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La 'pandemia' de los monumentos derribados
Momentos cuando la estatua de Sebastián de Belalcázar fue derribada.

Momentos cuando la estatua de Sebastián de Belalcázar fue derribada en Cali.

Foto:

Juan Pablo Rueda. EL TIEMPO

La 'pandemia' de los monumentos derribados

El más reciente caído, Gonzalo Jiménez de Quesada. En Cali, Cauca y Nariño, otros desplomes. 

El derribamiento de la estatua de Gonzalo Jiménez de Quesada por parte de un grupo de indígenas misak se suma a la caída de estatuas de conquistadores y personajes de la historia, ocurridas en Cali, Popayán y Pasto.

Los indígenas manifiestan que todos estos conquistadores representan el horror, el genocidio y el exterminio que se siguen viviendo en la actualidad. 

En el caso de Sebastián de Belalcázar en Cali, muchos veían venir el derribamiento de las dos toneladas de la figura con su brazo apuntando hacia el Pacífico.

Así lo presintieron desde el 16 de septiembre del año pasado, cuando indígenas misak tiraron con cuerdas el monumento del conquistador español, erigido en el cerro El Morro del Tulcán, en Popayán. 

El suceso puso sobre la mesa el debate de si se podía rendir tributo a Belalcázar, a quien relatos acusan del genocidio en La Conquista. 

Tres días después de este desplome, en Pasto, el monumento al traductor de los Derechos del hombre, el prócer, el padre de la patria Antonio Nariño también se vino abajo. 

El prócer cayó de cabeza, mientras un grupo de jóvenes seguía tirando las cuerdas atadas a la escultura.

Ese mismo primero de mayo, un grupo de indígenas tumbó el monumento de la Piedra de Bolívar en el municipio Cumbal, también en Nariño. 

El hecho generó igual conmoción como la caída de Belalcázar en Cali, pues hay quienes consideran que en el departamento conocen la historia y reconocen a los próceres y hay quienes piensan que hubo atropellos y genocidios después del Descubrimiento del continente. 

Para completar esta 'pandemia' de monumentos derribados, este 4 de abril cayó la estatua de Julio Arboleda, el llamado 'Poeta soldado', en Popayán.

En videos que circulan en redes sociales se observa con cuerdas que algunas personas  derriban el monumento y luego lo golpean en el suelo con palos, patadas y objetos.

La estatua estaba ubicada en el parque que llevaba su mismo nombre junto al Banco de la República, la Arcada de la Herrería y el Puente del Humilladero.

Julio Arboleda Pombo nació en 1817 en Timbiquí, Cauca y falleció en Berruecos en 1862. Fue un escritor, periodista, poeta, empresario, estadista y político granadino.

En el centro histórico de esta misma ciudad se conserva la casa de sus padres, construida en el siglo XVIII. En ella se alojó en dos ocasiones El Libertador Simón Bolívar, amigo de los padres de Arboleda, en cuya hacienda Japio (al norte de Popayán) solía igualmente pasar temporadas de descanso. 

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Quieren que Belalcázar regrese al oeste

Cuando las autoridades de Cali estaban concentradas en corredores viales ante el paro nacional que comenzó el 28 de abril contra el proyecto de la reforma tributaria, indígenas misak llegaron al amanecer de ese miércoles al mirador del oeste de la capital del Valle del Cauca, donde la mole en bronce estuvo en pie por 83 años, desde el 25 de julio de 1937.

En septiembre de 2020, cuando derribaron la estatua en Popayán, la Alcaldía de Cali acudió a una tela blanca para protegerla simbólicamente. Con el desplome, la estatua fue retirada entre inquietudes de si Belalcázar debe volver al pedestal. Fue retirada por el peligro, pues quedó virtualmente en el aire. 

Así se ve el monumento de Sebastián de Belalcázar sin su principal morador.

Foto:

Santiago Saldarriaga. EL TIEMPO

“La sociedad caleña también debe tener monumentos para el pueblo afro e indígena. Esta sociedad no puede ser narrada solo desde la propuesta del quien fue el esclavista y conquistador”, dijo el alcalde Jorge Iván Ospina, quien anotó que eso no implica mover a Belalcázar.

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“El problema no es la estatua, lo importante es entender que existen sectores que históricamente se sienten excluidos, no tienen referentes o íconos”, dijo el secretario de Turismo de Cali, Carlos Martínez.

La presidenta de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, seccional Valle, Elly Burckhardt, dijo: “Fue un acto de irrespeto con el monumento y la historia de la ciudad. Sin embargo, hay que escuchar a los indígenas”.

La arquitecta, que no aprueba un traslado, dijo que se debe comprobar lo que dicen del conquistador cuando lo señalan de genocida. En su opinión, la derribada fue drástica.

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Directivas de la Sociedad de Mejoras Públicas expresaron que este es un ícono histórico, artístico, cultural y paisajístico que no debió ser atacado. “Un monumento se transforma en un símbolo y poner en el lugar placas explicativas de las transculturaciones de nuestro mestizaje étnico e histórico es importante. En vez de quitar uno, sería más contundente erigir otros monumentos a los indígenas y a los esclavos africanos. Tendríamos así un nuevo mirador que conservaría la historia de su pasado, abriéndose a una ciudad cosmopolita que integra diversas tradiciones no excluyentes y por lo contrario, nos enseñarían que todos debemos compartir una ciudad. Porque si de acabar con el patrimonio cultural se tratara, nos quedaríamos sin historia”.

En la Sociedad de Mejoras esperan que la estatua vuelva al pedestal, el próximo 25 de julio.

El escritor y exgobernador del Valle Gustavo Álvarez Gardeazábal piensa que todo lo que ha venido sucediendo es una develación: “Cuan falsa es la historia que nos inculcaron. Belalcázar fue el más representativo de esa jauría de españoles que hicieron la conquista de Colombia arrasando sementeras, preñando las mujeres indígenas luego de matar con crueldad a sus maridos (...)”.

El arquitecto y urbanista Benjamín Barney afirmó: “Primero hay que rechazar fuertemente los actos de hecho. Allí hay algo que hay que discutir y plantear, pero la idea no es arrancar y tumbar la estatua. Lo segundo es parte de la historia y, al mismo tiempo, es hito urbano, pertenece a la ciudad. Mucho de lo que alegan no es cierto, pero por supuesto hay una parte que sí es cierta y habría que aclarar. He dicho que lo había que hacer es completar esa historia”.

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Propone que cerca del monumento esté una placa que explique la obra y recalcó que la estatua es por la fundación de Cali. 

El director de Ciencia Política de la Universidad Javeriana de Cali, Gustavo Morales, dijo que las manifestaciones en Cali en una de las cuales, Belalcázar fue derribado, han estado marcadas por señalamientos, algunas de sectores que rechazan la pobreza, pero también por una cercanía con Cauca y sus problemas sociales. Resaltó que en Cali hay diversidad de grupos poblacionales que, inclusive, territorialmente están a poca distancia, unos de otros.

Autoridades del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric) indicaron: “Sebastián de Belalcázar fue el genocida que encabezó el comienzo de estos tiempos y estos horrores incontables que se profundizan y nos desangran. Nos han obligado a admirar, respetar y reconocer a don Sebastián. Representa a todos los conquistadores, al régimen de terror y despojo que llega hasta nuestros días”.

Piedad Maya, presidenta de la Asociación Colombiana de Ceremonial y Protocolo, dijo que si se quería que se quitara, se debió acudir al diálogo. “No se puede pasar de largo porque entonces cualquier ciudadano o grupo que no esté de acuerdo con una manifestación cultural, artística, religiosa, histórica, procederá por vías de hecho, negando así el orden en la Constitución Política a la que todos los ciudadanos hemos aceptado como norma de normas. ¿Qué pasaría si se opta por esta conducta con el monumento a Cristo Rey?”, preguntó la directiva.

El exprocurador ambiental del Valle Alberto Ramos Garbiras, doctorado en Derecho y magíster en Ciencia Política, ha sostenido: “Belalcázar venía del Ecuador, eliminando indígenas, almacenando oro, perlas y joyas; quemaban las aldeas con casas de techo de paja, a los sobrevivientes los herraban para tomarlos como esclavos”. 

Cerro El Morro en Popayán quedará sin Belalcázar

Los misak que derribaron la estatua de Sebastián de Belalcázar en Cali pertenecen a la misma etnia que el 16 de septiembre del año pasado tiró abajo la estatua que estuvo en el cerro El Morro del Tulcán, en Popayán.

La figura del conquistador en la capital caucana aún no ha sido instalada. Ya han transcurrido más de siete meses desde el desplome.

Luis Miguel Zambrano, secretario de cultura de Popayán, explicó que la estatua, aunque en un principio fue llevada hasta las instalaciones del Ejército para iniciar su proceso de restauración, se decidió trasladarla a uno de los inmuebles de la Alcaldía en el norte de la ciudad.

“Se llevó allá para su proceso de restauración dado que en el batallón estaría a la intemperie y se dificultaría realizarlo. Por ahora se mantendrá resguardada bajo techo, mientras se consolida su restauración. La estatua se encuentra en las instalaciones del complejo deportivo”, indicó.

Sobre el costo de la restauración, dijo que lo cubre la aseguradora, dado que, al formar parte de los bienes del municipio, cuenta con una póliza. 

“El primer paso es garantizar su restauración dado que la escultura es una obra representativa de arte por su origen, calidad de fundición y prestigio de su autor. Además de lo anterior, es parte fundamental de nuestra historia y debe recuperarse”, agregó.

El monumento no volverá a ser erigido en el Morro de Tulcán, donde se instaló desde 1940.

Cuando la estatua fue tumbada en septiembre del año pasado por miembros de la etnia misak, ellos afirmaron que lo hacían como un juicio simbólico a Sebastián de Belalcázar, a quien señalan que causó la reducción demográfica más alta de indígenas.

En videos quedó registrado el momento cuando un grupo de indígenas enlazan la estatua del conquistador español, y la tumban.

Los nativos también afirman que en el cerro está una pirámide misak de antes de La Conquista, que además es un cementerio indígena y un templo del sol.

CALIi, POPAYÁN y PASTO

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