Eustacia Rodríguez tiene 100 años y 200 partos encima

Eustacia Rodríguez tiene 100 años y 200 partos encima

Es la partera tradicional que recibió el premio nacional Vida y Obra del Ministerio de Cultura.

Eustacia Rodríguez

Rodríguez, quien cumplió 100 años el 31 de diciembre, todavía atiende partos cerca de Guapi.

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MINCULTURA

22 de julio 2018 , 07:51 p.m.

Los dolores de parto obligaron a Eustacia Rodríguez Guerrero a arrodillarse sobre el rústico piso de tabla de su casa, en medio de la espesa selva de El Charco, en Nariño, a pocos metros del río Tapaje.

Eso fue hace 80 años, cuando tenía 20, un día que su esposo, José María Mancilla (asesinado a finales de los años 70), salió a labrar la tierra. Esta mujer caucana y afrodescendiente estaba en los últimos días del embarazo del cuarto de sus 11 hijos. Los tres mayores, Seberina, seguida por los mellizos Jesús Alberto y Manuel Alberto, eran apenas unos pequeños de entre 1 y 2 años, por lo que estaban aterrados, sin entender a qué se debían sus gritos.

Como estaba prácticamente sola, tuvo que atender su propio alumbramiento. En ese momento llevaba un par de años como partera, aplicando todo ese saber de las mujeres del Pacífico que durante siglos han traído niños al mundo en una región de difícil acceso, donde los médicos no abundan.

La semana pasada, dos años después de que el Ministerio de Cultura incluyó en la lista representativa del patrimonio cultural inmaterial del país la labor de las parteras de esa zona, Rodríguez, una de las más solicitadas y reconocidas, recibió el Premio Nacional Vida y Obra de la misma institución.


“No permitas que mi cuerpo sea preso, ni mis carnes heridas, ni mi sangre derramada, ni mi alma perdida; no me turben mi memoria ni me hagan brujerías”, ha musitado ella en una oración a la Virgen del Carmen, la patrona de su devoción, cada una de las cerca de 200 veces que le ha encomendado sus manos para que sus pacientes alumbren sin problemas; muchas, en pueblos del litoral de Cauca y Nariño y algunas en la zona rural de Buenaventura, Valle. Desde el 2015 atiende cada vez menos partos, debido a su edad.

Hoy, con 100 años cumplidos el 31 de diciembre, recuerda que hace 80 siguió de rodillas, con los talones descalzos. En la mano tenía una botella con esa agua de canela, clavos y anís que ella misma preparaba para que las contracciones de las embarazadas que atendía fueran más soportables. “Acompáñame, Virgen del Carmen, en esta labor”, seguía rezando esta mujer, oriunda de Guapi, cuando, después de pujar a solas en su casa, su hijo Feliciano nació sobre el piso de madera. Según recuerda, transcurrieron horas hasta que vio la cabeza del niño con sus cabellos ensortijados que se asomaba por su vestido ensangrentado.

Cuando se fue de Guapi rumbo a El Charco, porque se enamoró de José María, su suegra, Estefana Mancilla, robusteció su vocación de partera con nuevas enseñanzas sobre la partería afro en esa región.

Cuando se fue de Guapi rumbo a El Charco, porque se enamoró de José María, su suegra, Estefana Mancilla, robusteció su vocación de partera con nuevas enseñanzas sobre la partería afro en esa región

Recuerda que tuvo a Feliciano sin acostarse para que ella misma, con el movimiento del cuerpo hacia adelante y manteniéndose de rodillas, pudiera facilitar el alumbramiento. El niño nació por parto natural, como sus otros diez hijos. Ella misma cortó el cordón umbilical, se limpió y preparó unas compresas para ponérselas sobre el vientre. Con ese mismo conocimiento trajo al mundo a sus seis nietos y 13 bisnietos.

“Ser partera es dar vida. No importa la hora. A mí me buscaban en la madrugada, en el día y en la noche, para llegar a los sitios, casi siempre en lancha”, cuenta Rodríguez desde su humilde vivienda en Guapi, Cauca, a donde regresó. Allí vive en el barrio Olímpico, en compañía de Carolina, una de sus hijas menores. Recuerda que los trayectos podían tardar entre dos y diez horas, por ríos y por mar, hasta arribar a los más apartados corregimientos y veredas de la costa de Nariño y Cauca, así como de Buenaventura, en el Valle, muchos de ellos sumidos en la miseria y cuya única vía de acceso es la navegación, porque a su alrededor no hay caminos, solo selva.

Sobre cuál de esos 200 partos ha sido el más complicado, la ‘Vieja Tacho’, como le decía su esposo y como terminaron llamándola todos los que recurrían a sus servicios, aclara que todos tenían un riesgo. “Antes de iniciar, yo le daba a la embarazada la toma de canela y anís con un poquito de aguardiente. Pero siempre era la Virgen del Carmen la que me daba la mano”, dice antes de recalcar que en su maletín siempre llevaba la pócima –bendita, según ella– en la botella de alguna gaseosa, además de alcohol, gasas y yodo.

“Pero fue el parto de Rosana –contesta finalmente–. Ella tenía como unos 20 años y me hizo sudar y rezarle mucho a la Virgen. Fue aquí, en Guapi, y yo no estaba en la casa en ese momento. Rosana había estado en el hospital, pero no la pudieron atender porque, al parecer, no estaba el médico, y regresó caminando hasta la casa de un familiar. Allí llegué apurada, y ella ya tenía contracciones, pero sentía que Rosana tenía el hueso bajo”. Rodríguez explica que eso dificultaba que el bebé se abriera paso. “Yo le daba una o dos tomas (de la pócima de canela y anís). Le tocaba la barriga y me decía a mí misma que había que hacer todo lo posible. Así que me encomendé otra vez a la Virgencita y empujé dos de mis dedos. Fue así como pude hacer que el niño se acomodara y saliera de cabeza”.

Le tocó hasta un tsunami

“Cuando me buscaban, yo iba a donde estaba la embarazada, sin importar el riesgo. En 1979 estuve el día del terremoto (de 7,9 grados en la escala de Richter, a 75 kilómetros de la costa nariñense, que causó un tsunami y dejó 450 muertos y más de mil heridos en Tumaco). Eso fue horrible, la casa se cayó y toda la gente corría”, relata.

La partera confiesa que después de eso quedó con miedo, pero seguía prestando sus servicios a domicilio, incluso en sitios inseguros, encomendándose a la Virgen y recurriendo a los líderes de las zonas para que la resguardaran. “Los primeros pagos fueron como de 200 pesos. La gente acá es muy pobre, así que muchas veces no me pagaron, pero lo importante era que los bebés nacieran bien”, subraya.

Ella misma cortó el cordón umbilical, se limpió y preparó unas compresas para ponérselas sobre el vientre. Con ese mismo conocimiento trajo al mundo a sus seis nietos y 13 bisnietos

De acuerdo con voceros de la Dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura, en el litoral Pacífico hay más de 1.600 parteras, en Valle, Cauca y Nariño, y el patrimonio cultural inmaterial que representan se refiere a los usos, las expresiones, los saberes y las técnicas, junto con la elaboración de objetos y la construcción de espacios culturales. La partería tradicional del Pacífico, añaden, es una representación cultural vigente del conocimiento ancestral, y su incorporación a la lista representativa del patrimonio cultural inmaterial de la nación implica elaborar un plan especial de salvaguarda que asegure su preservación.

En el ministerio destacan que se viene trabajando con varios entes territoriales en líneas de acción que contribuyan a mejorar las condiciones de vida de las parteras, al tiempo que se respetan su autodeterminación como grupo y sus lógicas comunitarias.

Entre las primeras acciones, indican en la Asociación de Parteras Unidas del Pacífico (Asoparupa), se inició un trabajo con el Ministerio de Salud para que su práctica sea reconocida por los profesionales de este sector. Según Asoparupa, estas mujeres atienden entre 4.500 y 5.000 partos cada año. “Yo trabajaba con un médico de apellido Bolívar, que me llevaba a sitios para ayudar en los partos. Recuerdo que me llevó a mí y a otras parteras a Buenaventura”, comenta Rodríguez para poner en valor el hecho de que los saberes de los médicos y de las parteras se complementan.

En cuanto al Premio Nacional Vida y Obra 2018, concedido a doña Eustacia Rodríguez y al cantautor barranquillero Julio Erazo, el Ministerio de Cultura señala que “representa el máximo reconocimiento a aquellos colombianos que a lo largo de su vida han contribuido de manera significativa al enriquecimiento de los valores artísticos y culturales de la nación, tanto por el trabajo que han realizado como por el impacto que su obra ha tenido”.

Este año se recibieron 69 postulaciones, que fueron evaluadas por una terna de jurados conformada por el maestro Fernando Calero Aparicio, el fotógrafo Juan Mayr Maldonado y el investigador Alberto Enrique Abello Vives.

El jurado indicó que, en el caso de Rodríguez, es un reconocimiento “a la vida, a la comunidad y a la persona, porque ‘el que nace con partera nace en comunidad’. Es un homenaje a la cultura, a una tradición de las comunidades del Pacífico colombiano que se relaciona con la salud, el medioambiente y la cohesión social; a sus raíces patrimoniales, a las prácticas ancestrales y un mensaje de esperanza para el futuro”.

Un tesoro de los tiempos de la Colonia

Lo que se reconoció hace dos años como patrimonio cultural de la nación es la partería tradicional de las comunidades negras del Pacífico colombiano, que tiene sus raíces en los esclavos africanos llegados a América en la Colonia. El saber de estas mujeres, que incluye desde un amplio conocimiento de las plantas medicinales hasta técnicas para llevar al bebé a la postura adecuada, se trasmite oralmente, entre otras razones porque las parteras más antiguas eran analfabetas.


CAROLINA BOHÓRQUEZ
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO - CALI@car49655116

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