La razón que impidió reencuentro esperado por 37 años en Barranquilla

La razón que impidió reencuentro esperado por 37 años en Barranquilla

Un imprevisto de última hora cambió propósito inicial de los 10 hijos de la señora Cándida Araújo.

Reencuentro 37 años después

Cándida Paulina Araújo y sus hijos despertaron la solidaridad de los lectores, quienes enviaron aportes.

Foto:

Cortesía

Por: Deivis López Ortega
20 de octubre 2020 , 01:04 p. m.

El esperado regreso a Barranquilla de Cándida Araújo de Escorcia, la señora que desapareció hace 37 años en la capital del Atlántico y fue encontrada hace poco por sus hijos en Bogotá, no se pudo dar.

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Ella tenía previsto regresar el pasado domingo, con Nicanor Alfonso Escorcia Araújo y Karen Maza Escorcia, hijo y nieta, respectivamente, quienes fueron encargados por el resto de familiares de contactar personalmente a la mujer de 73 años.

Hijo y nieta estaban con ella desde el pasado primero de octubre, tras localizarla al ver una publicación de EL TIEMPO que daba cuenta de un desalojo que intentaron hacerle a la señora, en el barrio San Jorge Sur, de Bogotá.

Un cambuche en precarias condiciones ha sido el lugar de residencia de la señora en esa zona de la localidad Rafael Uribe Uribe de la capital del país, en donde se apoya económicamente con el subsidio de adulto mayor, el cual fue gestionado con el respaldo de la comunidad, liderada por una vecina, de nombre Nelly.

Cándida Araújo

Cándida Araújo de Escorcia, en la foto que data de 1979.

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Pero para regresar primero tenían que conseguir el dinero de los tiquetes del viaje y convencer a la señora Cándida de volver con ellos. Una labor que les iba a demandar más de dos semanas y más inconvenientes, ante el estado de salud de la adulta mayor, quien fue diagnosticada con trastorno bipolar con episodio hipomaniaco.

Para ese regreso, la misma comunidad reunió dinero y donó la suma total a la familia para que lograran comprar los tres pasajes aéreos con destino a Barranquilla. De hecho, no fue el único apoyo: después de la publicación del caso, el pasado viernes en EL TIEMPO, un par de lectoras escribieron al correo, impulsadas por su solidaridad, para apoyar por distintos medios a los involucrados.

La semana pasada, Karen Maza reservó tres tiquetes para viajar el pasado domingo en un vuelo que estaría llegando después de 1:00 de la tarde a la capital del Atlántico, pero un imprevisto con la señora Cándida Araújo hizo que llegaran tarde al embarque y perdieron el traslado aéreo.

Tratamos de darle unos calmantes a mi mamá, pero los medicamentos no hicieron efecto. Los doctores no se someten a doparla

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“Perdimos el avión... (silencio) Tratamos de darle unos calmantes a mi mamá, pero los medicamentos no hicieron efecto. Los doctores no se someten a doparla, podía viajar dormida, pero dopada no”, dijo su hijo NIcanor, quien agregó que, cuando reaccionaron, el vuelo estaba cerrado.

En medio de la frustración y la tristeza, que casi hace caer en lágrimas al hombre de 51 años, no vieron de otra que regresar como vinieron: sin la señora Cándida Paulina y un bus, ayer, los dejó en Barranquilla después de una larga travesía emprendida desde el domingo.

Eso sí, antes de dejar Bogotá, se aseguraron de que la madre de familia, con la que se volvieron a encontrar, quedara en un tratamiento que la ayude a superar su problema de salud en un plazo inicial de dos a tres meses, bajo el seguimiento de médicos, vecinos que siempre la ayudaron, conocidos y, por supuesto, la familia desde la distancia.

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La señora Cándida permanece en el cambuche, pero bajo el cuidado de la señora Nelly.

“Perdimos tiempo”, contó Nicanor que fue su sensación después de todo lo acontecido en estas últimas dos semanas. Pero lo que no pierden es la esperanza de volver a abrazar a doña Cándida cuando supere el tratamiento, que le permita retornar a su tierra en sus cinco sentidos y vivir con uno de sus 10 hijos, la mayor, en Manatí (Atlántico).

De ese reencuentro, dice, no quedó una foto o cualquier otro registro. Fue un hecho muy íntimo en el que sucedieron tantas cosas, que mantiene el toque dramático de esta historia, pero con un giro de 180 grados al final.

Deivis López Ortega
Corresponsal de EL TIEMPO
En Twitter: @DeJhoLopez
Escríbeme a deilop@eltiempo.com

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