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Un año después, Tasajera no deja de llorar a las víctimas del incendio
sobreviviente de Tasajera

Eder Franco Pérez, es uno de los 29 que logró sobrevivir al incendio.

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Vanexa Romero / EL TIEMPO

Un año después, Tasajera no deja de llorar a las víctimas del incendio

Eder Franco Pérez, es uno de los 29 que logró sobrevivir al incendio.

En medio del dolor, familiares recordaron a las 45 personas que murieron el 6 de julio del 2020.

Un trago de ron Caña fue lo que a las 12 del día necesitó Eder Franco Pérez para llenarse de valor, y poner los pies justo en el sitio donde hace  exactamente un año por poco es devorado por las llamas.

"Que pase lo que pase", me dijo el hombre antes de secarse las lágrimas y tomar impulso para bajar de la carretera al lugar donde se encuentra el monumento en homenaje a las 45 víctimas que dejó la mañana del 6 de julio del 2020 el incendio de un camión cisterna de gasolina en el corregimiento de Tasajera, municipio de Pueblo Viejo (Magdalena).

Eder, pescador de 24 años, es uno de los 29 sobrevivientes de la tragedia que se registró en el kilómetro 47 de la Troncal del Caribe, vía que comunica a los departamentos de Atlántico y Magdalena.

Resultó con quemaduras de segundo y tercer grado en el 45 por ciento del cuerpo. Permaneció en una UCI en Valledupar durante 45 días y asegura que los médicos le dijeron que durante tres minutos estuvo muerto. Un hermano y un primo murieron en el incendio.(También: Barranquilla apoya a otras ciudades en manejo de Covid-19)

Momento de dolor se vivieron en la ceremonia, en homenaje a las víctimas de la tragedia de Tasajera.

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Vanexa Romero/EL TIEMPO

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Desde el día del siniestro no había vuelto al lugar. El mediodía de este lunes regresó en un bus en compañía de viudas, huérfanos, madres, hermanos y amigos de las víctimas.

Solo el trago de ron le quitó el temblor de las piernas y le dio fuerzas para sostenerse. Así pudo recorrer el sitio donde siete de sus amigos de infancia quedaron calcinados y otros 38 fallecieron después.

Ceremonia en honor a las víctimas

Tasajera está ubicado entre el mar Caribe y la Ciénaga Grande de Santa Marta. Aquí pareciera que el sol estuviera más cerca de la tierra. El calor sofocante invade todas las calles y callejones.

El lunes amaneció con algo de movimiento por la llegada de carros y el sonido de las pruebas de la amplificación que se instaló en la cancha sintética, en el centro del pueblo, lugar escogido por la Alcaldía de Pueblo Viejo para realizar homenaje póstumo a las víctimas y sobrevivientes del incendio.

En el kilómetro 47 se encuentran los monumentos para recordar a las víctimas del incendio.

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Vanexa Romero/EL TIEMPO

Al acto de la alcaldía asistieron unas 200 personas, entre mujeres, hombres y niños, que vestían de negro y blanco, con rostros de dolor y las lágrimas dejaban ver la amargura que sienten por el accidente.

Algunos llevaban estampadas las fotos de los desaparecidos en camisetas. Como el pequeño Cristian Álvarez López, de 10 años, que tenía una camiseta con la foto de su hermano Junior, de 17, con el mensaje: “Mi hermanito querido, siempre te llevaré en mi corazón”.

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Los organizadores habilitaron 150 sillas plásticas para acomodar a familiares de las víctimas, los 29 sobrevivientes, autoridades municipales y algunos invitados.

También una mesa principal, presidida por el alcalde de Pueblo Viejo, Fabián Obispo Gómez.

Los familiares de las víctimas elaboraron pancartas para recordar a sus seres queridos. 

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Vanexa Romero/EL TIEMPO

El calor que por estos días aprieta el pueblo parece que no golpea a los familiares de las víctimas, quienes sumidos en el sufrimiento por la pérdida de sus seres queridos lloran y gritan como si quisieran revivirlos.

Tasajera no se ha repuesto del duro golpe que recibió hace un año. “Todavía no nos hemos recuperado del dolor de su partida. Es muy duro”, dijo María Márquez, la esposa de Gilberto Fernandez, de 42 años, que murió en el incendio.

Eder Franco Pérez llora por la perdida de un hermano y amigos.

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Vanexa Romero/EL TIEMPO

La mujer asegura que la tragedia de Tasajera estaba anunciada. “Nuestros hijos, hermanos o esposo se vean en la necesidad de beneficiarse de un carro volteado en la carretera. Ellos salieron a buscar la comida de su casa”, contó la mujer.

En la cancha sintética
se hizo un sentido homenaje. Se presentaron dos vídeos en el que familiares y amigos recordaban a los muertos de ese aciago 6 de julio.

Allí también estaba Jorge Orozco Montaño, 28 años, otro de los sobrevivientes que pudo volver a trabajar como vendedor ambulante del peaje de Tasajera.

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“Me encontraban lejos del carro donde explotó, logré correr con las piernas prendidas, atravesé la carretera y de un carro rojo que iba para Barranquilla sacaron un extinguidor y me apagaron. Ahí me quedé hasta que llegó la ambulancia y me sacó”, recordó.

Eder llegó con un buzo blanco, manga larga, para cubrir las heridas de las quemaduras y un pantalón negro.

Momentos de tristeza y dolor se vieron en la ceremonia realizar para recordar a las víctimas del incendio.

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Vanexa Romero/EL TIEMPO

Fue uno de los que más entrevistas dio a los periodistas que llegaron al pueblo a conocer cómo avanza la recuperación de las familias de las víctimas y de los sobrevivientes.

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En el acto, les entregaron a los sobrevivientes unas pulseras como recordatorio, con la palabra 'soy sobreviviente'. Además de las palabras de dos pastores evangélicos, un seminarista de la Iglesia Católica, canciones y anuncios de la administración.

Luego de la ceremonia, muchos decidieron regresar al lugar del siniestro, el kilómetro 47, ubicado a dos kilómetros del peaje, paraje a un costado de la vía, que ha sido testigo del dolor y sufrimiento de familias enteras que perdieron a sus seres queridos.

Una herida abierta

Antes de bajar al mural, conocido como Campo Santo, Eder señaló un montículo y me dijo: "allá estaba yo cuando de repente sentí el ‘quemonazo’. Me revolqué en una pila de arena y logré apagar la candela".

Vi como sus ojos enrojecidos se llenaban de lágrimas que corrían por las mejillas, mientras su frente amplia estaba empapada en sudor.

Banderas blancas colocaron en varias calles, para recordar el luto de Tasajera.

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Vanexa Romero/EL TIEMPO

Un amigo se acercó con una botella de ron y le sirvió el trago en un vaso de plástico. Me volvió a mirar y ofreció el trago. A mi negativa, pidió que le echarán más y se lo empinó. Arrugó la cara y fue cuando bajó al sitio donde estaba un gran número de personas.

Al llegar al sitio se derrumbó. Cayó justo en donde estaba una pequeña estructura en cemento, que señalan los puntos en el que quedaron los cuerpos de los calcinados.

Mauricio Martínez muestra las cicatrices por las quemaduras que sufrió.

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Vanexa Romero/EL TIEMPO

Eder estaba justo en el lugar donde quedó Raúl Enrique Cantillo Cabello. Allí lloró y pidió que lo dejaran solo. Se aferró a la pequeña mole de cemento como un niño y bajo el abrasador sol, solo pedía un trago para ahogar su dolor.

Detrás de él, una veintena de mujeres y hombres lloraban frente al mural, en donde fueron puestas las fotos de cada una de las víctimas.

Ha pasado un año y el pueblo sigue de luto. En esta comunidad de pescadores abandonada durante décadas a su suerte, se respira pobreza, que ahora se mezcla con dolor y tristeza.

Tasajera es un pueblo en luto, donde la alegría se perdió y la esperanza pareciera que en este recodo del Caribe colombiano fue espantada.

LEONARDO HERRERA DELGANS
Enviado especial de EL TIEMPO a Tasajera
En TW:@leoher69
Escríbeme a leoher@eltiempo.com

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