El conmovedor adiós a una genio de las matemáticas en Colombia

El conmovedor adiós a una genio de las matemáticas en Colombia

Doris Hinestroza dejó un legado por su impulso a la investigación en la Universidad del Valle.

Hinestroza

Doris Hinestroza Gutiérrez. 

Foto:

Cortesía.

Por: Cali
13 de febrero 2019 , 06:09 p.m.

Superando su niñez en un asentamiento de La Isla, en Cali, en una casa de cartón y guadua, Doris Hinestroza Gutiérrez luchó para conseguir el dinero que debía gastar en buses hacia el colegio y la Universidad del Valle, escenarios donde mostró su devoción por las matemáticas.

Con mucho esfuerzo, se convirtió en una profesora e investigadora reconocida entre los estudiantes y egresados de las facultades de Ciencias Naturales y Exactas e Ingeniería de Univalle, donde enseñó durante 40 años.

La muerte este lunes de la mujer que estudió en contra del querer de su padre, quien en un principio argumentaba que el estudio para las mujeres era un gasto inoficioso, ha generado gran desconsuelo en el círculo académico de la capital del Valle.

Doris Hinestroza Gutiérrez fue una de las primeras colombianas que llegó a realizar un doctorado en matemáticas. Para lograrlo, tuvo que hacer mil y una peripecias, desde cuando ingresó a la universidad hasta cuando llegó a su doctorado  y debía pedir permiso a las profesoras de su hija de ocho años para llevarla a clases de variable complejo.

Tras conocer la noticia de su fallecimiento, la Sociedad Colombiana de Matemáticas escribió: "Lamentamos profundamente el fallecimiento de nuestra vicepresidente, la profesora Doris Hinestroza. La profesora Doris fue una excelente persona quien de manera incansable trabajó por el desarrollo de las matemáticas en nuestro país. Fue decana de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, directora del Departamento de Matemáticas, directora del grupo de investigación ANOPI y directora del programa de maestría y doctorado de la Universidad del Valle, vicepresidenta de la Asociación Colombiana de Facultades de Ciencias, vicepresidenta de la Sociedad Colombiana de Matemáticas".

Doris usualmente recordaba que cuando pasó el examen de admisión en el Colegio Santa Cecilia de Cali, su madre hizo una colecta pública en el vecindario para pagar la matrícula. Allí se ganó una beca pese a que en estos tiempos, 1966, lo usual era que los jóvenes del barrio solo cursarán uno o dos años de primaria. En el colegio siempre fue de las mejores estudiantes pese a que nunca tuvo para comprar un libro.

Al terminar el bachillerato, sus profesores le aconsejaban que no estudiara matemáticas “porque esa era una profesión poco lucrativa y que con sus capacidades era mejor que se dedicara a otra cosa”.

Un año después de terminar el sexto de bachillerato se presentó a la Universidad del Valle para estudiar matemáticas. Su mamá estaba triste porque creía que no sobreviviría y hasta rezó para que no pasara la prueba de admisión y evitarle así una decepción mayor.

En 1974 se presentó a la Universidad, pero se enfermó y se salió antes de terminar la prueba. Pero le devolvió la esperanza que días después anunciaron que los exámenes de admisión habían sido anulados y se repetirían.

Pasó con un puntaje excelente. Luego se presentó el problema de conseguir diariamente para el pasaje del bus. “Eso para mí, en el primer semestre, era un tormento, no sabía qué hacer, pero sin saber exactamente cómo culminé el semestre con mucha paciencia y dedicación”, le contó al periodista Jairo Canaval, quien le escribió un artículo desde la unidad de comunicaciones de Univalle cuando ella recibió su doctorado en Matemáticas en la Universidad de Cincinnati, Estados Unidos.

Al iniciar el segundo semestre logró un trabajo como profesora de un colegio, sin embargo, tenía que faltar a la primera clase en la universidad. Acordó con su profesor que ella estudiaría por su cuenta y presentaría los exámenes como cualquier otro alumno. Así aprobó el segundo semestre con las mejores calificaciones.

En tercer semestre las cosas mejoraron, porque el profesor Mario Yepes le ayudó a conseguir un trabajo en la Universidad, como becaria. El dinero que ganó le permitió vivir mejor e incluso ayudar a su familia.

En 1977, terminó su carrera y recibió el título. Lo primero que hizo fue presentar sus notas y un examen para un cargo de profesor en la Universidad Nacional de Medellín y al mismo tiempo en la Universidad del Valle, En ambas instituciones le abrieron las puertas. Sin pensarlo, decidió permanecer en Cali y aprovechó la oportunidad para hacer una maestría en matemáticas, escribió Canaval.

Al iniciar su posgrado tuvo una niña, pero logró terminar sus estudios sin contratiempos. Luego decidió estudiar un doctorado y se fue a Estados Unidos.

Para admitir a los extranjeros, las universidades norteamericanas exigen a los aspirantes presentar un examen que mide la proficiencia del idioma. Doris Hinestroza no logró pasar ese examen en su primer intento, pero la Universidad de Cincinnati la admitió sin ese requisito, por sus excelentes calificaciones de pregrado y magister. “Vivir en Estados Unidos, sin conocer el idioma, con una hija y muchas afugías económicas fue una experiencia dura, “sin embargo yo sabía muy bien cuál era el sacrificio que tenía que hacer para seguir estudiando”.

No pocas veces se preguntó si debía continuar o dedicarle más tiempo a su hija, pero siempre llegaba a la misma conclusión: Estudiar el doctorado era lo mejor para ella y para su hija y por lo tanto debía continuar con más ahínco. Finalmente se doctoró con una tesis de grado sobre “Recuperación numérica de coeficientes en ecuaciones diferenciales relacionadas con modelos utilizados en hidrología y pozos petroleros”, que permitiría avanzar en la investigación relacionada con la búsqueda de nuevos yacimientos petroleros. Pero no todo han sido problemas y dificultades para Doris Hinestroza, quien acaba de regresar a Colombia, pues cuando cursaba estudios en Cincinnati, recibió la beca más prestigiosa de la Universidad, “TAFT Fellow Ship”, gracias a sus calificaciones y trabajos de investigación.

En esa época se hizo una selección entre todas las Universidades de Estados Unidos, para escoger los 10 mejores trabajos de investigación de estudiantes de doctorado para la Conferencia Norteamérica de Matemáticas, que se realizó en 1990, En esa oportunidad Doris Hinestroza fue una de las escogidas.

Canaval anotó, en su artículo, que cuando culminó estudios en Estados Unidos y se alistó para regresar a Colombia, tuvo una oferta del director del Doctorado de la Universidad de Cincinnati, quien la invitó a quedarse, pero ella decidió regresar a su país para seguir su trabajo de docencia e investigación. 

Y cuando hacía una evaluación de las dificultades por las que pasó y las compara con el logro de su meta, culmina con una conclusión con mucho significado: “Vale la pena hacer lo que hice por obtener un doctorado, al fin y al cabo, las matemáticas son mi pasión”.

CALI

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