El ejemplo de vida de Walter Yepez, un poeta en silla de ruedas

El ejemplo de vida de Walter Yepez, un poeta en silla de ruedas

El poeta radicado en Barranquilla acaba de publicar su cuarto libro, antecedido por gran historia

Walter Yepez

Walter Yepez, poeta, docente y ejemplo de vida.

Foto:

Vanexa Romero

Por: WILHELM GARAVITO MALDONADO
12 de septiembre 2020 , 07:10 a. m.

Una calle de arena amarilla, en cuyo horizonte el sol parecía ser parte de ella, es el vago recuerdo que aún atesora el poeta Walter Yepez de su remoto andar en Plato, pueblo del Magdalena en el que vio la luz. Tenía 5 años cuando la poliomelitis comenzó a afectar sus piernas. Al poco tiempo la enfermedad lo dejó sin caminar.

En busca de una tierra en la que se cumplieran las promesas de cambio, su familia se trasladó a Barranquilla. La primera realidad no fue sencilla para los Yepez del Toro, quienes engrosaron las adversas estadísticas del barrio La Luz, en el sur de la ciudad.

Poco después la familia se trasladó a Ciudad Modesto, en el suroccidente. Allí Walter se hizo popular por ser como todos y pese a todo. El niño que llegaba a la escuela cargado por sus hermanas, Germana y Ruby, se destacaba siempre como uno de los mejores estudiantes.

Aparte, contaba con energía para volar cometa, tirar trompo y jugar fútbol siendo portero. “Cuando acababa el partido siempre tenía algún amigo que me ayudaba a llegar a la casa”, recuerda conmovido.

“Dentro de todas las dificultades tuve una infancia feliz. Siempre estuve rodeado de gente solidaria. En mi casa me transmitieron con el ejemplo, que podía conseguir cualquier objetivo que me planteara. También desde niño entendí que estudiar era el vehículo para tener un mayor bienestar”.

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Cuando acababa el partido siempre tenía algún amigo que me ayudaba a llegar a la casa

Un largo camino

Fue a los 10 años cuando Walter vio llegar a casa la que fue su primera silla de ruedas. Para alcanzar aquella meta fueron muchos los sacrificios de Orlando, su padre, quien siendo obrero y vendedor de jugos en el Centro llevaba un hogar con cuatro hijos.

Aquella silla de segunda mano fue dominada rápidamente por el hijo mayor de Orlando y Magaly, quien más adelante aumentó su condición física jugando baloncesto.

Con su empeño siguió de largo y convertido en bachiller buscó cupo en la Universidad del Atlántico, donde no pasó el examen. Una vez más estaba claro que el joven a quien nada le había resultado fácil no iba a rendirse. Duró tres meses yendo a clases como asistente.

“Un día en la universidad me encontré con un gran amigo, el profesor Álvaro Tirado. Me preguntó qué hacía en la universidad y cuando le respondí que iba a clases de Ciencias Sociales, me dijo sin misterios que lo mío eran las letras y que me iba a ayudar para conseguir una beca en otra institución”.

Pasado un tiempo, aquel amigo cumplió con su palabra para gestionar. Contando igualmente con la ayuda del sacerdote Cyrillus Swinne, Walter comenzó a estudiar Licenciatura en Lengua Castellana en la Universidad de Pamplona, sede Barranquilla.

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La misión seguía siendo un poema épico. El brioso estudiante iba cada día impulsando su silla de ruedas, desde el suroccidente de la ciudad, hasta la carrera 69 con 81B, donde se encontraba el centro educativo. ¡Y el regreso era igual!

“Recuerdo que eran complicados en particular los meses de lluvia. Muchas veces me tocó regresar de noche por calles destapadas y la silla se me atrancaba en el barro. Ya en ese momento eso no me quitaba el ánimo. He luchado toda mi vida y desde niño fui forjando una personalidad. En mi familia tuve el rol de hermano mayor y siempre me sentí responsable de dar ejemplo a los tres que me siguieron”, relata con dejo de nostalgia.

En el año 2002 recibió su diploma de licenciado y se le hizo más frecuente el llamado de “profe” al andar por su barrio. Más tarde, ejerciendo su profesión en un colegio del barrio El Bosque, se encontró la sonrisa de Naifee Claro, compañera en la misión de enseñar, a quien comenzó a escribirle poemas. Así la convenció de ser su compañera de vida. “Tenemos cuatro hijas. La mayor tiene 19 años y estudia psicología”, cuenta sin esconder su orgullo.

Tania, Karla, Yinamar y Nialay son los frutos de la unión que nació entre versos y se hizo sólida con el tono diáfano del amor.

Muchas veces me tocó regresar de noche por calles destapadas y la silla se me atrancaba en el barro

El autor 

‘En la misma dirección de los palíndromos’ es el cuarto libro de Walter Yepez, el poeta que ha definido su métrica sin complejos, sin importar cuanta bruma se vea en espacios cercanos o remotos. ‘Alma rodante’, ‘Expedición al tamarindo’ y ‘La panacea del centauro’ fueron sus publicaciones anteriores, todas bien recibidas por la crítica.

“Los poemas describen un poco ese momento en que nos detenemos, hacemos un recorrido a la inversa, sin variar nuestra esencia, para buscar explicaciones en nuestro pasado, como los palíndromos, se leen igual en ambas direcciones”, dice el manifiesto que Yepez dejó para sus lectores en el reciente libro publicado por Santa Bárbara Editores.

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Otro logro es formar parte de la antología poética titulada ‘Palabras en vuelo II’, libro publicado este año en Argentina por la editorial Ediciones con doble Z, con una selección de poetas suramericanos. Allí figura como autor y compilador.

“Mis versos están caracterizados por la autenticidad. Siento que la naturalidad es mi mayor recurso, porque así es como he funcionado a lo largo de mi vida. Describiendo he enfrentado la adversidad. Creo que por esto me resulta sencillo conmoverme con hechos simples”, afirma cuando se le pregunta por su estilo.

El maestro

El desgaste que padece en su hombro izquierdo por el prolongado andar en silla de ruedas es un dolor diario de Walter. Los médicos ya le han reiterado que la solución es una silla con motor, o evitar los desplazamientos constantes.

Aun así, su ánimo se pone a tope para llegar a su lugar de trabajo, que es la Biblioteca Popular del barrio La Paz. Desde el inicio del confinamiento por efectos de la pandemia del covid, asiste mucho menos al edificio, pero al recibir el llamado acude puntual.

“Una de las experiencias más maravillosas que he tenido es dirigir el taller creativo en este lugar. Se llama: ‘Bajo la sombra de Macondo’. Es un espacio en el que muchos jóvenes que enfrentan un entorno difícil, altamente vulnerable, tienen la opción de encontrarse con las ideas, las letras y percibir un horizonte distinto”.

Sin margen de duda, el amor a la vida, es el hecho concreto que convirtió a Walter Yepez en un poeta único. Esta es la historia de quien ha sabido cautivarse con cada detalle, suspirar a diario, sintiéndose capaz una y otra vez, de lograr escribir su propio final feliz.

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Wilhelm Garavito Maldonado
Corresponsal de EL TIEMPO
​BARRANQUILLA

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