¿Cuánto ganan los que se ‘rebuscan’ en los buses?

¿Cuánto ganan los que se ‘rebuscan’ en los buses?

Jóvenes venezolanos cuentan a cuánto ascienden las ganancias diarias de quienes cantan y venden.

Jóvenes venezolanos en Barranquilla

Para sobrevivir junto con su familia, jóvenes venezolanos debe idearse a diario la manera de obtener unas cuantas monedas.

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Vanexa Romero/EL TIEMPO

05 de agosto 2018 , 12:48 p.m.

Día a día, en los buses, en las calles o cualquier rincón de Barranquilla es posible cruzarse con personas, tanto colombianas como venezolanas, que ofrecen productos como bocadillos, manillas, rosquitas, galletas y similares, a cambio de un valor establecido o de “cualquiera monedita”, como ellos mismos dicen, única opción que ayuda al ‘sostenimiento’ de una familia, en rubros como el pago del alquiler de una vivienda, el costo de la universidad. Pero, ¿Cuánto es realmente el valor total de las ventas al finalizar el día?

Bryan Blanco, Jocsan ‘Babel’ Parra, Brandon Gil y Gabriela Castro, todos provenientes de Venezuela, con edades entre los 17 y 22 años, y quienes se dedican a cantar y a vender en los buses, ayudaron a encontrar una respuesta al interrogante formulado.
Como todos los días, en la carrera 44 con calle 72, norte de la ciudad, con una canasta naranja llena de chocolates, Bryan, de 18 años, y quien vive en el municipio de Baranoa (Atlántico), decide tomar el primer bus para vender su producto. Espera con sigilo a que el semáforo se ponga en rojo y camina hasta el bus que se acercó.

“Chofe: ¿un permiso para trabajar?”, le pregunta al conductor esperando una respuesta afirmativa. Ya dentro del vehículo comienza la función: “Barranquilla, que me regale los buenos días”, saluda a los pasajeros con energía.

“¡Buenos días!”, responden cinco o seis pasajeros de los doce que van en esa ruta. Entonces Bryan comienza a caminar por los pasillos del automotor, puesto por puesto, entregando cada paquete de chocolate, y continúa hablando.

“Buenos días, espero que me puedan recibir estos chocolates sin ningún tipo de compromiso. Por recibirlo, tocarlo y observarlo, yo no les voy a cobrar. No estoy aquí para incomodarlos ni molestarlos. De esta manera es que me gano el dinero honradamente, sin hacerle daño a nadie. El valor del producto es solo de mil pesos”, explica.

Hay momentos en los que me monto en tres buses y no consigo nada. Eso me baja la moral

Algunos de los pasajeros sin dejar de molestarse reciben los chocolates, otros simplemente giran o agachan la cabeza para ignorarlo. Ahora, mientras va los va recogiendo, el joven insiste en argumentos. “Sé que no me lo han preguntado, pero no he conseguido trabajo por el tema de los papeles. Pero por no tenerlos no me puedo quedar en la casa, acostado, viendo televisión. Yo tengo que salir a buscar mi sustento diario. Ya saben solo son mil pesos”, reitera.

Al final, recibe los chocolates a quienes desistieron de llevarlos y recolecta el dinero de los dos o tres que optaron por adquirirlos. Tres semáforos más adelante, también en rojo, Bryan pide la parada. “Chofe, déjame por aquí, por favor. Bendiciones”, se despide y de inmediato cuentas las pocas monedas obtenidas.

Según él, durante 12 horas, desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche, repite el mismo discurso y casi la misma escena, así, unas 36 veces al día. De esa manera, de acuerdo con la anterior medida, serían un total de 3 buses por cada hora. Aunque, en ocasiones, según él, “hay momentos en los que me monto en tres buses y no consigo nada. Eso me baja la moral”, afirma.

Cuentas estrictas

Antes que él quiera ver alguna ganancia obtenida en esos 36 buses, Bryan tiene en contra un saldo en rojo por cuenta de los 8 mil pesos que debe reponer por concepto de los pasajes tanto de ida como de vuelta a Baranoa, población a 45 minutos de Barranquilla por la vía oriental.

Entonces, ya sabe que también debe separar los 22 mil pesos que religiosamente debe invertir en los chocolates diariamente (los compra en una confitería) y los 7 mil que le cuestan el almuerzo y la cena.

“Yo me pongo una meta en el día, igual varía dependiendo las necesidades. Pero si hay cosas que tengo que tener en cuenta: la plata de los pasajes, con lo que compro los productos y las comidas. Aunque normalmente yo no desayuno sino que almuerzo, y tipo 8 de la noche ceno algo y hasta el próximo día con la misma rutina y la misma actitud”, explicó.

De las 36 veces que se sube a los buses, 6 o 7, aproximadamente, no recibe ni una moneda. Sin embargo, entre las 29 y 30 restantes, puede sumar entre 45 mil y 50 mil pesos. Es decir, si restamos los gastos fijos de pasajes, compra de productos y alimentación, que son 37 mil, estaría ganando entre 8 mil y 13 mil diarios.

Otros 'comerciantes

Por su parte, Brandon Gil, de 18 años, vende manillas de ‘ojo de pescado y murano’ en Transmetro. Por lo general, se maneja entre las estaciones de Transmetro, La Arenosa y Joe Arroyo.

Él, a diferencia de Bryan, tiene que estar antes de 7 de la mañana en las estaciones para no tener problemas con los policías que las custodian. Sin embargo, lo que tienen en común es que ambos hacen una inversión en los productos que venden.

Con una introducción parecida a la de Bryan, y ya dentro de uno de los buses articulados, Brandon empieza a vender su producto. A medida que va entregando, comenta de qué está hecha la manilla y los posibles precios que pueden tener en otro lugar.

Para él, el trabajo es algo más pesado porque el producto es más caro y no se consume. Sin embargo, cuando ‘se hace la meta’, que son entre 40 mil y 45 mil, ya “me quedo quieto”.

Venezolanos, jovenes, en rebusque, en Barranquilla

Los buses son los vehículos en los que más han buscando la manera de sobrevivir.

Foto:

Vanexa Romero/EL TIEMPO

En su caso, la inversión es en nylon y piedras, elementos con que fabrica las manillas, lo que suma un gasto de 20 mil pesos. Y en almuerzo y cena, entre 5 mil y 6 mil. “En las horas de las comidas trato de comprar fritos y jugos de esos de mil pesos. O si compartimos entre los mismos vendedores, mucho mejor”, agrega.

Ahora, si restamos los 20 mil de los materiales, y los 5 o 6 en comida, por día se estaría ganado entre 14 y 15 mil pesos.

Finalmente, Gabriela y Jocsan comentan que por no ofrecer ningún producto, solo su música, “tienen siempre la de perder”. “Tanto ‘Babel’ como yo salimos sin un peso en el bolsillo. Pero sí salimos con todas la ganas de trabajar”, dice Gabriela.
Tanto ‘Babel’ como Gabriela no tienen inversión alguna en algún producto, se supone que ellos tendrán una mejor ganancia.

Como no tienen un producto en físico, tienen que sumar de moneda en moneda.
Tanto Jocsan como Gabriela hacen un análisis de lo que se ganando por día
. Según ellos, dependiendo de los días, se gana más o menos, pero como no tienen que gastar, sino solo en comidas, se ganan entre 20 mil y 25 mil pesos diarios.

Heiner Durán Arcia
Especial para EL TIEMPO
Barranquilla

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