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Jamundí, la tierra del cholao le teme a la noche y la montaña de coca
El corregimiento de San Antonio, en Jamundí

El corregimiento de San Antonio, en Jamundí

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Archivo particular

Jamundí, la tierra del cholao le teme a la noche y la montaña de coca

El corregimiento de San Antonio, en Jamundí

Bajo la sombra de miedos,  muertes de jóvenes y amenazas, desde este municipio piden atención.

El turístico municipio del sur del Valle del Cauca afronta incertidumbres, especialmente, en su zona rural, por el microtráfico, extorsiones y crímenes de jóvenes.

El alcalde Andrés Felipe Ramírez dice que Jamundí no puede solo y lo deberían integrar a la estrategia de paz como a las vecindades del Cauca.

El hallazgo de los cadáveres de dos adolescentes en un cañaduzal, en las afueras de Jamundí, con señales de golpes y con tiros en la cabeza, en agosto del año pasado, fue una de las primeras señales de lo que está pasando en los alrededores del municipio, a 17 kilómetros de Cali.

Sus muertes desataron rumores ligados a que se equivocaron al salir con algunos integrantes de presuntas ‘oficinas’, como se les llama a las bandas que mueven el microtráfico, extracción de oro y extorsiones.

En febrero pasado ocurrió otro crimen que estremeció a la población. Apareció asesinada una joven también en las afueras y nadie sabe por qué.
Miedo en la zona rural

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Área urbana de Jamundí (Valle)

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Archivo particular

Jamundí, conocida como la ‘capital del cholao’ por el refresco con hielo, frutas y melaos, tiene 50 kilómetros cuadrados de área urbana.

Es uno de los municipios de Colombia al que más le ha crecido la población en la última década, pues de 96.993 habitantes en 2005 pasó a cerca de 200.000 en la actualidad.

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Área urbana de Jamundí (Valle)

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Archivo particular

Esto se debe en parte a que es una ‘ciudad dormitorio’, es decir, por su cercanía a Cali, a unos 15 minutos en carro, muchas familias se han mudado allí y van a la capital a trabajar.

La ciudad tiene su zona de rumba, que es reconocida en el Valle.

El principal temor está en su territorio rural, de 500 kilómetros cuadrados, que llega hasta los Farallones, donde comparte fronteras con Cali y la región caucana del Naya.

En esta zona, poblada en buena parte por campesinos, se mueven bandas como el ‘clan del Golfo’ y ‘los Pelusos’, y disidencias de las Farc y el Eln, que estiran sus redes hasta el Cauca y el Pacífico. Y en voz baja se menciona la presencia de los carteles mexicanos, que tendrían ‘emisarios’ de carteles de los Zetas, Jalisco Nueva Generación y cartel de Sinaloa, que mueven cargamentos de cocaína a través del Pacífico. A ello se suma la minería ilegal de oro.

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El vicedefensor del Pueblo, Luis Andrés Fajardo, aseguró que estructuras transnacionales como carteles de México o ‘Tren de Aragua’ contratan o subcontratan a bandas locales para delitos en el Valle, en particular el control de microtráfico en Cali. Aclaró que no se rata de ciudadanos mexicanos aquí, sino de bandas como emisarios.

El general José Gualdrón, comandante de la Policía Metroplitana, responde: “No determinamos que haya participación de actores criminales extranjeros”.

El alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, señala que "no tenemos evidencias por parte de la Policía, Fiscalia y ejército de grupos armados internacionales controlando el territorio en Cali, construyendo una matriz sistemática de extorsión, etc. Sin embargo somos conscientes de su existencia en el país y las acciones para evitarla".

Lo cierto es que en las afueras de Jamundí, en el sector de Alto Vélez, afueras de Jamundí, hay temor hasta de hacer deporte. Recuerdan el crimen de un ciclista recreativo, en agosto del 2020, que resultó ser Cristian Camilo Vergara, de 46 años, mayor retirado del Ejército.

El año pasado se superaron los 100 homicidios, aunque el alcalde de Jamundí, Andrés Felipe Ramírez, destaca que se bajó la criminalidad un 13 por ciento.​

Sebastián Camilo Guzmán pertenecía a un club de fútbol en Bogotá.

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Archivo particular

Más de la mitad de las víctimas en esta ciudad eran jóvenes que no pasan de 30 años.

En la relación se conocen casos de intolerancia, pugnas por delitos y otros casos sin móviles establecidos.

Está en esa lista Sebastián Camilo Guzmán, de 20 años, futbolista de un club de Bogotá.

El 22 de enero trabajaba temporalmente en una distribuidora de papa para conseguir recursos y viajar a probarse en un equipo de Estados Unidos.

Un pistolero lo asesinó, presuntamente por equivocación. Otros hablan de intolerancia. No hay respuesta todavía.

El club deportivo Lerma Talentos Colombia Futbol Club NS de Bogotá, al cual estaba vinculado el futbolista, lamentó que la violencia se haya llevado a un joven entregado a su pasión deportiva.

Stephania López, asesinada en Jamundí.

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Archivo particular

El asesinato de un padre y su hija sacudió a los jamundeños el 24 de abril del año pasado.

Eran Stephania López, de 27 años, y su padre Leo López, un comerciante.

Él fue por ella en moto hasta un gimnasio de Jamundí. Entonces, se dirigieron a un condominio donde residían.

A plena entrada llegaron dos hombres en motocicleta que usarían capuchas y que les dispararon.

El comerciante López murió en el acto y su hija murió en centro asistencial.

Las autoridades detuvieron a comienzos de este mes a un sospechoso. Se revisan móviles sobre quién ordenó el ataque criminal. 

SOS de Alcalde al Gobierno

El alcalde Andrés Felipe Ramírez afirma que Jamundí no puede solo y ha solicitado al Gobierno Nacional una apuesta integral “que aborde lo social para detener toda la conflictividad de la zona rural alrededor de los cultivos ilícitos y todo el narcotráfico; y para mejorar las capacidades institucionales de la Fuerza Pública”.

Jamundí no puede solo...Se pide que no solo se enfoquen los planes de seguridad en el vecino Cauca y se siga excluyendo a Jamundí entre zonas de estrategia integral de paz

Ramírez cree en la paz, pero ante hechos de violencia les ha dicho al Gobierno y a organizaciones que desmientan o acepten sus responsabilidades porque así no se puede hablar de tregua. Y pide que no solo se enfoquen los planes de seguridad en el vecino Cauca y se siga excluyendo a Jamundí entre las zonas de estrategia integral de paz.

La Defensoría del Pueblo ha elevado desde abril de 2018 alertas tempranas en varios municipios del Valle, donde se evidencian la presencia de grupos armados ilegales y situaciones de economías ilegales (contrabando, minería ilegal, gota a gota). Para Jamundí se recomendó, desde entonces, implementar medidas de protección a líderes y personas de etnias.

El año pasado, en la relación de los municipios identificados en riesgo, por presencia permanente, intermitente o tránsito de grupos armados ilegales, fuente de la amenaza a Jamundí la pusieron con la palabra ‘Extremo’.

Este año se volvió a clamar por ayuda. A mediados de febrero, la gobernadora Clara Luz Roldán y 40 de los 42 alcaldes del Valle firmaron una declaratoria en la que llaman al Gobierno “a que se respete el acuerdo del cese bilateral del fuego y cesen los hostigamientos contra la población civil en nuestro departamento”.

Extorsiones en la mira

Las bandas, además de disputarse el negocio del microtráfico, también quieren vivir de las ‘vacunas’.

El general William Fernando Prieto, comandante de la Tercera Brigada del Ejército, dice que se intensificaron controles y pide a la comunidad que no se deje intimidar ni asista a reuniones citadas por anónimos.

El secretario de Seguridad del Valle, Camilo Murcia, afirma que las intimidaciones podrían provenir de delincuencia o grupos organizados que pretenderían aprovecharse del cese del fuego propuesto por el gobierno de Gustavo Petro.

Presencia militar en área urbana de Jamundí

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EL TIEMPO

Las extorsiones vienen de tiempo atrás, dice un dirigente, que reserva su nombre. Cuenta que Jamundí ha cruzado diferentes procesos de violencia desde capturas o asesinatos de capos en la época de carteles, así como las guerrillas y la presunta desmovilización de las llamadas Auc.

En diciembre pasado, el Ejército desmontó una pancarta en la que se leía: ‘No se permiten robos, expendedores de droga ni extorsiones a pequeños comerciantes en esta zona’, a nombre del llamado frente ‘Jaime Martínez’ de las Farc. Y al amanecer del 21 de diciembre pasado fue detonado un carro bomba en la vía al corregimiento de Potrerito. Ese día, una granada fue lanzada a un puesto militar en el barrio El Jordán.
Frontera de coca y minería.

Se estima que en Jamundí hay unas 1.400 hectáreas de cultivos ilícitos y la sustitución está rodeada de riesgos para quien la promueve. También hay minería ilegal en la zona cercana a los Farallones, en sitios donde se requieren hasta dos días de viaje, con recorridos a pie y a caballo.

Mapa de límtes de Valle y Cauca

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Archivo particular

La muerte en junio del año pasado, en un operativo, del comandante de disidencias llamado Mayimbú en Suárez (Cauca) ha incidido en el conflicto en esta zona rural, pues desde entonces nuevos cabecillas libran una guerra para dominar el norte del Cauca y el sur del Valle.

Eso toca a municipios como Buenos Aires, Santander de Quilichao, Villa Rica, Guachené, entre otros, y del sur del Valle, a los corregimientos jamundeños de San Antonio y Villacolombia.

En el último consejo de seguridad, el ministro de Defensa, Iván Velázquez, señaló a disidencias y bandas al asegurar que el cese del fuego no debía ser solo por fracciones, sino un acuerdo completo porque, de lo contrario, el Estado no podría continuar este proceso.

El alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, llamó a disponer de más pie de fuerza como el Batallón de Alta Montaña, más tecnologías, fondo de recompensas y, sobre todo, inversión social.

Jonathan España Urrea, asesinado en Jamundí.

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Archivo particular

Los jamundeños pasan por sus tensiones y, por ahora, se limitan los paseos a la montaña, pues temen por sus vidas.

El ingeniero Jonathan España Urrea, emprendedor y especialista en gerencia de mercadeo global, salió de Cali el 18 de octubre pasado.

Antes de emprender ese viaje de unos 40 minutos le dejó un mensaje a una empleada: “Voy a una zona de riego en la parte alta de Jamundí”.

En el mismo correo anotó que tenía una hora promedio para volver: "Regreso sobre las 10", apuntó.

Pero desde ese momento se perdió el rastro. En la madrugada del jueves, algunas personas alertaron sobre la presencia de un cadáver en una entrada a la vereda Tinajas.

Era un hombre que vestía una camisa a cuadros rosada, jeans y zapatillas New Balance negras. En la localidad dicen que ese no es el sitio donde lo asesinaron, sino que allí dejaron el cuerpo.

El crimen es otra de esas sombras de lo que está pasando aquí.

MICHEL ROMOLEROUX, CAROLINA BOHÓRQUEZ Y JOSÉ LUIS VALENCIA
CORRESPONSALES DE EL TIEMPO
JAMUNDÍ Y POPAYÁN

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