‘Cuando mi hijo desapareció sentí que amputaron la mitad de mi cuerpo’

‘Cuando mi hijo desapareció sentí que amputaron la mitad de mi cuerpo’

EL TIEMPO le muestra cinco cartas de madres que no se cansan de buscar a sus hijos desaparecidos.

Daniel Escobar

Daniel Escobar es el hijo de Marta Cecilia, una mujer 'buscadora' que no descansará hasta verlo con vida.

Foto:

Archivo Particular

Por: Cali y Nación 
04 de septiembre 2019 , 11:07 a.m.

Marlene García tiene 76 años. Llegó a Cali hace 48 años con dos hijos y dice: “Soy una mujer buscadora”.

Ella escribió una carta para hablar de sus hijos desaparecidos. El mayor, Jaime Fernando Hurtado, era militar y lo hallaron asesinado en Palmira, el 4 de febrero de 1984. Su otro hijo, Jairo Iván, trabajaba en la Fiscalía sin rostro y le decía a su mamá que se sintiera orgullosa de él, pero lo desaparecieron hace más de 20 años.

En esa carta cargada de lágrimas y dolor dice: “Mi hijo mayor tuvo que ir a prestar servicio en el Batallón Pichincha, allí lo desaparecieron. Fue encontrado a los cinco días sepultado en Palmira como NN (...) sentí que me habían amputado la mitad de mi cuerpo (...)”. Estos dos crímenes de Estado están impunes.

Fue encontrado a los cinco días sepultado en Palmira como NN (...) sentí que me habían amputado la mitad de mi cuerpo (...)

Como Marlene, miles de madres en el país son quienes asumen de forma enérgica el compromiso de organización, visibilización y búsqueda de su ser querido, llevando consigo el dolor y la incertidumbre de no saber lo que ocurrió, así como la esperanza de terminar con éxito su búsqueda hallando con vida a su familiar o tener la certeza de su paradero.

EL TIEMPO le muestra cinco cartas que fueron escritas por madres de personas desaparecidas que buscan compartir su experiencia. *Haga clic en el menú para conocer el mensaje de cada una de las cartas. 

Santiago de Cali, agosto de 2019.

Mi nombre es María Cecilia Tuestar Álvarez, tengo 54 años, soy la sexta de mis hermanos y quiero contarte que soy una mujer, hermana, madre y esposa de la ciudad de Cali, donde nací, crecí, estudié, me casé y formé una linda familia conformada por mis 2 hijos… Daniel y Marcela, junto con mi esposo Claudio Alonso.

Todo esto lo digo hablando en pasado, exactamente desde el año 2013, cuando nuestra vida como familia giró. Te hablo de la triste desaparición de mi hijo Daniel Alejandro Escobar Tuestar, [quien] desde el 27 de diciembre de 2013 no está… ¡Sí! Aún creo que lo estoy soñando.

Quiero expresarte que esa fecha marcó un antes y un después de una familia supuestamente “feliz”. Hoy, cuando han transcurrido 5 años, 7 meses y 6 días de la ausencia de mi hijo quiero que conozcas mi caminar, mi lucha y mi resiliencia después de tan terrible hecho. El 28 de diciembre de 2013, mi familia y yo estábamos del otro lado de esa línea donde tú te encuentras. Fueron días llenos de angustia, incertidumbre, de muchas lágrimas y desespero, sin conocer una ruta, cómo o dónde buscar a mi pedacito de cielo.

Tenía que buscar a mi hijo como fuera y donde fuera. Fuimos a las emisoras de radio a contar lo que nos sucedía, pegamos volantes con información de mi Dani en postes y lugares muy concurridos; y desde esos lugares comprendí TU INDIFERENCIA. Me hiere la ausencia de mi hijo como los 100.000 que hoy no están en nuestra bella Colombia, pero te confieso: me duele profundamente TU TOTAL INDIFERENCIA.

Daniel Alejandro Escobar tutestar, hijo María Cecilia. Foto: Cortesía.

He recorrido lugares buscando, en compañía de otros familiares, de la mano de organizaciones de derechos humanos, quienes sí nos han brindado apoyo psicosocial, de formación, memoria e incidencia política. Marchamos y hacemos resistencia para ver si algún día tú volteas tu mirada y te imaginas un poco mi historia o te colocas en mi lugar. Debes saber que conocer el dolor del otro es importante para unir fuerzas y luchar en conjunto. Hoy te invito a disponer tu corazón, a reflexionar y pensar que también podrías estar en mi lugar.

Te informo que hay 82.998 personas desaparecidas en Colombia, 9.000 en el Valle del Cauca y 6.400 en la ciudad de Cali. Demasiados, ¿verdad?

Y tú, ¿qué has hecho por encontrarlos?

Hoy día divulgo la ruta que conozco para buscar una persona, hablo con la sociedad de la nueva UBPD (Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas).

¿Sabes? Hoy me identifico como una mujer buscadora que sigue apostándole a la paz, a la búsqueda insistente no solo de mi hijo, sino de todos los que no están y no aparecen.Te abrazo desde la distancia y deseo lo mejor para todos.

No te olvides de responder, aquí estaré esperando tu respuesta."

Atentamente: María Ce. Madre de joven desaparecido.

Santiago de Cali, agosto 2 de 2019

Quiero saludar cordialmente a todas las personas independiente del cargo o a lo que se dediquen, aquí en Colombia o en cualquier país del mundo.

Espero se encuentren muy bien. Estimados amigos:

Mi nombre es Milena Nazarith Valencia, quiero contarles que nací en Buenos Aires, Cauca, el 18 de septiembre del año 1977, hija de María Valencia y Alfonso Nazarith.

En esta carta quiero que se sepa lo siguiente:

Cuando nací estuve en mi tierra hasta faltándome para cumplir 1 año de vida. Tuve una infancia maravillosa, criada humildemente no me faltaba nada, siempre presentes en mis cumpleaños y primera comunión. Crecí en el tiempo que no había celulares donde los niños por mi casa jugábamos como tenía que ser: juegos de infancia. Tuve otro novio del sector la Capilla, tampoco funcionó y me cuadré Ángel Keller, el padre de mi hija y mi hijo: Maria Mayerli y Deyber Orlando.

Nos separamos pues dicen (nunca lo vi) que era consumidor y los hechos lo decían todo. Me quedé sola en la crianza de mis hijos, vendiendo café en la Alameda. Los metí a la escuela, la niña bien y el niño a veces quejas por lo imperativo pero ahí iba. Lo metí a un colegio privado y conoció a un amigo Juan David Jiménez, el mono, y se volaba con él para ir al rio, a la fonda y a jugar fútbol. Le hablaba a mucha gente en Siloé, por eso la gente dice: “muy raro, él es muy loro, es raro que se haya desaparecido así”.

Deyber Orlando Nazarit Valencia, hijo de Milena Nazarit. Foto: Cortesía.

Ya son dos años sin su presencia. Lo que se oye es que el ELN lo reclutó pero nadie da una razón clara. Lo dicen por el sitio hacia donde lo vieron coger.

La historia de mi hija es que tiene una maravillosa bebé, fue madre a temprana edad, a los 15, pero es maravillosa, la ama mucho y sufre mucho por su hermanito. Hace tres años tuve una bebé, la cual llamé Milagros, no sabía de su embarazo y fue muy complicado.

Con todo esto que he vivido, estoy aquí, en la lucha de la búsqueda de mi hijo. Saber la verdad de mi hijo, dónde está o qué pasó con mi niño de 14 años, hoy en día 16 añitos.

Me despido: Milena Nazarith Valencia.

Santiago de Cali, agosto de 2019.

Estimado amigo o amiga ¿cómo estás? Espero que bien.

Escribo esta carta porque quiero que sepas de lo que ha sido mi vida. Soy una mujer humilde, nacida el 17 de marzo de 1961 en Versalles (Valle). Tengo unos padres muy echados pa’ lante, muy responsables y nos dieron estudio a todos. Fuimos 10 hijos y los que supimos aprovechar el estudio lo hicimos.

Cuento que la mejor época de mi vida fue cuando fuimos estudiantes y empezamos a tener novio; los paseos de campo, las fiestas navideñas, los regalos del Niño Dios, las visitas de allegados, todo eso lo disfruté. Ya para llegar a la ciudad a buscar trabajo, mi madre nunca me dejó por ser mujer y la menor, lo que tuve que hacer fue casarme para poder salir de ese mundo de pueblo.

Me casé, al mes quedé en embarazo, tuve la primer hija y solo duró viva ocho horas y falleció. Con la tristeza y pena con mi esposo de que no iba a servir como madre, volví a quedar en embarazo; tuve otra hija por la cual luché y traté de darle estudio en lo que más le gustaba: ser ingeniera ambiental. Trabajó en el referendo por el agua, defendió el 'no' a la talas de árboles, la recuperación de los humedales, hacer trabajos sociales y culturales, era una gran danzadora.

Sandra Viviana Cuellar, hija de María Elena Gallego. Foto: Cortesía.

Hablo de Sandra Viviana Cuellar Gallego, desaparecida el 17 de febrero de 2011 en la recta Cali-­‐Palmira. Desde ese entonces mi familia se desintegró y me he puesto en la tarea de indagar por ella. Ir acá, ir allá, ir a talleres a aprender cómo buscar a mi hija porque lo que más deseo es que aparezca, que me den razón de ella, ya que es muy importante para la humanidad el trabajo que ella hacía.

En este momento trabajo con mi otro hijo para poder salir adelante y poder darle estudio y que pueda ser un hijo de bien. Si alguien lee esta carta y sabe quién habla y quiere responderme o darme un consejo, bienvenido sea.

No siendo más por el momento, les deseo buena suerte, un abrazo inmenso, mil bendiciones, muchos éxitos en sus metas.

Atentamente: María Elena Gallego Ríos. Una mujer sufrida que busca a su hija.

Cali, de agosto del 2019.

Mi nombre es Marlene García, tengo 76 años, vivo en Cali hace 48 años. Llegué con mis hijos pequeños, tenía un matrimonio que terminó 2 años después. Me enfrenté a la vida y saqué a mis hijos adelante, les transmití valores y virtudes que me enseñaron mis padres.

Soy una mujer buscadora.

Me impulsa a escribir esta carta que son ustedes quienes juegan un papel fundamental para contribuir a la sensibilización y reeducación de nuestros jóvenes, es tiempo de que se comience a rescatar el valor de la vida y de dar pautas para que sean constructores de paz. Mi infancia fue muy feliz con unos padres maravillosos, lastimosamente murieron muy jóvenes. Me dediqué a mis hijos, los disfruté al máximo, de niños fueron traviesos, en la adolescencia muy deportistas y buenos lectores, muy inteligentes, me enseñaron a ser realista. Mi hijo mayor, Jaime Fernando, terminó bachillerato e iba para la universidad, desafortunadamente tuvo que ir a prestar servicio militar en el Batallón Pichincha, allí lo desaparecieron. Fue encontrado a los 5 días sepultado en Palmira como NN. Fue terrible, sentí que me habían amputado la mitad de mi cuerpo, su hermano y las hermanas estaban destrozados, éramos muy unidos y felices. La corrupción nos causa tanto dolor, acaba con las familias y hay total impunidad.

Son dos crímenes de Estado. Mi segundo hijo, Jairo Iván, estudió derecho para combatir la corrupción y hacer justicia en rectitud. Se vinculó a la Fiscalía sin Rostro, hizo una investigación a políticos y a entes del Estado y esa fue la razón de su desaparición forzada hace 22 años, 2 meses y 17 días. Estuve 12 años callada, tenía mucho miedo. Me presionaban con llamadas, mi teléfono estaba interceptado, además mi hijo me había dicho días antes que si le pasaba algo no fuera a investigar porque me mataban, que me sintiera orgullosa de haber tenido un hijo que no se había torcido por ningún dinero del mundo.

Regresé a Cali y me vinculé a la Fundación Guagua, ya pertenecía a FASOL, que da apoyo a víctimas del poder judicial, también participo en CDR y MOVICE, hacemos un plantón el último viernes de cada mes en la plazoleta de San Francisco con la galería de fotos de Desaparecidos, talleres, carpa de la memoria, marchas y visibilización de los casos, acompañamiento a nuevas víctimas y todo lo que tiene que ver con la memoria.

No me extiendo más, porque tengo mucho para contar, solo quiero que esta carta tenga respuesta, es muy importante que nos escuchen porque la verdad hemos sido invisibilizados, así lo sentimos.

Es un llamado a la objetividad, la reconciliación y NO a la polarización. Un abrazo,

Atentamente: Marlene.

Cali, de agosto del 2019.

M i nombre es Sonia Edith Calibío Castillo y soy de Cali. Vivo en el jarillón de Comfenalco, nororiente de Cali. Tengo 54 años y estoy casada con Jairo Ever García.

Soy una mujer de origen humilde y vengo del campo, con una crianza a “la antigua”, como dicen los chicos de hoy.

Tenía 16 años cuando falleció mi madre. Fue un golpe muy duro, porque fue justo el día de la madre. Yo estaba muy pequeña y no entendía lo que se venía cuesta abajo con esta gran pérdida. Yo no sabía hacer nada, todo lo hacía mi madre.

El tiempo pasó, hasta que cumplí 18 años, cuando me enamoré y conocí al padre de mi primer hijo. Lo tomé como la salida a tanto sufrimiento y me volé de la casa. Todo marchaba bien, hasta que quedé en embarazo de Luis Alberto. No le gustó para nada, a los tres meses de gestación me abandonó.

Luis Alberto, hijo de Sonia Edith Calibío. Foto: Cortesía.

Desde entonces aprendí a trabajar y a progresar, pues ya tenía una razón para seguir adelante. Habían pasado dos años, cuando conocí al hombre bueno y noble que me acompaña hasta ahora.

A los 18 años, mi hijo mayor tomó la decisión de ser militar y se enlistó en la Armada Colombiana, le tocó en la base de Coveñas, en el departamento de Sucre, al norte del país. Su sueño estaba cumplido, pero inició mi sufrimiento: el 30 de septiembre del año 2011 tomó una licencia para venir a visitarnos.

Eso fue lo último que supe de él. Han pasado ocho años desde entonces y no tenemos idea de su paradero. He viajado en 7 oportunidades a la costa con mis propios recursos sin tener razón de él. Hoy acudo a la Organización para la asistencia de familiares de personas dadas por desaparecidas, en donde recibo apoyo psicológico y he podido conocer a más madres con el mismo dolor: la desaparición de un familiar.

En este momento quisiera encontrar a mi hijo, sea como sea y que el Gobierno no nos deje solas, porque es muy difícil vivir con tanto dolor. Las madres de personas desaparecidas llevamos un dolor eterno.

De antemano, quedo muy agradecida por la atención prestada. Les envío un caluroso saludo y les deseo la mejor de las suertes.

Atentamente: Sonia Edith Calibío. Mujer buscadora.

Los 127.000 colombianos que buscan a sus familiares desaparecidos

En Colombia hay más de 127.000 personas que buscan a un familiar desaparecido. En total hay 80.000 ausentes, según datos de la Comisión de la Verdad que sigue apoyando a las mujeres buscadoras y a otros buscadores de sus desaparecidos.

Sin embargo, en el estamento anotaron que la cifra total de desaparecidos en el territorio nacional abarca los 130.000 colombianos. Mientras que en el Valle del Cauca, solo en cuanto a desaparecidos, el registro es de 340 entre enero y junio de este año, de acuerdo con informes del Instituto Nacional de Medicina Legal. De ese monto, 149 son mujeres y 191 son hombres. El mayor número de desaparecidos está en Cali con 248, de los cuales, 131 son hombres y 117, mujeres. Sigue Palmira con 20 desaparecidos, 15 son hombres y cinco son mujeres.

El año pasado, Medicina Legal reportó 601 desaparecidos en el Valle.

Si tu intención es responder a estas personas, puede hacerlo a través de este número de WhatsApp, por medio de un texto, un video o un audio: 3188273862 o al correo info@comisiondelaverdad.co.

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