue de un mes de viaje por Europa o Suramérica; la felicidad también es la libertad de tomar una mochila y caminar sin rumbo definido, tranquilos porque ninguna responsabilidad encadena nuestros sueños. Algunos hallan alegría en sus hijos, otros hallamos alegría en no tenerlos. La libertad es, en efecto, un acto egoísta.

-Pero –pregunto con desparpajo si el padre o la madre que me reclaman están muy indignados con mi espíritu vagabundo- acaso no es un acto egoísta traer al mundo a un hijo solamente para satisfacer una necesidad afectiva o psicológica?  

Ahí brincan todos. Hay personas que quieren, desean, necesitan de manera ferviente desarrollar sus instintos maternales o paternales. Eso está bien, es natural, humano, hasta biológico. El problema es otro: los niños vienen sin manual de instrucciones. Todo lo que hagamos los afectará para bien y para mal. Nuestros padres son causa directa de todos nuestros traumas y frustraciones, aunque la tendencia políticamente correcta es agradecerles nuestros logros y nuestra existencia misma. Y, de igual manera, nosotros seremos responsables de la crianza de esos niños; un paso en falso, una palabra mal dicha, y habremos afectado una vida inocente. ¿Estamos preparados para tal compromiso? ¿Lo está alguien en este planeta?

-Y hablando del planeta… -me solazo en mi crueldad- ¿En verdad quieren traer hijos a este mundo tan degenerado? ¿A este mundo contaminado, inseguro e invivible? ¿Particularmente, a este país ensangrentado y corrupto? No, yo no quiero. No me imagino la ignominia de arrojar a un ser humano a este hervidero de vilezas. No soportaría a un niño interrogándome con su mirada inocente por qué lo traje a esta sociedad putrefacta.

Ahí se confunden todos. Esa postura, que no es tan extraña ni inexplicable como parece, fastidia mucho, pues tener hijos es el orden natural de la vida. Pensar fuera de ese ciclo parece errado, antinatural, casi criminal. Es como atentar contra la humanidad misma, y eso le aterra a la mayoría de personas que, desde luego, ya existen. De hecho, uno de los últimos argumentos que esgrimen para convencerme de lo errada de mi postura es: “A ti te dieron la oportunidad de vivir”. No es cierto, a mí no me dieron la oportunidad de nada; a mí me trajeron sin preguntarme y me arrojaron a una cárcel de inhumanos. Y no quiero hacerle ese mal a nadie.

-Por eso –concluyo triunfal la conversación- me hice vasectomizar. Para estar absolutamente seguro de que no traeré un hijo al mundo. Y nada me alegra tanto como saber que nunca cometeré ese crimen contra un ser humano.

Casi siempre, y con razón, pues los he insultado no tan veladamente, mis interlocutores me miran feo, murmuran alguna respuesta poco elegante o se ríen de mí y me ignoran mientras muestran orgullosos las fotos de sus hijos. Eso está bien, hay gente que tiene vocación de padres y, seguramente, son buenos en ello. Yo no, considero a la raza humana como un cáncer de la creación y me niego a perpetuarla. Eventualmente, alguno de los que me ha escuchado es lo suficientemente agudo como para devolverme el insulto:

-Pues mejor que se haya vasectomizado, así no se reproduce.
-¡Exactamente! -levanto sonriente mi whisky y brindo con el único que en verdad me ha entendido.

ÓSCAR PERDOMO
ESCRITOR, DOCENTE Y DOCTOR EN HUMANIDADES
CALI

Descarga la app El Tiempo. Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias. Conócela acá

Empodera tu conocimiento

Ponte al día

Tendencias

Logo Boletin

Estás a un clic de recibir a diario la mejor información en tu correo. ¡Inscríbete!

*Inscripción exitosa.

*Este no es un correo electrónico válido.

*Debe aceptar los Términos y condiciones.

Logo Boletines

¡Felicidades! Tu inscripción ha sido exitosa.

Ya puedes ver los últimos contenidos de EL TIEMPO en tu bandeja de entrada

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.