El milagro de la profesora Yomaira, en el suroccidente de Barranquilla

El milagro de la profesora Yomaira, en el suroccidente de Barranquilla

Por su propia iniciativa educa a jóvenes de familias vulnerables. Quinta entrega de serie

La profe Yomaira en Barranquilla

En una de las barriadas, con serios problemas de convivencia, Yomaira abrió un centro educativo del que se siente satisfecha. En la foto rodeada de alumnos.

Foto:

Carlos Capella/EL TIEMPO

02 de septiembre 2018 , 02:13 p.m.

Tirar mezcla, pegar enchapes y pintar paredes son oficios que a Yomaira Carrillo Molina le tocó aprender y hacer para poder construir su más grande anhelo: tener un colegio.

Es un sueño que levantó ladrillo a ladrillo hasta darle forma a lo que hoy se conoce como el Centro Educativo Milagro de Abril, el lugar donde todos los días llegan 182 niños, de 4 a 12 años de edad (de preescolar a quinto de primaria), a recibir clases, alimentación, acompañamiento sicológico, participar en actividades deportivas, lúdicas y la formación de valores.

El colegio tiene 13 años de servicio, y está en el barrio Siete de Abril, en uno de los sectores golpeados por la pobreza del suroccidente de Barranquilla, pandillas y bandas de microtraficantes que tienen la zona cercada antes las disputas territoriales.

Buena parte de estos niños son hijos de comerciantes, recicladores, vendedores ambulantes y algunos de expendedores de drogas.

A la profesora Yomaira le ha tocado denunciar casos de abuso sexual y a vendedores de drogas, cuando aparecen en la zona del colegio. “Yo no quiero ser como mi papá, quiero ser una persona diferente”, cuenta la profesora los tristes testimonios que escucha de sus estudiantes. “No es fácil verlos llorar”, agrega.

No oculta el dolor que le trae recordar las experiencias que vive con sus siete profesores cuando los niños dibujan como se ven en el futuro. “Algunos pintan a una niñas con varios niñitos, otros se pintan empujando una carretilla. Es el entorno en el que viven lo que no los deja soñar”, asegura.

En la mañana desarmaba la sala para convertirla en salón de clases, y por la tarde la volvía armar

Pero gracias al amor que reciben en este colegio, el acompañamiento, la educación de calidad y el trabajo con la familia de estos pequeños, hoy muchos tienen otros sueños.

“Ahora se pintan como doctores, cantantes, médicos o astronautas, ya saben que tienen otra oportunidad, gracias al estudio”, agrega Yomaira y es entonces cuando

Vocación de servicio

A las calles destapadas y polvorientas del Siete de Abril llegó Yomaira hace 32 años con sus sueños de servir.

Era una normalista, pedagoga y estudiante de Licenciatura en Matemáticas, que inició un trabajo como voluntaria en un programa de adultos mayores. Luego comenzó a trabajar con niños del sector ene su casa. “En la mañana desarmaba la sala para convertirla en salón de clases, y por la tarde la volvía armar”, recuerda con alegría.

De allí siguió en un programa comunitario dirigido por la Corporación Colombiana de Trabajo Voluntario, en el que duró ocho años, creó un voluntariado con adultos mayores. Allí, en un solo salón recibía a jóvenes de todas las edades para capacitarlos, además de adultos mayores.

Pero su gran sueño inició en 2005 de la mano de la Fundación Apoyo Solidario. Compraron una pequeña casa de cuatro cuartos que fueron adecuados como aulas y comenzó a funcionar el Colegio Milagro de Abril.

Este grupo de voluntarias realizó bingos, rifas, buscaron apoyo de empresas, recibieron donaciones, hasta conseguir fondos que permitieron comprar tres casas más, ampliar la sede, hasta llegar a tener hoy un colegio, en el que cientos de niños construyen sueños, como el que una vez tuvo Yomaira.

Matemáticas gratis

​Desde hace 16 años la profesora Yomaira consiguió para esta zona del sur de Barranquilla que el programa Kumón, método japonés de enseñanza de las matemáticas, montara un centro en el Siete de Abril, gratis.

En el mundo hay cuatro millones de estudiantes que pagan por recibir esta metodología, y en Colombia hay 150 centros, de los cuales dos son sociales, es decir, que los alumnos no pagan, uno en Neiva y el de Barranquilla.

“Tenemos a 60 niños, algunos del colegio otros del barrio, que vienen dos veces a la semana a estudiar matemáticas con esta metodología”, contó Yomaira.

Leonardo Herrera Delgans
Redactor de EL TIEMPO
Barranquilla

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