La reina que decidió no verse a sí misma como víctima del conflicto

La reina que decidió no verse a sí misma como víctima del conflicto

Edna Magaly Ayala Hernández es una mujer de 29 años que ha creado 'Desvictimízate'.

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Víctimas y victimarios en CaliEdna Magaly Ayala
víctimas mujeres

Video: Juan Pablo Rueda Bustamante / EL TIEMPO

Por: Cali
02 de febrero 2019 , 11:58 a.m.

Cinco años después de que asesinaran a su padre, Edna Magaly Ayala Hernández decidió regresar a San Antonio, el municipio tolimense enclavado en la Cordillera Central de Colombia que lo vio caer y del que tuvo que huir en el 2004, a medianoche, muerta de miedo.

Dicen que a Jorge Enrique Ayala, un comercializador de café del Tolima, lo asesinaron en San Antonio en 1997 por no pagar una ‘vacuna’, ese cobro extorsivo que se extendió por las zonas de conflicto de Colombia.

San Antonio siempre fue violento, las noches de mi pueblo eran como los 31 de diciembre, pero en lugar de pólvora, todo era destrucción

“San Antonio siempre fue violento, las noches de mi pueblo eran como los 31 de diciembre, pero en lugar de pólvora, todo era destrucción. Ahí, en el marco del conflicto armado, perdí a mi padre, después hirieron a mi mamá, seguimos creyendo que podría ser posible continuar en San Antonio, pero no, no fue posible”, recordaba su hija Edna Magaly Ayala Hernández quien, junto a su madre, decidió huir en el 2004, a medianoche, de este pueblo enclavado en la Cordillera Central de Colombia.

“Mi pueblo es súper chiquito, todos nos conocemos con todos, no nos despedimos de nadie. Yo era la personera estudiantil del colegio Jose María Carbonell y no deje nada al día; mi mamá y yo tuvimos que dejar todo de un momento a otro”, recordaba Edna Magaly.

Se fue el día que su madre, la profesora del pueblo, quedó atrapada en medio de un tiroteo mientras disfrutaba de un bazar en la plaza central del pueblo. No se acordaba cuántos hombres murieron ese día, solo que su madre alcanzó a ser impactada por un proyectil en el brazo y que se salvó de puro milagro.

Edna Magaly tiene hoy 29 años, habla tranquila, sin prisa y sonríe todo el tiempo.
Cali, el centro urbano más poblado del suroccidente colombiano, donde vivía una tía suya, se convirtió en el refugio para su mamá y para ella. Aquí decidió que se dedicaría a estudiar comunicación social, en la Universidad Santiago de Cali.

La fecha del cumpleaños de mi papá era un tormento, la fecha en que lo asesinaron, el día que salimos del pueblo, esas fechas para mi eran días catastróficos

“Yo me había guardado siempre mi historia, las personas cercanas no sabían por qué yo había llegado a Cali. Pero, en una clase, una profesora empezó a hablar sobre el conflicto armado colombiano y me di cuenta que tenía muchas cosas guardadas porque no era capaz de contar mi historia; para mí era llanto, rabia, rencor, y ahí empecé a entender que necesitaba hacer algo con ese dolor. La fecha del cumpleaños de mi papá era un tormento, la fecha en que lo asesinaron, el día que salimos del pueblo, esas fechas para mí eran días catastróficos”.

La profesora Camila Gómez la desafió a trabajar la tesis de grado sobre el conflicto armado en Colombia.

“¡Imposible! -Le dije- Ni siquiera puedo hablar de ese tema. Si ella no hubiera insistido tanto, tal vez, el camino hubiera sido diferente. Me retó a conocer la geografía de la violencia. Empecé a leer, quería saber qué había pasado en mi país para que yo viviera esas consecuencias, empecé a documentarme y logré averiguar que mi abuela hacía parte de mi primera generación de desplazados”.

“Después del ‘Bogotazo’ mi abuela fue una víctima de la violencia bipartidista, tenía una historia y la tenía callada. Fue entonces cuando decidí conocer el territorio donde vivió mi abuela Rosa, Ríoblanco, en el Cañón de Las Hermosas, el sitio donde ‘Tirofijo’ dio la lucha antes de crear las Farc; quería entender toda esa violencia entre conservadores y liberales tras el ‘Bogotazo’, fui a chocarme”.

Ríoblanco era reconocido como un pueblo liberal. Hasta allí llegaron los ‘chulavitas’ a hacer estragos, era grupos armados de origen conservador del municipio Boavita, de la vereda La Uvita del departamento de Boyacá, según recopiló en su investigación.

“Mi abuela, de cuna liberal, tuvo que enfrentarse a esa situación. Ellos llegaron a acabar con todo, con casas, a asesinar, a violar, fue un impacto fuerte. Ella y su familia tuvieron que salir desplazados de su tierra hacía el Eje Cafetero. Un día, a su hermano mayor lo mandaron a ver si ya se podía regresar al pueblo, porque uno siempre añora con retornar a su tierra, pero nunca volvió, nunca volvieron a saber de él”.

La historia de su abuela Rosa la llevó hasta El Davis, Ríoblanco, al sur del Tolima, donde en 1950 llegó Manuel Marulanda ‘Tirofijo’ a fundar el grupo guerrillero de las Farc, el que se desmovilizaría 66 años después.

“Es un territorio donde se creó como una Colombia chiquita, en medio de esa violencia bipartidista, donde los liberales empezaron a recoger familias liberales para protegerlas, y entender que los liberales se tuvieron que armar, sí o sí. Era armarse o morir, y estos liberales fueron los que posteriormente crearon las Farc. Entonces, entender que quienes para mí habían sido los malos toda la vida, que les tocó ponerse en esa postura y en ese papel porque era lo única opción de seguir vivos, para mí, fue un choque, empecé a verlos como seres humanos. Porque uno, en el momento en que ha sido afectado por la violencia, no los ve así, solo los ve como unos monstruos”.

Empezó a escuchar a otras víctimas, otras historias, empezó a sanar un poquito
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Todas esas amargas experiencias le sirvieron para ser una líder lejos de su tierra, la cual no olvida.

Foto:

Juan Pablo Rueda Bustamante / EL TIEMPO

“Me encontré con otras víctimas que habían vivido cosas terribles, pero que eran felices. Yo decía -Sí, mi historia es crítica ¿Pero puedo ser feliz?- Fue empezar a ponerme en los zapatos de otras víctimas. Yo iba a mis charlas en Ríoblanco con mi cajita de pañuelos a escucharlas. Aprender a contar la historia es muy difícil y cuando uno la comparte con personas que han vivido cosas similares, eso alivia un poco la carga”.

“De allá me regresé, escribí un libro ‘Desvictimizándome’ que fue mi tesis, lo tengo ahí, listo para publicar. Dios tendrá el momento y las personas indicadas para hacerlo, esa fue la cereza del pastel, escribir mi historia, pero escrita no con la mirada de ¡Oh pobrecita! o ¡Pobrecita su abuela! Sino entendiendo que nos tocó fuertísimo, pero al mismo tiempo, ver que tuvimos tantas bendiciones para seguir en pie y continuar. Eso fue mágico”.

La reina
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Ser reina en su departamento natal, fue uno de los mayores logros de Edna, por que de esta manera mostró lo positivo de su región.

Foto:

Juan Pablo Rueda Bustamante / EL TIEMPO

Edna Magaly Ayala Hernández estaba destinada para reinar, Edna es el nombre de la primera tolimense que ganó el Reinado Nacional de la Belleza en Colombia.

Volvió a San Antonio cinco años después, fue por una llamada de la primera dama del municipio. La invitaba a participar en el Reinado de la comarca.

“Mi mamá se colgó del techo, me decía que no regresara, que podrían matarme, pero me fui. Era retornar a mi pueblo y el reinado fue la mejor excusa que Dios me puedo dar para volver”, recordaba Edna.

Ganó y ese triunfo en el 2009 la llevó al Reinado Nacional del Folclor que se realiza cada año en Ibagué, la capital del Tolima, quedó de princesa, lo que le permitió llagar al Reinado del Turismo, después participaría en el Reinado de las Colonias, en el departamento del Meta, volvió a llevarse la corona, y su último desfile fue en el Reinado Nacional e Internacional de la Ganadería.

“A parte de retornar a mi terruño, que es lo más importante, estos reinados me dieron la oportunidad de tener muchas más herramientas, desde mi profesión, para hablar en público, para perder el miedo, me dio la oportunidad de retarme. Haber sido reina y representar a mi tierra fue una bendición”.

'Desvictimízate'

Su fórmula para reír, para sanar, fue dejar de seguir viéndose como una víctima eterna.

“Yo amo a Cali porque nos ha dado muchas oportunidades. Cuando salimos desplazadas en el 2004 le pregunté a mucha gente dónde ir, quién podía ayudarme, cómo podía acceder a mis derechos y no encontré respuesta. Lo más duro del desplazamiento era sentir esa indiferencia de la gente que no tiene argumentos para orientar, para ayudar. Eso me marcó, ese momento en que no tuve respuestas”.

Hace dos años, con un par de amigos, hicieron el ejercicio de salir a la calle, se ubicaron en los alrededores de la sede de la Alcaldía de Cali para preguntarle a la gente cómo ayudaría a una víctima del conflicto armado. La respuesta siempre fue la misma: No sé. Hecho que la llevó a crear ‘Desvictimízate’.

“Tiene dos líneas, una son programas a través del canal Youtube, súper corticos, que enseñan cómo conseguir una cita, quiénes son consideradas víctimas, cómo declarar, cuál es la ruta de atención, son tips de gran ayuda. No está dirigido solo a las víctimas, sino a la comunidad en general, para que tenga herramientas sobre cómo orientar a las víctimas“.

La otra línea son las charlas. Me invitaron a hablar sobre ‘Victimízate, trabajo que hice con un desmovilizado; soñábamos con hacer un proyecto juntos, tomarnos los escenarios para hablar sobre paz y reconciliación, pero él, por sus ocupaciones, no siguió, así que yo seguí sola.

“Es como haber encontrado mi misión de vida. Hacer el conversatorio ‘Desvictimizémonos’ era lo que me faltaba”, cuenta la reina víctima de la violencia en Colombia que ahora va de universidad en universidad, de colegio en colegio, de casa en casa, con su discurso de reconciliación“.

“En esos conversatorios reconstruimos la memoria histórica de Colombia haciendo énfasis en el ‘Bogotazo’ que fue en 1948, buscamos cambiar el imaginarios de las víctimas y de los excombatientes porque, de un lado y otro, somos seres humanos y hay que empezar a vernos así para poder reconciliarnos; comparto mi historia en el marco del conflicto armado y eso a la gente le asombra“.

Yo hecho un proceso de victimización, ha sido un proceso de catarsis, de sanación interior, y cuando llego a los escenarios con una postura diferente a la de víctima, pues a la gente le asombra; no hay que hacerle quite a los excombatientes que buscan oportunidades.

Y al final el llamado es a apostarle a la paz. Después de escucharme le pregunto al público –Y ustedes que están haciendo por la paz- y eso es un choque para ellos”.

CALI 

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