En Barranquilla, barrio San Roque pasó del progreso al declive social

En Barranquilla, barrio San Roque pasó del progreso al declive social

A finales del siglo XIX, se consolidó la economía y cultura en la zona, pero el progreso se esfumó.

San Roque Barranquilla

La iglesia de San Roque, en plena calle 30, símbolo de la arquitectura moderna de esa parte de Barranquilla de hace un siglo.

Foto:

Vanexa Romero /EL TIEMPO

Por: Maira Arenas Serpa
12 de octubre 2020 , 06:00 a. m.

“A mí me duele ver que, en mi barrio, ya yo no puedo visitar mis a amistades. Ahora para ir a visitar a los Parra, voy en mi bicicleta, doy la vuelta y voy suave para que no me hagan daño”, expresa con nostalgia Harry Rodríguez, de 65 años, quien vivió gran parte de su vida en San Roque, y cada vez que visita el sector extraña la tranquilidad que por décadas reinó en el barrio antes de su deterioro social.

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Rodríguez es un gestor cultural, nacido en San Roque. Y aunque ahora vive en Soledad, reconoce que los mejores años de su vida le pertenecen a este lado de la ciudad, ahora totalmente cambiado.

En San Roque existe una realidad muy lejana a la que surgió en el siglo XIX, cuando inmigrantes extranjeros llegaron a Barranquilla y colonizaron el sector, considerado uno de los primeros barrios de la capital del Atlántico, convirtiéndolo en el epicentro del progreso en la ciudad.

Para quienes habitan ahora en el popular vecindario, ubicado en el suroriente, es común ver a sus demás vecinos entre la mendicidad, el consumo y expendio de drogas o la prostitución. Problemáticas sociales que por décadas ha generado altos índices de criminalidad y, a la vez, han contribuido a la estigmatización del barrio como peligroso.

Pero, ¿qué pasó con el sector que alguna vez fue poblado por la clase alta de esta sociedad? ¿En qué momento inició su declive? Son las preguntas que se hacen las personas cuando conocen su historia, un poco más allá de la pobreza y la marginalidad que abunda en sus calles.

Orígenes de San Roque

El barrio roqueño, como también es conocido, se llamaba barrio Arriba por que se pobló subiendo el caño de la Auyama. Luego, en 1849, pasó a recibir el nombre de San Roque, en honor del santo patrono de Montpellier (Francia), adorado por los devotos de barrio Arriba.

En el siglo XIX, el país se vinculó con el comercio exterior a través de las exportaciones que salían de la Bahía de Sabanilla. Este factor permitió que Barranquilla ‘abriera sus puertas’ a ingleses, turcos, árabes, alemanes y chinos, entre otros, quienes llegaron al puerto fluvial, a orillas del caño en la calle 30 y asentaron sus viviendas y negocios comerciales en Barrio Arriba.

“San Roque comenzó a llenarse de foráneos. Los turcos fueron los que hicieron esto: ellos llegaron por Puerto Colombia”, afirma Harry Rodríguez, refiriéndose a las manzanas de viviendas coloniales y republicanas construidas en el sector que todavía se mantienen en pie.

El sociólogo urbano y profesor de la Universidad del Atlántico, Óscar Jiménez, considera que “San Roque fue muy importante, fue un barrio muy dinámico, en donde se vivió la primera etapa de la élite local”. Vivían familias muy adineradas, entre ellas, algunas que todavía lideran la élite de la sociedad barranquillera.

Los Tarud, los Zawady, los Jaller, los Chams, en su mayoría de origen libanés, son parte de muchas de esas familias.

En el barrio nacieron personalidades que han enaltecido la ciudad, entre ellas: Roberto Esper Rebaje, fundador del periódico La Libertad; Chelo de Castro, el periodista más longevo del mundo quien nació hace 100 años, el 19 de marzo de 1920; el futbolista Marco Coll, y Adolfo Echeverría, el autor del éxito ‘Las cuatro fiestas’, himno del 7 de diciembre.

Patrimonio arquitectónico

Basta con recorrer la zona comercial de la calle 30, desde la carrera 27 hasta la 38, para identificar la arquitectura republicana y neogótica. destacada en esta importante vía, que conecta al sur con el norte y centro histórico de Barranquilla, siendo la Iglesia de San Roque el monumento más imponente.

Los migrantes establecieron fábricas y casas comerciales construidas con balcones, ornamentadas con detalles de estilo arquitectónico republicano. Ahora, estas edificaciones se encuentran en estado de deterioro y son ocupadas por ferreterías, depósitos de madera y almacenes de venta y fábrica de muebles, ubicadas a los alrededores de la plaza San Roque y Hospital.

Pasando la calle 30, a los adentros del barrio San Roque, sigue presente el legado patrimonial. Entre los íconos arquitectónicos también está el Hospital General de Barranquilla, caracterizado por su arquitectura republicana con influencia colonial y ser el primer centro asistencial de la ciudad, fundado en 1876.

San Roque Barranquilla

Antes, San Roque era de gente de clase pudiente. Hoy, el barrio retrocedió, como se puede observar en sus calles.

Foto:

Vanexa Romero /EL TIEMPO

Teatro, cine y carnaval

Según la tradición oral, narrada por los más veteranos, existió una variedad de teatros que también hacían parte de la agenda cultural de los barranquilleros y le dio reconocimiento a la ciudad. “Llegó a ser uno de los barrios de América Latina donde más cines había, llegó como a tener cinco cines a cielo abierto”, señala Ignacio Consuegra Bolívar, arquitecto y vicerrector de la Universidad Simón Bolívar.

Se trataba de los teatros San Roque, Caldas, El Rialto, El Trópico y La Bamba, siendo este último el más concurrido. La Bamba fue un teatro al aire libre, donde, en varias ocasiones, contó con la presencia de artistas nacionales e internacionales como Nelson Pinedo, Daniel Santos y la inolvidable Celia Cruz, cantantes de La Sonora Matancera. Sin embargo, de estos lugares culturales solo queda la historia para contar a las futuras generaciones.

Hablar de San Roque es también evocar a las primeras verbenas llamadas ‘salones burreros’, en la primera mitad del siglo XX y a las comparsas tradicionales, como El Torito Ribeño, con 140 años de existencia, y las cumbiambas La Momposina, El Mambacazo y La Gigantona.

La transformación social

A medida que Barranquilla fue expandiéndose, en la década del 50 del siglo pasado, San Roque empezó a sufrir el abandono de sus habitantes, quienes se trasladaron a la parte norte, y lo mismo sucedía con el Centro, donde nació ‘La Puerta de Oro’. Después, el sector comenzó a ser poblado por la clase media.

Obreros, zapateros y artesanos empezaron a tomarse estas tierras, pero no fue sino hasta la década de los 60, que el barrio empezó su declive social.
Rodríguez relata que en 1965 llegaron los primeros indigentes que poblaron las calles. “En esa época comenzaron a llegar los ‘locos’ y comenzaron a dañarse. Vendedores de vicio empezaron a acabar con nuestro barrio”, manifiesta con amargura.

Tanto fue el aumento de los habitantes de la calle que dieron origen a la oscura ‘Zona cachacal’. Este es un oscuro sector que durante años albergó a indigentes, recicladores, trabajadoras sexuales que se reunían en este punto para el expendio y consumo de drogas, y consigo traían la criminalidad. Rodríguez asegura que para esa misma época eran frecuentes las muertes diarias en este peligroso callejón envuelto de desidia y oscuridad.

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La gente que se mudaba en esas mansiones que son costosas de mantener, las subdividían en varias secciones o ‘apartamenticos’ o en locales comerciales

Además, las imponentes edificaciones abandonadas por sus dueños fueron alquiladas por las empresas de transporte como sitios de cargue y descargue de mercancía, proveniente del interior del país. Estas viviendas “se convirtieron en hotelitos para los transportadores y trajeron a su alrededor a las prostitutas y a la marihuana, y eso fue cambiando el panorama del barrio”, asegura un historiador local, quien prefirió reservar su nombre.

Cuando el patrimonio de San Roque fue abandonado, las edificaciones empezaron a devaluarse por la falta de mantenimiento. “La gente que se mudaba en esas mansiones que son costosas de mantener, las subdividían en varias secciones o ‘apartamenticos’ o en locales comerciales y esa intervención compartida fue produciendo un deterioro en las casas y hacinamiento”, explica el escritor e investigador cultural Adlai Stevenson.

En el 2015, el Distrito renovó el Parque Almendra. Ese mismo año, se restauró la iglesia San Roque y construyeron la plaza que lleva su mismo nombre.

Los problemas de la criminología los producen los problemas ambientales y sociales. Y el barrio no va cambiar si no hay un cambio fundamental

Desde el 2017 dejó de existir la ‘Zona cachacal’, debido a la intervención del sector con la construcción de la Plaza Hospital. Las casas patrimoniales que rodean la Plaza Hospital también fueron restauradas.

Este proyecto fue financiado por la Nación, a través del Mincultura. De igual manera, se restauró la Plaza San Roque. Las obras han llenado de alegría a sus habitantes. Ellos consideran que estos nuevos cambios han embellecido el barrio y, de esta manera y poco a poco, el sector va perdiendo el estigma que ha cargado.

La habitante Amalia Pertuz dice que necesitan más apoyo para contrarrestar los problemas de drogadicción y expendio de drogas. “Ya no se reúnen en la 'Zona cachacal', sino, al lado de la 17 y a 36 con 28 y 29, donde está la ‘invasión de las tablitas’ “.

“Los problemas de la criminología los producen los problemas ambientales y sociales. Y el barrio no va cambiar si no hay un cambio fundamental”, dice Stevenson, quien también asegura que la Alcaldía “no ha emprendido ningún plan en el sentido de recuperación de algunas casas patrimoniales que sobreviven, porque la administración Distrital gira en torno al Malecón del Río”.

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Más allá de destinar recursos económicos en infraestructura, este sector necesita mayor inversión social que forje realmente una transformación positiva y represente progreso, como el reflejado en el siglo XIX. Si se ha mantenido viva la historia que guarda el barrio San Roque es gracias a la tradición oral de sus moradores, quienes con orgullo relatan que en San Roque entró el progreso de la ‘Puerta de Oro’.

Maira Arenas Serpa
Especial para EL TIEMPO
Barranquilla

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