De los agites del barrio a la danza y el cine

De los agites del barrio a la danza y el cine

El coreógrafo y bailarín Duván Arizala, admirado por vecinos y allegados en el oriente de Cali. 

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Duván, esquivó los malos pasos y se puso a bailarDuván, esquivó los malos pasos y se puso a bailar
bailarin Cali

Juan Pablo Rueda Bustamante / El Tiempo

Por: Cali
13 de octubre 2019 , 12:42 p.m.

Descalzo, en pantaloneta y dándole con un palito a una llanta, Duván Arizala recorrió las calles de Comuneros, en el Distrito de Aguablanca.

Es el recuerdo que tiene hoy de ese barrio, donde como miles de niños aprendió a defenderse y seguir a lo que hacían los más grandes, no siempre lo mejor.

Pero en su camino apareció el baile y hoy, con 26 años, después de bailar frente a 22 jefes de Estado, incluido el Rey de España, en la Cumbre Hispanoamericana, es la imagen de la Bienal Internacional de Danza de Cali, y emprendió un viaje al exterior.

En ese álbum de recuerdos figuran los 8 años cuando se fue de la casa para evitar los correazos de unas tías. Metió la ropa en una bolsa de basura y se escapó por la ventana. Dormía en el techo de una casa que tenía su papá Silvino Alberto Arizala. Allá lo descubrió un tío cuando pensaban que se lo habían robado.Fue a dar a la casa de la mamá en Nariño, pero ya había otra familia y regresó a Cali a seguir al papá, que vendía frutas en carreta. Él le plantó la idea de alejarse de peligros y aprender a trabajar.

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Arizala afirma que sus reconocimientos, viajes y éxitos, son gracias a todo lo que aprendió en el día a día en el Distrito de Aguablanca.

Foto:

Juan Pablo Rueda Bustamante / El Tiempo

El salto biográfico llega a una adolescencia que era ‘parcharse’ en una esquina, sin nada en la cabeza. No lo sabía pero en la cintura y en esos pies llevaba lo que le cambió la vida. Fue a los 15 años cuando con sus amigos llegaron a la casa juvenil porque allá bailaban. Pensaba en salsa pero se quedó prendido en el Hip Hop. Allí conoció a su primo Nicolás, quien con su estilo en pista le despertó los deseos de superarlo.

A Duván el baile que le venía de esas herencias de Buenaventura y hasta África. Pasaron por exhibiciones en colegios, en eventos masivos y otros escenarios.
En 2013 la noticia de que sería papá le cambió la vida. Le tocó ponerse a vender dulces y pasabocas en los semáforos.

Luego se unió a un proyecto de la Alcaldía de Cali para adoquinar calles en el barrio Mojica.

Pero en la danza estaba el sendero que siguió para no quedarse en el camino como tantos amigos que murieron en días duros, o los que se perdieron en algunas adicciones.

De esos muchachos quedan una docena, dos que llegaron a la universidad, la mayoría que trabaja en oficios varios y uno que, como él, soñaron que levantarían al públicos para aplaudirlos. 

Arizala empezó a descubrir que esa vida era la que estaba en su porvenir y que lo ha llevado a ser bailarín, coreógrafo, actor, hijo y padre. 

A fines de 2014 conoció a la diseñadora Carolina Mejía, quien lo incluyó como uno de sus modelos en Bogotá Fashion Week en octubre de 2015. 

Entonces, logró entrar a Recital Colombia, formado por 12 bailarines de danza urbana, con apoyo del Ministerio de Cultura y la Bienal internacional de Danza de Cali.

Cuenta que el coreógrafo Mourad Merzouki escogía los bailarines para Recital. Cuando fue a ver la lista no vio su nombre y lloró como un niño. Pasaron dos meses y al abrir un correo electrónico se encontró con el mensaje: “El coreógrafo Mourad le ha seleccionado para que sea parte del equipo recital Colombia”.Fue la puerta para conocer más espacios de cultura y países. Cree que fue Dios quien le dio esa salida a una vida sin rumbo. Siente orgullo de trascender como un representante de género urbano. 

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Para Duván lo más importante es ayudar a los habitantes del Distrito de Aguablanca a creer y estar ahí para ayudarlos a que se proyecten y encuentren en el arte y la cultura una oportunidad.

Foto:

Juan Pablo Rueda Bustamante / El Tiempo

También siente que con quienes han podido mostrar su talento se genera una narrativa distinta de lo que siempre se ha contado de su barrio Comuneros y del Distrito de Aguablanca. “Hay más gente generosa y creativa, hay buenos vecinos, pero se ha hablado más de lo malo. Es hora de ir despejando esa etiqueta del miedo por el de gente que cuida a los niños y las niñas”, dice el artista. 

Ahora se sonríe cuando los niños y niñas de su barrio saltan y gritan que “ese es mi primo o ese es mi tío cuando me ven”.

CALI

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