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El Prado, con plan que promete cuidar su historia
Mural de Alejandro Obregón

Con la firma del Pemp, la ciudad dispondrá de una herramienta eficaz para defender y preservar muchos de sus elementos considerados Patrimonio, como los barrios El Prado, Bellavista y Alto Prado. También figuran los monumentos como el Mural de Alejandro Obregón Tierra, Mar y Aire.

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El Prado, con plan que promete cuidar su historia

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El Pemp fue firmado para proteger este legendario barrio barranquillero y pionero en Colombia.

Un terreno alto acariciado por las gracias de mar y río fue pensado como finca ganadera en el alba del siglo XX. Por la vegetación y frescura que lo amparaba, sus dueños, Benjamín Senior y José Fuenmayor Reyes, le dieron a aquella hacienda el nombre de El Prado.

Pasó un cuatrenio y un nuevo empresario (Manuel J. de la Rosa) explotó el predio como cantera, gracias a que de su suelo emanaban las piedras ideales para la construcción.
También cuentan los documentos que, en 1916, el Gobierno Nacional vio el gigantesco terreno, situado a 51 metros sobre el nivel del mar, como punto ideal para una base militar.

Imponía un conjunto de normas urbanas de comportamiento social a sus compradores. Los lotes eran entregados con servicios públicos instalados y calles asfaltadas

Pero la transformación real solo llegó hasta mediados de 1918, cuando irrumpió el empresario estadounidense Karl Parrish, el mismo que se refirió a Barranquilla como “La Nueva Orleans de Colombia”. Él vio en el lugar las condiciones ideales para construir una urbanización similar a las que ya eran realidad en las grandes ciudades de Europa y Estados Unidos.

Surgió entonces el barrio El Prado, hito del urbanismo en Colombia, primer sector urbanizado en el país y su majestuosidad fue referente de Latinoamérica.

Le bastaron unos años para estar lleno de mansiones y casonas con arquitectura republicana, neoclásica, gótica, art decó y mudéjar. Allí se hizo roca y andar todo el ‘art nouveau’ que llegó al país por el Caribe.

“Fue algo innovador hace 100 años. Los barrios no tenían servicios públicos domiciliarios y aquí se empezó a vender, pero la gente podía hacer la casa a su gusto. Por primera vez se habló del negocio inmobiliario en Colombia”, le dijo a EL TIEMPO el arquitecto y antropólogo Yalmar Vargas, experto en urbanismo y desarrollo territorial, quien es docente de la Universidad del Norte.

En las calles y carreras trazadas de manera curva, que dejaron en el olvido a los arroyos y recibieron a plenitud los vientos del trópico, se albergó la clase que emergía con el esplendor de la industria, esa que quiso llevar su comodidad más allá de San Roque y otros espacios del centro.

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“Imponía un conjunto de normas urbanas de comportamiento social a sus compradores. Los lotes eran entregados con servicios públicos instalados y calles asfaltadas”, señaló el historiador Gustavo Bell, en el libro ‘Barrio El Prado, un viaje al pasado’, publicado por Diana Meyer y Enrique Yidi.

“Contemplaba áreas libres para parques, bulevares, zona municipal, retiros laterales y de fondo, andenes, antejardines y vías anchas para el automóvil, ampliando el espacio urbano y disminuyendo la densidad de vivienda por hectárea”, agregó Bell.

Hoy sigue siendo un conjunto de estilos en el que se aprecia un singular eclecticismo, con el que sensorialmente se puede viajar en el tiempo. El vuelo arquitectónico se extiende hasta sus vecinos Alto Prado y Bellavista, en 314 hectáreas que el Gobierno define como Interés Cultural de la Nación.

Sin duda, en las distintas etapas de su historia centenaria, se puede leer lo que fue y es Barranquilla: un pasado brillante que la consolidó como segunda urbe del país, seguida de un extenso periodo oscuro en el que poco o nada importó lo patrimonial, y una actualidad en la que algunas voces buscan materializar intenciones de cambio.

Las construcciones se mantienen llenan de historias.

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Las expectativas

La firma de este documento no es solo una meta. Es la garantía del compromiso que tenemos todos de preservar más de 100 años de historia

En tiempos de pandemia y sin que causara mayor efusividad, se cumplió el año pasado el aniversario 100 de El Prado.

Y exactamente el 21 de marzo del año en curso, se hizo oficial la firma del entonces ministro de Cultura, Felipe Buitrago, en la resolución del Plan Especial de Manejo y Protección (Pemp) de los barrios El Prado, Bellavista y parte de Alto Prado.

“Cuando trabajamos en equipo hacemos que los proyectos tengan sostenibilidad, al reconocer el valor del pasado de esta urbanización estamos reconociendo que queremos un futuro mejor. Barranquilla tiene pasado, presente y un futuro en el que podemos soñar con una ciudad alegre, cultural y conectada”, expresó el ministro en el acto, efectuado en el Parque Santander.

“La firma de este documento no es solo una meta. Es la garantía del compromiso que tenemos todos de preservar más de 100 años de historia, compuestos por mansiones, jardines, antejardines, monumentos, murales, fauna y flora”, comentó en el mismo escenario María Teresa Fernández, secretaria de Cultura del Distrito.

De acuerdo a lo comunicado por Alberto Escovar, director de Patrimonio de Mincultura, fueron siete años de trabajo los que implicó el diseño del plan.

Ahora, como parte de su aplicación, está fijado el crear una junta patrimonial de la que formen parte residentes del barrio junto a representantes del Distrito, con la intención de trabajar en la conservación de los valores patrimoniales consignados en el sector.

El Pemp está concebido para proteger 1.924 inmuebles (39 Nivel 1-conservación integral; 1.603 Nivel 2 - conservación de tipo arquitectónico, y 282 Nivel 3 - contextual), ubicados en un perímetro de 93 manzanas.

En materia de inversión, el Distrito también anunció 25 mil millones de pesos para el mejoramiento de los espacios públicos, lo cual proyecta zonas de estacionamiento y mayores espacios para los peatones.

“El Pemp significa desarrollo sostenible, reconocer nuestro pasado y utilizarlo para generar empleo, riqueza y orgullo del barranquillero. También reactivación económica porque dinamiza la inversión en este sector; significa cultura, porque aquí cerca tendremos actividades y un buen vecino, el teatro Amira de la Rosa”, dijo el alcalde Jaime Pumarejo.

Los referentes de hace varias décadas, o incluso más recientes, demuestran que en la capital del Atlántico, en más de una ocasión, las regulaciones no bastaron para que se derrumbara lo patrimonial.

Teatro Metro, Teatro Murillo, Teatro Municipal Emiliano en la Plaza de la Cruz Vieja y la Casa de Bartolomé Molinares en el Paseo Bolívar con Progreso (carrera 41) son apenas algunos referentes.

De esta forma, frente a los anuncios aparecen igualmente las voces de actores culturales de la zona, y en general de algunos dolientes que por años ha tenido la ciudad alrededor del patrimonio, mucho antes de que el término fuera tendencia.

En el sector hay casas de arquitectura Mudejar, corriente surgida de la hibridación cultural entre árabes e ibéricos.

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Tienen que pasar cosas en estos lugares, que generen conexiones con los ciudadanos. De lo contrario ningún plan servirá

“Como ciudadano tengo muchas expectativas con el Pemp. Principalmente porque se ejecute y se vea un cambio real en ciertos sectores. La ciudad está creciendo, pero le estamos dando la espalda a los lugares que están cargados de historia, más allá de si están o no declarados como patrimonio. No se trata de recordarlos con fotografías viejas. Tienen que pasar cosas en estos lugares, que generen conexiones con los ciudadanos. De lo contrario ningún plan servirá”, expresó el investigador cultural Johnny Insignares.

En extensión Barranquilla cuenta con un territorio urbano patrimonial declarado y protegido, superior al de Cartagena y Bogotá, lo que sin duda representa una enorme plataforma para hacer crecer la industria cultural.

“El Pemp debe hacer que existan muchas comodidades para emprendedores y artistas. El Prado por ejemplo tiene un gran potencial, el cual se desaprovecha. Muchos inmuebles son ocupados por funerarias, oficinas, moteles y cualquier tipo de negocio que no representa una oferta en materia cultural. Tiene todas las de ganar siendo un centro cultural y artístico, que brinde un plus en el ejercicio constante del ciudadano con su historia e igualmente en la interacción ofrecida al visitante, que sea interesante de caminar a cualquier hora”, concluyó Insignares.

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Parte del plan consiste en fortalecer la atracción de actividades asociadas a las industrias creativas, las cuales cuentan con incentivos tributarios. Desde esta perspectiva, además de contar con el teatro Amira de la Rosa, cuya recuperación ejecuta el Banco de la República, la zona tiene enlace con el Barrio Abajo (Área de Desarrollo Naranja).

Además, cifras de la Cámara de Comercio señalan que en la zona delimitada por el Pemp, funcionan 168 empresas dedicadas a las artes escénicas, visuales, audiovisuales, material fonográfico, medios digitales, diseño editorial y turismo.

“Es clave crear un ecosistema desde los agentes culturales que contribuyan a la consecución de los propósitos del plan de desarrollo, que permitan la gestión de una comunidad para las artes en el perímetro. Esta acción involucra a la ciudadanía y a las empresas privadas, quienes deben comprender la relación que existe entre los beneficios tributarios y los planes de responsabilidad social", sostuvo Nibaldo Castro, maestro en artes vivas y director de Cofradía Teatral (empresa cultural de El Prado).

La casa de la familia Armenta se encuentra en el barrio Bellavista y parte de la lista patrimonial. Por dentro guarda intacta su historia.

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Más funciones

El nuevo plan contempla, además de las grandes construcciones, proteger los monumentos de Cristóbal Colón, George Washington y Francisco de Paula Santander, al igual que el mural ‘Tierra, mar, aire’, herencia del maestro Alejandro Obregón, todos situados en el área.

Igualmente fueron incluidas 30 especies de árboles nativos y siete que son considerados como introducidas, entre frutales y ornamentales. Matarratón, níspero, ciruelo, totumo, olivo, guayacán rosado, ébano, roble amarillo y ceiba blanca, entre otros, hacen parte del listado.

Hoy es pertinente recordar, que el reglamento de construcción fijado para los primeros habitantes de El Prado, decía en el numeral quinto, que no eran permitidas casas “techadas con paja en ninguna parte, ni construcciones de bahareque, adobe crudo o madera".

Este punto, demuestra el ímpetu de una legión de ciudadanos que fueron voz y músculo auténtico frente al progreso.

En los tiempos del Pemp será fundamental repetir las mejores partes de la centenaria historia.

WILHELM GARAVITO MALDONADO
EL TIEMPO
BARRANQUILLA

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